Lulú Grimaldi y la maternidad subrogada: “Cuando se tiene un deseo profundo, prima ante cualquier otra cosa”

Invitada al ciclo Experiencia Leamos, habló de su historia de resilencia y cómo superó las barreras que la vida le impuso en el camino de formar una familia.

Luli Grimaldi - Experiencia Leamos

Lulú Grimaldi padeció, en su infancia, el Síndrome Urémico Hemolítico que le dejó dañados los riñones. Cuando se casó, soñaba con una familia numerosa, pero durante el embarazo de su primer hijo comenzaron los problemas. Casi se muere, y su bebé nació tres meses antes. Los médicos le dijeron que no sería posible seguir con la idea de tener muchos hijos. Su sueño tambaleó, hasta que con su marido decidieron recurrir a la subrogación de vientre para lograr ser padres nuevamente.

Así la familia creció con la llegada de dos nuevos hijos: las mellizas Juana y Olivia. Pero las pruebas existenciales continuarían: nuevos problemas de salud la llevaron a un trasplante renal, y fue su propia madre, Lucrecia, quien le “dio” nuevamente vida.

En esta charla sobre la resiliencia, la voluntad y las convicciones, la periodista Carolina Balbiani conversó con Lulú Grimaldi, quien relató los detalles de esta historia de vida extraordinaria, en las que se sucedieron contratiempos, decisiones arriesgadas y, en ocasiones, resistiendo la opinión de los médicos y especialistas.

Los siguientes son fragmentos de la entrevista que puede verse completa en el sitio de Experiencia Leamos.

Lulú con sus mellizas
Lulú con sus mellizas

--¿Cómo fue el tránsito entre la soltería y la decisión de casarte? ¿Te planteabas tener hijos?

--Sinceramente, fue la parte más difícil de mi vida. A mis novios, tenía la necesidad de advertirles que no podía tener hijos. Mi médico de siempre, Ramírez, decía que iba a terminar en un transplante. Y finalmente, fue así. Él me protegía tanto –había sido mi pediatra– que una vez me dijo que hubiera deseado que fuera estéril. Los nefrólogos que consultaba, todos pensaban igual: que no podría tener hijos. Pero una y otra vez yo volvía con lo mismo. Cuando estaba por casarme con Pablo, le dije: “Yo entendería que no quisieras casarte conmigo”. Y él me dijo: “Yo me caso con vos, no con tus hijos”. Después de veinte años en los que hemos pasado de todo, y más, creo que hacemos un buen equipo. Respetó mis decisiones, pero siempre poniendo alertas. En mi primer embarazo, avanzamos contra la opinión de los nefrólogos y el sufrimiento, claro, de mi madre. Que igual me acompañó.

--¿Cómo fue, después de todo lo que viviste con tu primer hijo, Jero, que insisiste en la idea de agrandar la familia?

--Mi marido y mi hermanos me acompañaron, como un clan. Por mi experiencia con Jero, yo ya había tenido la vivencia de “entregar” un poco de la maternidad. Era conciente de que no podría hacerlo nuevamente en mi vientre. ¡Pero sentíamos que Jero tenía que tener hermanos! Nos habían dicho los neurólogos que era lo mejor que podía pasarle. Con eso en la cabeza, un día vi a Flor de la V, y ahí nació la idea de subrogar. Mi marido pensó que estaba loca. Pero cuando uno tiene ese deseo profundo, incluso si pasás mal o sufrís, ese deseo prima ante cualquier otra cosa.

Ver la entrevista completa en Experiencia.Leamos.com.

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