
La nueva historia de Florencia Etcheves (Perdida, Errantes) se mueve en el territorio de la marginalidad. La niña de la bolsa, que integra la flamante colección digital "Grandes autores para tramos cortos" (IndieLibros), narra la violencia que, lejos de permanecer oculta, se explicita y estructura la trama social en un asentamiento del conurbano, y cómo el primer efecto que produce es dejar a niñas y niños expuestos al abuso de los más fuertes.
"Siempre participé del debate público y de las acciones colectivas contra la violencia machista", dice Etcheves, en diálogo con Grandes Libros. "Lo hice durante años desde mi lugar de periodista y ahora desde la escritura. Son temas que me toman por completo y cualquier soporte es válido para hablar de lo que quiero hablar: un libro tradicional, las redes sociales, una película, un documental, una obra de teatro o, como en este caso, los relatos digitales."

En el centro de la narración hay una pelea callejera de dos chiquitos que organiza un ex bailantero devenido en promotor de riñas ilegales. Etcheves, con una destreza asombrosa —es realmente notable la madurez narrativa que alcanza en este texto—, desgrana las tensiones de cada personaje y, con la velocidad y los amagues de un round de box, llega a un desenlace desgarrador. Quien lee se queda con una sensación inquietante que retumba por mucho tiempo después de haber llegado al final.
Por el entorno y la trama, La niña de la bolsa tiene un vínculo con ciertos casos reales, como el de Sheila Ayala, la nena de diez años que en octubre del año pasado fue asesinada por los tíos y tirada en una bolsa de residuos. "El caso Sheila", dice la escritora, "es uno de los tantos casos en los que los femicidas nos escupen en la cara lo que para ellos son las mujeres, niñas y adolescentes: basura para descartar."

Lo alarmante de este relato es cómo se pone de manifiesto el desamparo que puede tener una mujer ante un hecho de violencia.
"La niña del relato no es Sheila y no es ninguna de las otras niñas que fueron masacradas en lugares en dónde se sentían seguras", continúa Etcheves. "Pero podrían ser ellas o mi hija o tu hermana o nuestra vecina. Las posibilidades son apabullantes y la inquietud de que este riesgo se corporice, una vez más, me lleva a escribir sobre estos temas. Escribo sobre lo que me importa, me duele; sobre lo que temo o me conmueve."
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