Federico Falco es autor de “222 patitos”, “La hora de los monos”, “Cielos de Córdoba” y “Un cementerio perfecto”, entre otros títulos
Federico Falco es autor de “222 patitos”, “La hora de los monos”, “Cielos de Córdoba” y “Un cementerio perfecto”, entre otros títulos

Desde Leopoldo Lugones –el poeta nacional que dialogó e incomodó a Borges– hasta intelectuales como Oscar del Barco, que además fue editor, poeta y traductor, pasando por Jorge Barón Biza que, si bien no era cordobés, vivió y murió allá, y traductores míticos como Agustín Larrauri, la vida literaria e intelectual siempre ha dado frutos en Córdoba y hoy no es la excepción.

En poesía y en narrativa hay una serie de escritores y poetas que están enriqueciendo la literatura argentina; las editoriales de esta provincia –Nudista, Caballo Negro, entre otras– han posibilitado que lo que se escribe en Córdoba no se quede en Córdoba y se proyecte –tal como dice el lema de uno de estos sellos– al mundo. Muchas estéticas que se dan allá tienen que ver con una cierta monstruosidad. Como contrapartida, la importancia a la poesía y a la traducción continúa intacta, constituyendo a esta altura una tradición muy importante. De ahí que hacer una selección de los autores que representen estas variantes sea pertinente, más allá de hablar de un boom de las letras cordobesas.

Silvio Mattoni (1969) Es traductor del francés (Ponge, Ranciere, Quignard), ensayista  y poeta de la generación de los 90, Fogwill habitualmente lo consultaba sobre poesía y constituye un referente obligado en Córdoba. La poesía de Mattoni varía desde una poesía docta y contenida, como La división del díaAvenida de Mayo, hasta una más suelta y emotiva, como Peluquería masculina, en la que dedica un poema precisamente a Fogwill. Barón Biza dijo que este poeta se situaba "en los espacios del origen, en los precisos instantes en que los objetos pasan de su realidad positiva a la subjetividad". Si bien en La tendencia materialista: antología crítica de la poesía de los 90 no fue seleccionado, es indudable que es uno de los poetas importantes de esa generación y uno de los traductores más lúcidos de Argentina.

Federico Falco (1977) Es uno de los mejores cuentistas de su generación, como ejemplo: 222 patitos –sin por ello restarle méritos como novelista en Cielos de Córdoba. En ésta hay un descubrimiento sexual, donde lo gay funciona como detonante del relato. Junto a este descubrimiento hay descripciones muy vívidas de un hospital, de ríos, de lugares por donde el protagonista vagabundea y se pierde, como si perderse y no estar en un lugar fueran la condición ideal para escribir. Falco, que fue elegido por la revista inglesa Granta como uno de los mejores narradores jóvenes en español, ha publicado también un libro y una plaqueta de poesía. En el ensayo Los gauchos irónicos, Juan Terranova dijo que al igual que Carlos Godoy (otro cordobés) que trabaja la figura del líder nacional con Perón, Falco lo hace con Mao y lo exporta a las categorías de actor, santo popular, consejero matrimonial, etc. Sin duda, estamos frente a un autor muy versátil y con mucho camino por recorrer.

Lamberti trabaja lo monstruoso en la ficción
Lamberti trabaja lo monstruoso en la ficción

Luciano Lamberti (1978) Viene a comprobar esa idea de que los mejores cuentistas contemporáneos argentinos proceden de Córdoba. Autor de los volúmenes El asesino de chanchos y El loro que podía adivinar el futuro, este año publicó su primera novela, La maestra rural. Si bien el resultado no es tan bueno como el de sus cuentos, ya que exagera el procedimiento de lo raro, lo dislocado y, especialmente, lo monstruoso (rasgo que comparte con Godoy y Carlos Busqued), los rastros de su cuentística permanecen; de hecho algunos capítulos parecen haber sido pensados como cuentos, lo que demuestra la atracción que siente hacia el género.

María Teresa Andruetto (1954) Si bien la Cámara Argentina del Libro (CAL) considera la literatura infantil y juvenil (LIJ) como una categoría aparte, su crecimiento e importancia dentro de la industria del libro en el mundo son innegables. De ahí que, cuando hace unos años Andruetto ganó el premio Hans Christian Andersen –el equivalente al Nobel en LIJ–  fue un hito no sólo para la industria del libro, sino también para las letras cordobesa. En su narrativa, especialmente la novela, y en su poesía está presente lo familiar y la inmigración. Si bien no es una innovadora como otros escritores que aquí se destacan, sí una escritora importante. Entre sus libros se pueden mencionar: Cacería, Los manchados y La mujer vampiro.

Nelson Specchia (1964) Ensayista, poeta y cuentista, acaba de publicar en Argentina La cena de Electra (Edhasa), que el año pasado había sido publicado en España. Specchia sigue la ruta de lo monstruoso de muchos de estos mejores cuentistas argentinos contemporáneos al abordar lo monstruoso: en La cena de Electra diferentes plagan azotan a una población de colonos, un detective hace justicia con una mujer que es víctima de violencia de género y los restos de Santa Teresa son esparcidos por la Europa de esa época. El volumen recuerda La historia del mundo en diez capítulos y medio, del inglés Julian Barnes; allí Barnes empieza, al igual que Specchia, con la historia de un insecto en el arca de Noé y sigue con un cuento en donde otro insecto es enjuiciado por la Iglesia Católica en pleno Medioevo.

Cuqui En la nouvelle Durazno reverdeciente, Dalia Rosetti escribe una escena donde esta poeta, artista visual y performer da una fiesta/orgía a la que irán muchos de los escritores de los 90, entre ellos Fabián Casas, Cucurto, Gabriela Bejerman, Ezequiel Alemián y Alejandro Rubio: "Gabriela me llama y me deja en el contestador una invitación para una fiesta en la casa de la Cuqui, y todas las que tenemos más o menos nuestra edad sabemos lo que eso significa. Orgía con los grandes vanguardistas de la época en que éramos jóvenes, y los nuevos poetas como Cristopher Miles y Juan Moletti. Seguro que van a estar Casas, Cucurto, Aira (mi amante cuando tenía 33), Rubio, el galán de Alemián que sigue conquistando con su estética down". Cuqui es una escritora de escritores, conocida subterráneamente pero con seguidores leales, podría ser catalogada como uno de los secretos peor guardados. Entre sus libros se cuentan Cal viva molida (que agrupa gran parte de su producción poética) y Kiki 2.

Carlos Busqued (1970) Si bien Busqued nació en Chaco, sus estudios superiores los hizo en esta provincia, por lo que, al igual que a Barón Biza, podríamos catalogarlo de cordobés, con toda la arbitrariedad que ello implica. Finalista del premio Herralde de novela, publicó en Anagrama Bajo este sol tremendo. Aquí trabaja, al igual que Falco, Lamberti y Specchia, la monstruosidad: como bien escribió Terranova, ésta se presenta no tanto como remix del bestiario medieval, "sino como una novela-animal o una novela-bestia". Busqued, de los pocos escritores que saben en qué consiste tuitear, tiene terminadas dos novelas: una sobre el nazismo y otra sobre un asesino en serie. Después de tantos años en silencio, para muchos son las novelas más esperadas de los últimos años.

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