Natalia junto a la comunidad Wayuu, que habita en pleno desierto. Allí, la falta de comida y agua potable hacen mella en la salud de los más pequeños.
Natalia junto a la comunidad Wayuu, que habita en pleno desierto. Allí, la falta de comida y agua potable hacen mella en la salud de los más pequeños.

En 2017 le propusieron a Natalia Denegri (42) sumarse a una iniciativa solidaria para paliar el desastre que habían provocado en Puerto Rico los huracanes Irma y María. No lo dudó un instante. Se trasladó a esa isla caribeña junto a un grupo de gente comprometida con las causas solidarias y juntos lograron que dos aviones comerciales transportaran alimentos y ayuda para los afectados desde los Estados Unidos, donde ella reside con su familia desde hace siete años. De regreso, llevaron a 300 personas con problemas de salud, para que fueran atendidas y curadas en Miami.

Esta vez, la convocatoria fue para colaborar con los niños de La Guajira, uno de los treinta y dos departamentos, que con Bogotá, conforman la República de Colombia. Su capital es Riohacha y está ubicado en el extremo noroeste del país, limitando al sudeste con Venezuela. Allí habita en condiciones de pobreza extrema la comunidad Wayuu, donde la desnutrición es moneda corriente.

“Con las fundaciones Hassenfeld y Hasbro Toys, de las que soy embajadora en Latinoamérica, llevamos juguetes y ayuda humanitaria”.
“Con las fundaciones Hassenfeld y Hasbro Toys, de las que soy embajadora en Latinoamérica, llevamos juguetes y ayuda humanitaria”.

–Natalia, ¿con qué se encontraron en este viaje?

–Con una realidad desgarradora. Los niños pidiendo desesperados un poco de agua potable, desnutridos porque no hay de comer, y sin educación, ya que no existen escuelas cercanas en esa parte del desierto. Familias muy pobres debido a que hace años que no llueve, no pueden sembrar y viven endeudados, porque tienen que pedir prestado para poder viajar a atenderse en los hospitales. Los animales de los que solían vivir, como chivos y cabras, están muriéndose.

–Una situación verdaderamente límite.

–Sí, realmente desesperante, muy dolorosa. Cuando empezás a conocer las cifras, todo es aún peor. Por ejemplo, mientras que en Colombia la reducción de la pobreza avanzó un 1,1%, en la Guajira empeoró; la inseguridad alimentaria supera el 77%; la pobreza extrema es mayor al 26%; creció el desempleo, porque no hay caminos ni rutas hacia la ciudad; el cambio climático provocó la desaparición de las lluvias, la desertificación de las tierras, la caída de las siembras y la escasez de agua para consumo; murieron ya casi 5 mil niños por falta de comida y agua y más de trescientos eran menores de cinco años. Es dramático. Aunque se implementaron medidas para proteger a los chicos, adolescentes y madres gestantes y lactantes y garantizarles el agua potable, todo sigue igual.

“En mi país colaboro con la fundación Argentina Ayuda, de Mónica Gigli, en el Impenetrable chaqueño, a través de Corazones guerreros, mi programa de Miami. Y soy madrina de quince merenderos en Escobar”.
“En mi país colaboro con la fundación Argentina Ayuda, de Mónica Gigli, en el Impenetrable chaqueño, a través de Corazones guerreros, mi programa de Miami. Y soy madrina de quince merenderos en Escobar”.

–¿Qué pudieron acercar ustedes?

–Con las fundaciones Hassenfeld y Hasbro Toys, de las que soy embajadora en Latinoamérica, llevamos juguetes y ayuda humanitaria. Además, estamos construyendo la primera escuela de la zona, que va a quedar terminada para junio. Y con el director Herney Luna (Chontaduro Film), con quien trabajé en Bogotá y también preparo un cortometraje y una novela, fuimos con un equipo para mostrar en imágenes la rigurosa investigación que hizo Humberto Dorado, guionista de este proyecto y uno de los más destacados de toda Colombia. El objetivo es que el mundo vea la situación en que viven estas comunidades.

–Tomaron contacto con situaciones extremas, muy movilizantes por cierto.

–Después del viaje humanitario que hicimos a Puerto Rico, en el que llevamos dos aviones con más de 100 mil dólares en medicinas, juguetes y alimentos tras el paso del huracán María, pensé que ése había sido un antes y un después. Pero este viaje me impactó aun más. Ver a los niños hambrientos y olvidados, sin derechos, familias enteras viviendo en condiciones precarias, con la poca comida que tienen contaminada por el polvo del desierto, realmente te rompe el corazón.

“Viven de las artesanías en un territorio rico en carbón, al que no tienen acceso. Sólo ven cómo los trenes se llevan ese ‘tesoro’ inalcanzable”, contó Natalia –ganadora de siete premios Emmy por sus producciones–. Viene de filmar una novela en Colombia y trabaja en la preproducción de un nuevo film.
“Viven de las artesanías en un territorio rico en carbón, al que no tienen acceso. Sólo ven cómo los trenes se llevan ese ‘tesoro’ inalcanzable”, contó Natalia –ganadora de siete premios Emmy por sus producciones–. Viene de filmar una novela en Colombia y trabaja en la preproducción de un nuevo film.

–¿Lo de los niños te conmovió especialmente, verdad?

–Sí, me entristece ver a inocentes sufrir tanto. Como lo que ocurre en Siria, por ejemplo. En estos días vamos a presentar un corto-documental que hicimos junto a Henry Zakka y Alain Maiki (sus socios en Trinitus Productions), llamado Dreams Interrupted (Sueños interrumpidos). Muestra la situación de los niños sirios refugiados en el Líbano a raíz de la interminable guerra en aquel país. Es desesperante.

–¿De dónde nace en vos esta vocación solidaria?

Todo lo que logré fue de abajo, intentando superarme. No me olvido de que a mí en su momento me dieron oportunidades. Me gusta ayudar. Soy madrina de quince merenderos en Escobar, y también colaboro con la fundación Argentina Ayuda, de Mónica Gigli, en el Impenetrable chaqueño, desde Corazones guerreros, mi programa de Miami, basado en historias de superación personal de niños con discapacidades.

Denegri sumó la colaboración de las fundaciones Hassenfeld y Hasbro Toys, acercando alimentos y juguetes. Algunos chicos disfrutaron por primera vez de un chiche en medio de la desolación.
Denegri sumó la colaboración de las fundaciones Hassenfeld y Hasbro Toys, acercando alimentos y juguetes. Algunos chicos disfrutaron por primera vez de un chiche en medio de la desolación.

–Contabas que esta experiencia se verá reflejada en un documental.
–Sí. Continuamos produciendo: lo hicimos con Venezuela, la verdad, con Hope (Esperanza) –basado en la experiencia vivida en Puerto Rico–, lo que te conté que sucede en Siria… La idea es mostrar estas historias, para que
no queden ocultas.

Por Miguel Braillard. Fotos: Enrique Tubio.

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