
Veinticuatro años, de una belleza sin género, sensible, empático, interesado en la política. ¿Quién es y qué quiere Benito, que nació y creció toda la vida en Vicente López, entre instrumentos, que a sus cinco años grabó su primer disco, y hoy lucha contra el peso del apellido que porta, más allá de lo que esperen de él? "Yo soy yo", se desmarca el líder de Zero Kill, ex estudiante de Antropología, buen amigo, amado por los suyos, hijo de Gustavo Cerati y Cecilia Amenábar.
Salió del dolor, se reinventó y se animó nuevamente a la música, lejos de los prejucios y el "ceratiplanning" (los que le explican qué hubiera esperado de él su padre).
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Con el primer single de su tercer álbum, Unisex –que saldrá en noviembre, editado por Sony Music– como excusa para reunirnos, merendar, y charlar.

–Muchas veces hablás de tu renacimiento. ¿Cómo lo sentiste y cómo fue?
–Necesité ponerle una pausa a todo lo profesional, para descubrir que tenía que demandarme menos de lo que lo hacía, y rever el modo. Mi renacimiento empezó cuando yo dejé de ser lo que debía ser. Fue un parate en el que dije: "¿Sabés qué? No sé nada… Y bancá, porque no te escuchás a vos mismo". Me tomé un tiempo para darme cuenta quién soy, y digo que ahí empecé. No fue fácil, porque tuve que combatir muchos fantasmas… Pero los sigo derrotando, uno a uno, y me siento cada vez mejor. Ahora vuelvo con un tercer disco más enfocado.
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–¿De qué cosas te despojaste en ese salir de nuevo?
–Tenía muchos preconceptos respecto a cómo tenía que ser como músico. Yo pensaba que ya debía saber tocar y cantar, y que se me tenía que dar el don. En parte, la gente también me exigía arrancar sabiendo todo y yo mismo no me permitía equivocarme. Obvio que nadie obliga a nadie a hacer nada, pero por mi personalidad me dejaba guiar más por lo que decían los otros. Finalmente me despojé de esa actitud sumisa ante la vida.
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–Bueno, empezaste de muy chico y ya tenés tres discos…
–Sí, y no tenía la autoestima suficiente. A pesar de eso siempre decidí todo, las canciones son mías… Pero dudaba mucho de si estaba haciendo lo correcto, si quería promocionar esos discos, cómo hacer mi música, cómo comunicarla…
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–Y en tu caso, la mochila del apellido, que tenés colgada desde que naciste. Las expectativas ajenas y las comparaciones pesan. ¿Hoy lo podés procesar de otra manera?
–Sí, porque en mi familia no hubo eso. Cuando salí al mundo y vi a tanta gente horrorizada o en contra, me pregunté: "¿Qué estoy haciendo mal?". Realmente, nada.
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–¿A qué te referís con "gente horrorizada"?
–Hay muchas cosas por las que se horrorizan: porque canto en inglés, si hago algo más electrónico que rockero… Pero uno es uno. Parece fácil, pero cuesta un montón cuando tenés a tantas personas diciéndote lo que debés hacer. Te dice que no te fuerzan a nada, pero en cierta parte lo social te empuja. Esto se trató de mandar todo a la mierda y decir: "Ya fue". Y la gente se lo tomó mejor.
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–Por la respuesta en las redes, ¿sentís que sos más aceptado ahora?
–No me interesa agradarle a todo el mundo, pero el ser yo mismo atrajo a mucha gente que valora la sinceridad, la originalidad, o les gusta lo que hago. Y en las redes no busco trasgredir. Siempre que digo algo es porque me parece necesario comunicar o es algo de lo que estoy en contra y tengo que decir que no me gusta. Tengo una voz y la uso. No me considero un referente de nada ni soy líder de opinión, pero como humano me parece que está bien decir que la gente se merece ser toda igual en cuanto a derechos. Me informo y no vocifero por vociferar.
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–¿Cuáles son los temas que te interesa comunicar? Lo que más se te lee son la diversidad y el deseo.
–Yo creo que hay mucha represión sexual en general, incluso entre la misma heterosexualidad, donde el sexo sigue siendo tabú. Imaginate si se van a poner a revisar su sexualidad. Para eso falta un montón. La gente no ocupa su tiempo sobre ciertas cosas o para informarse sobre la desigualdad. Así ocurre hasta que no te metés en el tema del feminismo y te das cuenta de las cosas machistas que te dicen.
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–Hay quienes te hacen "ceratiplanning" (N.d.R.: de mansplaining: hombres que explican a otros cómo ser y actuar).
–¡Sí! Me dicen que cante más grave, como si cantar agudo fuera un crimen. Es gracioso, pero no podemos dejarlo pasar. No es que estoy ofendido por lo que me dijeron, pero contra esto es que estamos luchando. Y con las minorías lo mismo. Hay hombres hetero que siguen con su vida pero se los voy a seguir poniendo en la cara: mujeres y trans mueren, a los gays se nos discrimina y el hetero también está reprimido.
Por Karina Noriega.
Fotos: Belén Asad.
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