Fede y Santiago Bal en La Biela. Foto: Alejandro Carra/GENTE
Fede y Santiago Bal en La Biela. Foto: Alejandro Carra/GENTE

En el mítico bar La Biela, de Recoleta, Santiago Bal (81) se mueve como pez en el agua. Su hijo Federico (28) no se queda atrás. Y el café compartido resulta un varieté que va desde anécdotas picarescas y pases de factura a reflexiones conmovedoras.

"Hace cuarenta años que no actúo en cine. Hice mucho… Pero no me gusta. ¡Me parece horrible!", dispara Santiago con la espontaneidad de la experiencia. Y un instante antes de la corrección de su hijo: "Te gusta el cine, papá. Lo que no te gusta es filmar".

Padre e hijo. Foto: Alejandro Carra/GENTE
Padre e hijo. Foto: Alejandro Carra/GENTE

Juntos protagonizarán Rumbo al mar, la película que marca el debut cinematográfico de Fede y que narra una historia de padres e hijos. "Te explico por qué no me gusta: '¡Luz! ¡Cámara! ¡Acción!'. Hablan unos minutos y… ¡corte! Y vuelven a cambiar las luces", apunta el actor. Federico vuelve acotar: "Papá ama el vivo del teatro". Justo antes de que Santiago concluya: "El cine es del director; el teatro, del actor. Por eso no quiero partir sin compartir un escenario con mi hijo. Lamentablemente, aún no me dio el gusto".

–Bueno, tal vez éste sea un primer paso.
Federico: ¡No lo puedo creer! Le traigo un proyecto genial… ¡y me dice esto!
Santiago: Bueno… Tal vez me quede por delante una larga vida y se me dé dentro de quince años.
F: A mí me gusta debutar de la mano de papá. ¡Hizo mil películas! El día de mañana le podré mostrar Rumbo al mar a sus nietos. Lástima que por momentos el cine se olvida de algunas figuras que, de alguna manera, "no están de moda". Es más cruel que el teatro. Así que cuando mi amigo guionista, Juan (Faerman), me dio el libro, me encantó y se lo pasé. Me apasiona el cine. Por eso estudié Producción.
S: Esta es una gestión absoluta de él. La leí y compré. En el final habla de algo que me pasa en la vida real con mi hijo… y que no te voy a contar. Pero me enternece. Además, hay muchos gags.
F: Viajamos en moto… ¡así que imaginate!
B: A mi personaje le dieron dos meses de vida y no tiene nada que perder.¡Nos pasan mil cosas muy simpáticas!

Fede Bal y su papá. Foto: Alejandro Carra/GENTE
Fede Bal y su papá. Foto: Alejandro Carra/GENTE

–¿Con Fede comparten aventuras?
S: No diría aventuras. El tiene las suyas personales. Y yo, humildemente, las mías.

–Pero, ¿las comparten?
S: ¡No!

–Me refiero a si las comentan.
S: Eso sí. Cuando tengo alguna novia nueva le mando la foto.
F: El otro día, por ejemplo, me llegó una de papá con una chica…
S: ¡Era broma! Habíamos salido a comer con el elenco que viene conmigo a Mar del Plata.

–¿Se aconsejan mutuamente?
S: Cada vez que voy a hacer una nota, me dice: '¡Ojo con lo que vas a decir!'. Yo soy de la época de Radiolandia. Los artistas éramos lindos y buenos. Ahora hay más escándalos.

–¿Vas a hacer teatro con tu mamá, Fede?
F: Sí. Será una revista divertida. Y voy a estar cerca de papá.

–Y a competir con él…
S: ¡No se compite! Se trabaja para que a todos nos vaya bien.
F: Va a ser competitivo. Pero más va a ser el cine. No somos Ricardo y El Chino Darín, pero con esta peli muchos se van a ver reflejados. Sobre todo aquellos que tienen mucha diferencia de edad.

Fede de bebé con su mamá Carmen Barbieri y su papá Santiago Bal. Foto: Archivo/GENTE
Fede de bebé con su mamá Carmen Barbieri y su papá Santiago Bal. Foto: Archivo/GENTE

–¿Cómo fue crecer con un papá grande, Fede?
F: Una vez me escondí en un placard, lo asusté y ¡casi lo mato! El por ahí no me podía llevar a la plaza, pero me hacía cuentas matemáticas desde muy chico. Yo era una luz.
S: Como tenía problemas de salud, no podía tirarme al piso a jugar con él. Pero era profesor de Matemáticas y Física, así que le hacía juegos aritméticos. Fue a un colegio para chicos con coeficiente intelectual elevado.
F: Además, me llevaba a comer con sus amigos, como Pinky y Rolo Puente, y yo opinaba desde muy chico. ¡Fui a ver Cabaret en Broadway cuando tenía doce años!
S: Nos apartaron en la entrada. ¿Te acordás?
F: ¡Sí, claro!
S: Nos advirtieron que no era para su edad. Pero lo autorizamos, porque estaba preparado. La sala fue armada como un cabaret. Las bailarinas venían y nos rodeaban…
–¡Ah! ¡Así empezó todo este descalabro!
F: Y, sí…
S: Se portó muy bien. Fede tenía 10 en todo, hasta que me enfermé. Porque tuve varios episodios malos de salud. Tengo dieciocho operaciones. Y él siempre estuvo. Como todos mis hijos. Pero fijate la edad que tengo y todo lo que sorteé. Pasé mucho tiempo en casa mientras Carmen laburaba. Eso contribuyó al vínculo. Lo peinaba con raya al medio. ¡Muy antiguo! Y él se quejaba con la madre.

–¿Podrías definir a tu papá?
F: Aprendí mucho de él. Me gusta cómo se maneja en la vida. Cómo hizo su carrera. Pudo tener este último tiempo algunos desarreglos… Pero con mamá mantuvo un vínculo excelente durante veinte años. Es un ejemplo a seguir.

La familia unida: Santiago, Carmen y Fede Foto: Archivo/GENTE
La familia unida: Santiago, Carmen y Fede Foto: Archivo/GENTE

–¿Incluso en el final de la relación entre ellos?
F: La gente a veces deja de amarse, de elegirse. Eso fue lo que les pasó. La rutina puede arruinar una relación. Todos estamos expuestos a que nos pase. Hoy conecto con esa situación desde un lugar más interesante. En el momento me angustié y me enojé con los dos. Pero después entendí.

–¿Contaste con él en los malos momentos?
F: Sí. Siempre. Obvio. Estuvo en mis separaciones polémicas. Yo me encontraba muy deprimido. Tenemos una relación muy linda. Crecí en una casa donde a la mujer se la respetó siempre. Después de que se separaron, se dijeron cosas feas e innecesarias… Pero viví durante veinte años viendo la caballerosidad de mi papá, que es muy atento con todo el mundo.

–Y usted, Santiago, ¿qué me puede decir para definir a Federico?
S: Es un tipo sensible. Tiene nobleza. Es sincero. Estaba destinado a ser artista. Gateaba y se largó a caminar en un escenario. Con Carmen nos pusimos a llorar. Por eso ahora lo ves en escena y está como en el living de casa. Aunque en sus planes no figuraba ser actor, ¡ni mucho menos bailar! De hecho, cuando Marcelo (Tinelli) lo llamó la primera vez, le dijo: "No, yo bailo de boliche". Y miralo: ¡campeón! El público lo ama. La gente grande me felicita por mi pibe. Y los jovencitos se sacan fotos conmigo porque soy el papá de Fede. Ese fue un logro de Tinelli. Una vez nos invitó a VideoMatch cuando él era chiquito. ¿Viste la onda que tiene con los pibes? Entonces Carmen le contó que le tenía temor a la oscuridad. Y que a la noche había que dejar las luces encendidas. Marcelo le explicó que no debía preocuparse, porque cuando terminaba el programa él no se iba a dormir, sino que se quedaba organizando el del día siguiente. "Así que yo estoy para cuidarte. Dormí tranquilo", le dijo. Y a partir de esa noche nunca más tuvimos que prender la luz. Lo curó.

–¿Le tenías miedo a la oscuridad, Fede?
F: ¡No era eso! Era otra cosa. No sé… Lo lindo es que hace poco me dio la foto de aquel día.
S: ¡No sabía que él te la había dado! Me la mandó mamá (en referencia a Carmen).

–¿Cómo están las cosas con Carmen?
S: ¡Muy bien! Nos queremos mucho, pero no estamos enamorados. Nos respetamos. Con ella tengo más años de trabajo que de pareja. El año pasado armó dos revistas y a mí me mandó a encabezar la de Mar del Plata. Un día vino a mi espectáculo y juntos hicimos una rutina bárbara. Es la show-woman número uno de la Argentina.

–¿A usted le cae bien Laurita?
S: Sí. Me parece encantadora. Pero hay una falla: ¡mil veces le pedí ir a comer los tres juntos! Aunque sé que ella labura como loca. Tiene radio a las seis de la mañana y los fines de semana hace Combate.
–Es un reclamo que suena lógico, Fede.
F: Obvio.
S: Quisiera conocerla más. Saber qué le gusta…
F: Yo. ¡Le gusto yo, papá!
S: Qué le gusta comer, por ejemplo.
F: Ensalada Caesar. Las bailarinas comen ensalada, sushi…
S: ¡Lo sé! Así son las chicas que trabajan conmigo. Vamos a lugares estupendos… y se piden una ensalada. De paso… ¿quiénes son las otras dos mujeres que van a trabajar en la película, Fede?
F: Todavía no puedo confirmar nada, papá. Hay una que es una bomba.
S: Quiero saber. Para tener buena onda… Una de ellas interpretará a un ex amor.

–¿Tiene algo para contar en ese sentido, Santiago?
S:

–¿Se está viendo con alguien?
S: ¡No! No quiero saber nada más. Estoy muy grande. Tengo muchas manías. ¡A esta altura nadie me aguantaría!

Por Ana van Gelderen.

Fotos: Alejandro Carra y archivo Atlántida. Producción: Ceci Nissen. Agradecemos a La Biela.