Por qué elevar la edad jubilatoria puede afectar a trabajadores suecos con trayectorias y recursos distintos

Los autores advierten que las exigencias técnicas crecientes no impactan igual sobre quienes ingresaron temprano al empleo, enfrentaron tareas físicas o acumularon condiciones precarias durante décadas, en una extensa carrera profesional

Persona sentada frente a un escritorio con computadora portátil y taza ante un ventanal que da a una avenida con edificios.
La expectativa de vida laboral calcula los años promedio de permanencia en el mercado a partir de cierta edad y no equivale a la fecha de retiro definitivo. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Las personas de Suecia con mayor educación pueden esperar expectativa laboral 1,5 años mayor después de los 50 que quienes solo completaron la enseñanza primaria. La brecha revela que elevar la edad de retiro puede afectar de manera desigual a trabajadores con trayectorias laborales y recursos distintos, según un estudio publicado en Journal of Population Ageing.

La diferencia más amplia se registró en la formación educativa, por encima de las distancias vinculadas con la ocupación y los ingresos. Los autores advierten que las políticas que elevan de forma uniforme la edad jubilatoria deben considerar esas desigualdades, ya que los trabajadores con menor educación pueden quedar en desventaja frente a requisitos técnicos y laborales crecientes.

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La investigación siguió entre 2008 y 2020 a 16.497 personas de 50 años o más incluidas en la Encuesta Longitudinal Sueca de Salud Ocupacional, conocida como SLOSH. El equipo encabezado por Robin S. Högnäs examinó cuánto tiempo promedio permanecían en empleo remunerado, incluidos los retornos al mercado laboral después del retiro y la combinación de trabajo con pensión.

La expectativa de vida laboral no equivale a la edad a la que una persona se jubila. El indicador estima los años que, en promedio, alguien puede esperar seguir empleado a partir de una edad determinada, y contempla los cambios entre trabajo a tiempo completo, parcial, ausencia de empleo y fallecimiento.

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Educación, ocupación e ingresos: tres brechas distintas después de los 50

Las personas con estudios postsecundarios tuvieron una expectativa de vida laboral 1,5 años superior a la del grupo con educación primaria. Entre los hombres, la distancia entre los niveles educativo alto y bajo fue de 1,6 años.

Las mujeres con menor nivel educativo podían esperar trabajar 1,3 años menos que los hombres del mismo grupo. Entre quienes tenían educación superior, la diferencia entre mujeres y hombres fue de 1,2 años.

Manos sobre documentos impresos con gráficos, rodeadas por carpetas, anteojos, una libreta y dos relojes de pulsera en una mesa de madera.
El sistema previsional de Suecia elevó la edad mínima para acceder a la pensión pública de 61 a 63 años entre 2020 y 2023. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La ocupación también mostró una distancia, aunque menor: quienes se desempeñaban en puestos profesionales podían esperar trabajar 13,8 años más allá de los 50, frente a 12,9 años entre los trabajadores de ocupaciones rutinarias. La diferencia fue de cerca de un año.

El contraste por ingresos fue aún más reducido cuando se compararon los tercios superior e inferior de la distribución anual: la expectativa de vida laboral fue 0,5 años mayor en el grupo de mayores ingresos. Sin embargo, al dividir a la población en quintiles, el 20% con mayores ingresos trabajaba alrededor de 1,5 años más que el 20% con menores recursos.

Los ingresos considerados incluyeron el total anual individual antes de impuestos: salario, pensión y prestaciones de la seguridad social. La educación, en cambio, fue medida como un recurso adquirido temprano en la vida, mientras que la ocupación reflejó la posición laboral alcanzada durante la carrera.

Según el estudio, esos tres indicadores no son intercambiables. La educación acumula ventajas o desventajas durante décadas: puede facilitar el acceso a empleos con menor exigencia física, más autonomía, mayores oportunidades de capacitación y condiciones que permiten permanecer activo hasta edades más avanzadas.

Los trabajadores con menor formación suelen ingresar antes al mercado laboral, por lo que una expectativa más corta después de los 50 no implica necesariamente menos años trabajados a lo largo de toda su vida. Pero también pueden haber estado expuestos durante más tiempo a empleos precarios, salarios bajos, exigencias físicas y salidas laborales relacionadas con problemas de salud.

El trabajo parcial y la diferencia entre mujeres y hombres

La investigación distinguió el trabajo de tiempo completo, definido como 30 horas semanales o más, del empleo parcial, entre 10 y menos de 30 horas. Quienes trabajaban menos de 10 horas por semana fueron clasificados como fuera del mercado laboral.

Al inicio de la observación, el 80% de la muestra trabajaba a tiempo completo, el 11% lo hacía parcialmente y el 9% no tenía empleo. La proporción de empleo parcial era mayor entre las mujeres, con 14%, frente al 8% entre los hombres.

Los hombres de mayor nivel socioeconómico podían esperar entre 11,8 y 12,1 años de trabajo a tiempo completo después de los 50. Entre quienes tenían menor educación, ocupaciones rutinarias o ingresos bajos, la previsión oscilaba entre 11,3 y 11,5 años.

Entre las mujeres, las de mayor nivel socioeconómico podían esperar entre 11 y 11,3 años de empleo a tiempo completo, frente a 10,4 a 10,6 años en los grupos de menor nivel. El trabajo parcial, en cambio, ocupaba una proporción mayor de la vida laboral de las mujeres y de los hombres con menor educación o ingresos.

Las autoras y los autores señalan que el empleo parcial puede representar un descenso gradual de la actividad antes del retiro, pero también una alternativa disponible para quienes no acceden a puestos de jornada completa. Esta distinción importa porque trabajar menos horas reduce la acumulación de derechos pensionarios, especialmente entre las personas con ingresos más bajos.

Un hombre con abrigo entra a un edificio acristalado mientras otra persona camina de espaldas por una acera con hojas secas.
Las personas con educación superior en Suecia registran una expectativa de vida laboral 1,5 años mayor después de los 50 frente a quienes solo completaron la primaria. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En Suecia, las personas podían comenzar a cobrar la pensión pública desde los 61 años durante el período analizado, aunque los derechos completos se concentraban tradicionalmente alrededor de los 65. La edad mínima se elevó a 62 años en 2020 y a 63 en 2023, mientras que el sistema permite recibir una pensión parcial y continuar empleado.

Más del 70% de las personas suecas de 55 a 64 años participaba del mercado laboral en 2023. Aun así, el estudio halló que las mujeres podían esperar menos años de trabajo que los hombres, una diferencia vinculada con trayectorias de empleo más fragmentadas, mayor presencia en puestos de cuidado, jornadas parciales y desigualdades acumuladas en salarios y responsabilidades domésticas.

El análisis no incluyó el trabajo no remunerado ni distinguió todas las vías de salida laboral, como desempleo, enfermedad o pensión por discapacidad. Tampoco pudo incorporar el estado de salud, aunque los investigadores identificaron ese factor como una variable relevante para comprender por qué la educación, la ocupación y los ingresos modifican la permanencia en el empleo durante la vejez.

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