
En Brasil se votará el 4 de octubre y de ser necesario el balotaje habrá una segunda vuelta el 25 de octubre. Actualmente, Lula da Silva, que cursa su tercera presidencia, encabeza los sondeos. El Presidente cumplirá 81 años el 27 de octubre.
El fenómeno de la nueva longevidad del que tanto se habla en estos tiempos se expresa también en estas cosas: que un líder político se plantee la continuidad a una edad hasta hace poco impensada. Y que, al menos hasta ahora, su edad no sea arma de campaña para sus adversarios.
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En este tercer mandato, Brasil no goza de la prosperidad que había traído a varios países latinoamericanos —Argentina incluida— el boom de los commodities de comienzos del siglo XXI y que en su primera presidencia, a partir de enero de 2003, le permitió a Lula sacar de la pobreza a millones de brasileños. El crecimiento de la economía ha sido muy moderado en esta etapa y el control de la inflación tiene como contrapartida altas tasas de interés.
Pese a ello, Lula tiene muchas posibilidades de ganar un cuarto mandato. Su principal rival es Flavio Bolsonaro, de 45 años. ¿La edad le jugará en contra al Presidente? En opinión de algunos analistas sí, porque las nuevas capas de votantes, los jóvenes, no vivieron la primera gestión de Lula da Silva, ni conocen su pasado combativo.
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Pero también hay coincidencia en que favorece a Lula la sobreactuación de su rival de los vínculos con los EEUU. Un exceso de fervor norteamericano por parte de Flavio Bolsonaro, al punto que trascendió que en una reunión con el canciller estadounidense, Marco Rubio, ofreció poner a disposición de Estados Unidos “un equipo de transición” si gana en octubre.
También se atribuyó el “logro” de haber incluido a las mafias del narcotráfico brasileño entre las organizaciones que EEUU considera “terroristas”; algo que un Brasil celoso de su soberanía mira con recelo porque puede abrir la puerta a intervenciones militares extranjeras
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Su hermano Eduardo, radicado en Estados Unidos, promueve que la administración estadounidense aplique sanciones económicas a su propio país.
A esto se sumaron algunos escándalos que rozan a los Bolsonaro y acusaciones de Michelle, la esposa de Jair, quien se quejó de la falta de respeto de su hijastro.
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Casi podría pensarse que la edad de Lula es un elemento positivo que le aporta la templanza y el sentido común de que carecen los muchachos Bolsonaro. Por no mencionar lo obvio: la experiencia.
Aunque parece gozar de buena salud, Lula no ha escapado a algunos contratiempos. Recientemente debió someterse a radioterapia preventiva —15 sesiones desde fines de mayo pasado— luego de que le extirparan un cáncer de piel en la cabeza. Es la razón por la cual en los últimos tiempos se lo ve casi siempre con sombrero.
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Se esperaba que este hecho pusiera en primer plano en la campaña el tema de la edad del Presidente, pero hasta ahora no ha sido el caso.
Hace 15 años, Lula había padecido un cáncer de laringe. Fue en 2011, cuando concluía su segundo mandato.
Pero en términos generales, el presidente brasileño tiene una buena salud. Los inconvenientes que ha tenido son los habituales en gente de su edad, o no han sido graves.
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En diciembre de 2024, sufrió una hemorragia cerebral por un golpe en la cabeza, tras caerse en su casa.
En 2023 atravesó un reemplazo de cadera y en este 2026, tuvo una operación de catarata en el ojo izquierdo.
Sobre los adultos mayores pesa siempre la sombra del deterioro cognitivo. Así lo demuestra el caso de Joe Biden, que en julio de 2024, con 82 años, anunció que renunciaba a pelear un cuarto mandato, en medio de señales que sembraban dudas sobre su lucidez.
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Recientemente, Lula se quejó —aunque en broma— de que lo califiquen de “viejito”. “Hago un esfuerzo condenado, me levanto cada día a las 5:30, me ejercito dos horas para parecer así de fortachón... y me llama ‘viejito”, bromeó durante un acto, en el que una trabajadora usó ese término para presentarlo.
Hubo carcajadas en el público, y Lula dijo que dejaría “de hacer sacrificios” y se volvería “bien gordote”, y entonces la reacción fue un grito unánime “¡nooo!”.
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En enero de 2026, se viralizaron fotos y un video de Lula da Silva en traje de baño durante un paseo con su esposa por las playas de Río de Janeiro que permitieron apreciar el buen estado físico del Presidente. Es evidente la intención en la difusión de estas imágenes: meses antes de que se formalicen las candidaturas, Lula se mostraba en traje de baño, algo que no todos los octogenarios podrían hacer y salir airosos.

Pero el video tiene otro mensaje. El Presidente les habla a los brasileños de las bellezas naturales del país: “Lo que es extraordinario aquí —dice— es que tenemos olas que van y vienen, de acá para allá”. A este comentario siguió una metáfora: “Es una demostración extraordinaria para acabar con el preconcepto entre izquierda y derecha. Aquí las olas que vienen de la derecha se juntan con las que vienen de la izquierda... y construyen el mar”.
Y remata: “Extraordinaria virtud de la naturaleza que hace algo que la gente no imagina que sea posible hacer”.
El Presidente brasileño expresa su admiración por la naturaleza y envía un mensaje de unidad
Aunque algunos insisten en calificar a Lula de comunista —algo que nunca fue— el mensaje de este video es coherente con un líder que fue el menos bolivariano de todos sus coetáneos durante sus primeros mandatos.
Siendo el que más credenciales tenía —por no decir el único— para presentarse como revolucionario, en el gobierno fue el más pragmático de todos. En contraste con otros, más proclives al discurso que a la acción, Lula tenía trayectoria de lucha antidictatorial y una militancia combativa en el sindicalismo. Sin embargo, en muchas ocasiones, no antepuso el ideologismo a la defender en el terreno de los intereses de su país.

Una coyuntura en la cual Lula se mostró en todo su pragmatismo fue la Cumbre de las Américas que tuvo lugar en Mar del Plata en noviembre de 2005, cuando el gobierno kirchnerista, con auxilio de Hugo Chávez y Evo Morales, protagonizó una epopeya tan imaginaria como innecesaria para rechazar la propuesta estadounidense del ALCA. Innecesaria porque para su aprobación se necesitaba una unanimidad que estaba lejos de ser alcanzada.
El rechazo al ALCA marcó un distanciamiento con Estados Unidos, no tanto por la negativa en sí, que Argentina compartió con otros países, como Uruguay y el propio Brasil, sino por la peculiar modalidad bajo la cual se manifestó. Lo que debía ser un trámite sencillo –expresar una negativa a la creación de una zona de libre comercio por tratarse de economías muy desiguales-, el kirchnerismo y el chavismo montaron la ficción de una gesta antiimperialista, que incluyó el despacho de un tren hacia Mar del Plata con militantes y personalidades varias de la galaxia progresista y una contra-cumbre promovida por el propio anfitrión del encuentro.

Si en política exterior se debe ser firme en las decisiones y flexible en la forma de comunicarlas, la estrategia del naciente bolivarianismo resultó una diplomacia al revés, por la descortesía y hasta la chicana usada contra los invitados a la Cumbre.
En contraste con los discursos encendidos de Kirchner y Chávez, Lula Da Silva mantuvo un perfil bajo en el debate y se retiró discretamente antes de la publicación del documento final, para preparar, en Brasilia, un recibimiento con bombos y platillos a George W. Bush que, desde Mar del Plata, voló directo a la capital brasileña. El diario El País titulaba: “Bush ofrece un espaldarazo a Lula como líder regional durante su visita a Brasil”.
Poco tiempo después, en marzo de 2007, Bush realizaba una gira por América Latina que incluía nuevamente a Brasil, y además a Uruguay, Colombia, Guatemala y México, excluyendo a la Argentina.
Resiliencia
La trayectoria de Lula basta para demostrar la personalidad resiliente del actual presidente de Brasil. Nació en 1945 en un hogar rural muy humilde, en Garanhuns, Pernambuco; séptimo de siete hermanos. Sus padres eran analfabetos. Siendo niño, la familia emigró del Pernambuco natal a San Pablo. A los 14 años, Lula dejó la escuela para convertirse en obrero metalúrgico.
Como es frecuente en esa industria, sufrió un accidente laboral mutilante en el que perdió el dedo meñique de una mano.
Dos de sus hermanos eran sindicalistas y padecieron la represión de la dictadura, o que influyó en Lula para su acercamiento al sindicalismo a fines de los años sesenta. Pronto se destacó como líder sindical en la región industrial del ABC paulista, participando en importantes huelgas que desafiaron al régimen militar.
En 1980, impulsó la fundación del Partido de los Trabajadores, y en los años 80 fue protagonista de huelgas y movilizaciones, llegando a ser encarcelado por su rol en las protestas. En 1986 fue elegido diputado federal y participó en la Asamblea Constituyente que restauró la democracia en Brasil.
Antes de ganar las presidenciales, en el año 2003, Lula Da Silva había hecho tres intentos fallidos, en 1989, 1994 y 1998, pero esas derrotas previas no lo rindieron.
En su primer mandato, llevó a cabo muchas reformas sociales y programas como Bolsa Familia, que sacaron a millones de personas de la pobreza.
Sus biógrafos lo describen como dialoguista y gran comunicador. Años después de dejar la presidencia, en 2018, sus adversarios políticos lograron llevarlo a la cárcel bajo acusaciones de corrupción. Pasó 580 días en prisión. En marzo de 2021, el Tribunal Supremo anuló todas sus condenas alegando la falta de jurisdicción del tribunal que lo había condenado y la parcialidad del juez Sergio Moro; esto último quedó en evidencia cuando el magistrado fue nombrado Ministro de Justicia en el gobierno de Bolsonaro.

De esta dura prueba Lula también salió invicto, sin mella a una popularidad que le permitió recuperar la presidencia en 2022.
Diccionario Lula
En el año 2009, Ali Kamel, periodista y sociólogo brasileño, publicó un libro titulado Dicionário Lula, un análisis de los discursos y otras intervenciones públicas del Presidente brasileño, que entonces cursaba su segundo mandato. Kamel registró el amplísimo vocabulario usado por un hombre que era prácticamente autodidacta. Lula no había completado estudios secundarios, pero su vocabulario tenía la misma riqueza que la de un profesional universitario. Otra conclusión curiosa de Kamel era que una de las palabras más usadas por un Presidente al que tantos tildan de marxista era “Dios”.
Ali Kamel describía a Lula de este modo: “Un comunicador sin igual; un hombre que ve el mundo a partir de su experiencia concreta de vida, de una manera que resalta a los ojos; coherente, pero con incoherencias importantes; un ciudadano que predica los valores tradicionales de la familia y de Dios; un hijo legítimo del capitalismo que aspira para los otros la movilidad social que consiguió para sí mismo; un conciliador cuyo objetivo, al menos en el nivel de la retórica, es alcanzar la armonía entre los polos extremos de la sociedad”.
Esta vocación de unidad y su discurso conciliador y englobador de todos los brasileños es un rasgo que lo ha distinguido de otros líderes de la región que dicen identificarse con él pero no lo siguen en esto.
Finalmente, si Lula da Silva es electo en octubre, ese hecho será una confirmación de que la adultez mayor activa se ha extendido y, sobre todo, que la edad ya no es un elemento descalificador en sí mismo, que ya no será aceptable que se pretenda negar la idoneidad de una persona por la cronología. En suma, un parate al edadismo.
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