
“Creo que el mejoramiento del mundo hoy está más en nuestras manos que en las de los jóvenes”, dijo Eduardo Favier Dubois en la presentación de su libro en el auditorio del Instituto de Cultura (Cudes), donde se dicta la Diplomatura de Cultura Argentina.
“Los mayores crecimos en el mundo de la modernidad con valores distintos a la posmodernidad —siguió diciendo—. Nos criamos con un deber que cumplir, la solidaridad, la preocupación por el otro, el cuidado, la previsión, el ahorro, con todo lo que implica estar en el mundo haciendo que el mundo sea mejor”. Para este abogado y presidente del Instituto Argentino de la Longevidad Activa (IADELA) esto implica que la llamada generación silver tiene “mucho para dar a los jóvenes”. “Tenemos un liderazgo bueno, porque nos preocupamos por los demás”, insistió.
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A lo largo de la charla, en diálogo con la periodista de Infobae Claudia Peiró (Generación Silver), se hizo un repaso de los temas que Favier Dubois aborda en su libro La nueva longevidad. Oportunidades y desafíos sociales y personales (AdHoc, 2026): los derechos de las personas mayores, las actitudes ante la vejez, la silverización de las empresas, el talento senior...
A continuación, una síntesis del diálogo en torno al libro.
Claudia Peiró: — La longevidad activa es un fenómeno que irá creciendo porque es biológico, real y visible: cada vez somos más los que integramos esa franja de población en relación al conjunto, cada vez vivimos más y en mejores condiciones. Lo que falta es que la política, las instituciones, las leyes, la economía, la cultura, acompañen plenamente ese fenómeno, se adapten, porque todavía hay muchas cosas que están desfasadas. De eso trata este libro, que es en cierta forma una mini guía, como el mismo autor lo define, un mapa de todos los temas que hacen a esta nueva longevidad.
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Antes si uno sugería hacer un programa sobre la tercera edad, era para hablar de jubilación. Es algo importante, esencial, pero la temática se ha ampliado a muchísimos más temas. Eduardo Favier Dubois hace en este libro un recorrido por todos esos temas y sus diferentes enfoques y una puesta a punto de en qué está el mundo y en qué está la Argentina al respecto.

Antes de formularle algunas preguntas a él, quiero decir que los silvers, los mayores de 55, 60, 65 años, según el criterio que se elija, estamos de moda. El tema se está instalando en todos los medios, y creo que tenemos que aprovechar esa circunstancia, ser actores de ese proceso, ocupar el rol que nos corresponde y cumplir una misión, porque como generación más veterana, tenemos una responsabilidad. Hemos vivido más, hemos aprendido, fuimos testigos de muchos procesos, de la transición entre un siglo y otro, de varias revoluciones y transformaciones. Y aunque se suele decir que son los jóvenes los que quieren cambiar el mundo, creo que en este momento es la generación silver la que lo va a cambiar, la que de hecho lo está cambiando, porque este es un fenómeno que llegó y que está modificando muchas cosas.
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Bien, como Eduardo me dio permiso para preguntarle la edad, empiezo por ahí.
Eduardo Favier Dubois: Tengo 74. Primero te agradezco muchísimo, Claudia, celebro esta sección de Infobae (Generación Silver), tan leída, sobre los mayores. Esto va creando también un frente cultural que hay que trabajar. Con respecto a quién hace el cambio, si los jóvenes o los grandes, yo hablo en el libro de lo que llamo liderazgo moral. Liderazgo moral de la gente grande. De los mayores. Porque los mayores crecimos en el mundo de la modernidad con valores distintos a la posmodernidad. Digamos, grosso modo, posmodernidad es individualismo. Hacé la tuya y pasala bien. La modernidad en la que nosotros nos criamos no era eso. La modernidad era un deber que cumplir, la solidaridad, la preocupación por el otro, el cuidado, la previsión, el ahorro, enseñar todo lo que implica estar en el mundo haciendo que el mundo sea mejor. No pensando solo en uno mismo, al contrario. Formá una familia, trabajá, hacé algo productivo, que tu vida tenga algún tipo de sentido y no solo el placer del momento. Los chicos de hoy, por los motivos que sean, no imputables a ellos, son más individualistas, no tienen compromiso. Hoy no se casan. Tampoco tienen mucha idea de tener hijos, porque eso es un compromiso y una responsabilidad. Tampoco se afincan mucho, quieren viajar. Tampoco quieren un trabajo para toda la vida, quieren ir rotando. Tampoco quieren un lugar, quieren ir circulando. No quieren un auto, quieren un Uber. No quieren un departamento, sino un Airbnb.
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Es otra mentalidad y hay que entenderlos. Tal vez en muchas cosas tienen mentalidades más abiertas que las nuestras, aprecian más la diversidad. Pero nosotros tenemos mucho para darles, tenemos un liderazgo bueno, porque nos preocupamos por los demás. Miren lo que pasa con el talento senior. Hay una película, El pasante, en la que un señor que va a una empresa a trabajar, porque tienen un cupo para seniors. Todos lo miran de reojo: “Este viejo, ¿qué viene a hacer?”, etc. Pero poco a poco él gestiona todos los conflictos que ellos tienen, los maneja y pasa a ser el alma de esa organización, porque le pone espíritu, le pone alma, le pone compromiso. Creo que el mejoramiento del mundo hoy está más en nuestras manos que en las de los jóvenes que todavía están en una dinámica muy individual.
C.P.: —¿En qué punto estamos en la Argentina, en cuanto a la silverización de las empresas? En el sentido de valorizar el contratar gente grande o el retener a la gente grande.
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Favier Dubois: — Estamos en menos uno todavía, y tenemos mucho que trabajar. Estamos frente a tres revoluciones. Una, demográfica, la gente vive más tiempo y vive bien, y nacen poco niños. La pirámide demográfica se va achatando y tenemos mucha gente grande y no tanta gente joven. También hay una revolución científica. Millones de millones de dólares puestos en investigar la prolongación de la vida. También se está trabajando en la prevención de las enfermedades de la gente grande, Alzheimer y otras. Finalmente, hay también una revolución social. La economía silver o economía plateada es un movimiento que trata de aprovechar las oportunidades que da la economía. La empresa debe silverizarse. Primero, tener talento senior, no rechazar a la gente grande, tenerla y retenerla, aprovecharla por sus habilidades, su experiencia, sobre todo para manejar grupos, para manejar crisis, situaciones nuevas, para trabajar en conjunto, para motivar a la gente. Eso es invalorable. Un adulto mayor no se va mañana porque le salió otra cosa o está enfermo o quiere ver un partido de fútbol. La persona grande es responsable, cumple.
Un segundo aspecto de la silverización es hacer amigable tu venta de productos para la gente grande, buscar una forma física, analógica, que se pueda comprar sin la complicación de entrar a una plataforma. Tercero, que los modelos que publicitan tu producto no sean todos chicos de dieciocho, veinte años. Finalmente, y principal, la innovación. Crear productos y servicios para esta franja etaria nueva que tiene grandes necesidades. Y ahí tenemos dos grandes ámbitos. Por un lado, los cuidados y la salud. Una industria muy importante es la de los cuidadores y la domótica domiciliaria. Y, para la gente que está autónoma, autovalente, todo lo vinculado a turismo, servicios, hotelería, finanzas. Un mundo de cosas que la gente grande puede hacer, porque en general tiene más tiempo, más exigencia de calidad y muchas veces más dinero que sus hijos. Entonces, el gran desafío es crear estos bienes y servicios para la gente.
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Peiró: En tu libro, que no solo abarca los aspectos materiales, sino también espirituales de esta temática, también analizás las diferentes actitudes ante la vejez. Por un lado, la discriminación, el edadismo, el descalificar a las personas por su edad. “Está gagá”, se usa mucho incluso en los debates políticos. En vez de replicar el argumento, “está gagá”. También está la negación de la vejez pese a su inevitabilidad. Y también tenemos al que se autocalifica de viejo y se retira, “ya está… “

Favier Dubois: Claro, hay gente a la que le agarra el viejazo. “Me jubilo, ya está, yo no estoy para esto. No, salir no, un casamiento no, viajar no”. Y se queda en la casa viendo televisión y así es como se vuelve realmente viejo y se muere. Otra gente, al contrario, disimula tanto que sigue haciendo todo igual. Lo que yo digo es que los 60, 65 en adelante, son una oportunidad de cambio, de reflexión sobre la misma vida. Uno viene corriendo, corriendo, con dos grandes mandatos: mantener una familia, ejercer una profesión. Llega un punto en que estos dos mandatos ya no tienen la misma entidad, porque la familia está criada y el trabajo ya no ocupa ese espacio indispensable. Entonces, viene el replanteo, la gran pregunta: ¿cuál es el propósito humano? Esto requiere una etapa de reflexión. Conocerse a sí mismo es lo primero que recomiendo. Una introspección. Es una oportunidad para mejorar, porque uno en la vida a veces no hace cosas demasiado impecables, por qué no asumir ahora una actitud de generosidad, de perdón, que es lo que más cuesta. Toda esa gente con la que estamos enojados, sin ya recordar por qué. La ofensa que uno lleva adentro es algo tóxico. Soltar, perdonar. Restablecer vínculos. ¿Cuántos amigos perdimos porque dejamos de vernos? La familia lo mismo. Esos parientes que por ahí no vemos, estamos distanciados, y ni sabemos por qué. ¿Cómo hacemos para hablar a una persona a la que hace veinte años que no le hablamos? Un mensajito en el cumpleaños. Nadie se puede enojar. Feliz cumpleaños.
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Entonces, etapa para recuperar los lazos familiares, recuperar amistades y crear nuevas. También puede ser una etapa para un mejoramiento espiritual. Amigarse con la muerte es más difícil. Pero ya sea por la religión, por la filosofía, por el entendimiento, debemos amigarnos con la muerte, porque así también podemos planificar lo que viene. ¿Con quién voy a vivir? ¿Quién quiero que me acompañe? ¿Dónde quiero vivir? ¿Cómo me voy a sostener financieramente? ¿Cuáles van a ser mis intereses, mis ocupaciones, mi sistema de salud? Planifiquemos. No sigamos como si nada hasta el final, a ver qué pasa. Si uno tiene bienes, qué va a pasar con los herederos. Si le dejamos todo a todos, dejamos un problema. Entonces, una cosa que tenemos que hacer en esta etapa, si tenemos hijos y algún patrimonio, es planificar esto para evitar problemas. Además, pasaste por la vida, te vas, ¿qué dejás? ¿Cuál es tu legado espiritual? ¿No lo va a leer nadie? No importa, es tu legado. ¿Qué dirías, qué expresarías, qué dejarías? O algo material. Una fundación de ayuda, para alguien, esas cosas que sobreviven a los tiempos.
Peiró: Escribir, reflexionar sobre esta etapa equivale a escribir y reflexionar sobre el sentido de la vida, porque como decía recién Favier Dubois es un momento de balance. A diferencia de generaciones anteriores, nosotros tenemos por delante, ¿cuánto? veinte o veinticinco años —obviamente, está el destino, y eso no lo podemos adivinar—, pero es una oportunidad para volver a empezar, por eso me parece fundamental lo que Eduardo decía recién: reflexionar y prepararse para el retiro. Ahora bien, ¿es algo que puede hacer todo el mundo? ¿O es un privilegio de ricos, como decía Simone de Beauvoir? Todos sabemos que nos vamos a jubilar un día, y sin embargo nos toma un poco de sorpresa. Entonces, el aporte de este libro es tirar algunas pistas de lo que podemos hacer para prepararnos. Algunas cosas ya las dijiste.
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Favier Dubois: Sí, y reitero. Recomiendo en todos los casos el testamento. Pero también los actos de autoprotección. Es decir, una declaración que hacemos ante un escribano, “el día que yo cognitivamente no esté con todas mis facultades”, porque todos queremos que el deterioro sea de un día para otro y morirnos sin enterarnos, pero el deterioro a veces es gradual. Y uno queda en manos de los que lo rodean: cuidadores, parientes, médicos. ¿Cuántos casos hay de una madre o un padre al que le hacen firmar para que se vaya a un geriátrico y le venden la casa? Entonces, estas voluntades podemos plasmarlas en un documento y nombrar a un apoderado, alguien de nuestra confianza que las haga cumplir.
También hay un aspecto social. ¿Cómo se ve esta nueva longevidad? Algunos apuntan a lo negativo: quiebre de los sistemas previsionales, colapso de los sistemas de salud. Pero yo digo que no es una desgracia, es una oportunidad. Porque es un triunfo de la humanidad que vivamos veinte años más que nuestros padres y abuelos. Entonces no podemos echarle en cara a los viejos que no se mueren nunca y nos colapsan los sistemas. El viejo que no se muere nunca es el que construyó el mundo donde vivís, el que puso los ladrillos. Que viva veinte años más es un éxito. Pero hay que reajustar algunas cosas. Los sistemas previsionales no pueden depender más de los aportes laborales, necesitan otra fuente de financiación. Un fondo fijo de otras rentas. Minería, petróleo, por decir algo. Lo mismo pasa con la representación política. ¿Cómo es la representación política de la gente grande? No digo que haya un Partido de los Jubilados ni me estoy proponiendo para diputado, pero tenemos que tener una representación. Fíjense que PAMI, que tiene una representación de jubilados, está intervenido desde hace mil años y los jubilados ni votan en PAMI.
Peiró: ¿Existe un derecho a la vejez? ¿O es un invento?
Favier Dubois: Es un invento argentino. En el año 49, en la Constitución, se incluyeron los derechos de la ancianidad. Luego, en todo el mundo, esto se fue cristalizando. Hoy tenemos en América Latina una convención interamericana sobre derechos humanos de las personas mayores, que está incorporada a nuestra Constitución. Reconoce una serie de derechos, básicamente la autonomía, la participación y los cuidados. No hay una ley argentina específica pero hay muchos amparos de salud -prepagas, obras sociales— y amparos jubilatorios y por temas de discriminación por edad. Por ejemplo, profesores a los que no dejan concursar porque son grandes han ganado amparos.

Peiró: En el libro proponés eliminar la obligatoriedad de jubilarse a los 70 años. Es decir, existe el derecho a jubilarse, para las mujeres a partir de los 60, para los varones a partir de los 65, pero a los 70, aunque uno no lo quiera, el empleador puede jubilar al empleado de oficio.
Favier Dubois: Eso tiene que derogarse, hay que dar cinco años más. Si la persona se quiere ir, que se vaya, pero creo que quedarse en el empleo es bueno. Hay quien cree que los silver tenemos que irnos para dejar lugar a un joven. No comparto para nada esa opinión. Habrá que hacer crecer la economía para que el joven tenga otro trabajo, pero no es el juego del Senku. Tenemos derecho a trabajar, a seguir trabajando, si lo deseamos.
También es bueno reciclarse. Hablo con mucha gente jubilada y pregunto: “¿Qué hacés ahora?”. “Nada”. “¿Cómo nada?”. “No, bueno, televisión, la familia”. Vamos mal, porque perdiste el sentido. Te vas a levantar a la mañana para ir al médico. Tenemos que encontrar el propósito. Parte del propósito es reciclarse. Una posibilidad son las universidades de la tercera edad o universidades abiertas, donde la gente grande va a estudiar algo porque le gusta, no para ejercer. Arte, historia, cultura, literatura, idioma, lo que les guste. Esta casa de estudios, el CUDES, con sus cursos abiertos a todas las edades, pero convocan a mucha gente grande, está cumpliendo muy bien esa función, enseñan temas muy interesantes, muy variados y también es un espacio para socializar.
Peiró: Un tema en el que en la Argentina estamos bastante atrasados es el de la vivienda. Acá tenemos la casa o el geriátrico. No hay una oferta intermedia. Lugares donde la gente grande pueda vivir de modo autónomo, pero con ciertos cuidados.

Favier Dubois: Sí, es algo que se está empezando a trabajar, todavía no germinó. Hay un modelo más interesante, que es el cohousing: a cierta edad uno se muda a un barrio donde va a tener su casa individual, pero con espacios comunes, cocina, huerta, gimnasio, etc. En España tienen un sistema de cooperativas de vivienda donde todos hacen algo, administran, participan. Después están los formatos nórdicos de cohousing intergeneracional. Se comparten espacios y actividades con gente joven, que está ahí porque el alquiler es más económico. ¿Qué se logra con ese contacto intergeneracional? El grande enriquece al joven con sus historias, sus valores, su visión. Y el joven con toda esa chispa de la juventud, de la tecnología, del mundo que llega, enriquece al grande, porque si no, nos quedamos diciendo “nuestra época era la mejor”. Estos lugares de diálogo intergeneracional son fantásticos.
Peiró: Sí, el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo, es una gran realidad [risas]. Lo sabemos bien los que tuvimos la dicha de conocer a nuestros abuelos. Las cosas que ellos nos enseñaron quedan para toda la vida, porque con los abuelos en general se convive a una edad en la que uno es una esponja y absorbe todo. La intergeneracionalidad es sumamente importante, tanto en el trabajo como en la familia, hay que promoverla en todos lados.
Me parece importante destacar que el instituto que creaste, IADELA, cumple una importante función porque convoca a la inteligencia, al conocimiento y la experiencia que hay sobre este tema. Es un ámbito donde las personas que están reflexionando sobre esto pueden expresarse, dialogar, profundizar. Y el libro es un resumen de eso. ¿Podrías contarnos más en detalle lo que hace el Instituto Argentino de la Nueva Longevidad y qué te llevó a crearlo?
Favier Dubois: Cuando cumplí 60 años, ahora tengo 74, Lucía, mi esposa, me hizo una linda fiesta, y todos me decían: “Eduardito, estás muy bien, no se te nota que tenés sesenta”. Y yo: “Gracias, gracias, pero, ¿qué?, ¿es malo tener sesenta?”. Entonces empecé a investigar este tema de la vejez, cómo te miran, cómo cambiás, etcétera. Primero, la vejez para uno mismo, que se mira al espejo, cómo lo maneja. Hice algunos libros de buenas prácticas para mayores. Luego descubrí el tema social y la economía plateada, la demografía, las universidades, la representación política. Mil cuestiones y toda la industria en torno a esto. Así como decimos que la novedad es la inteligencia artificial, la otra gran novedad de la época son los adultos mayores. Es el gran tema nuevo. Y ¿qué podemos hacer? En lo personal, trabajar la actitud y el propósito. En lo social, estar atento a estas realidades para lograr un cambio y, sobre todo, luchar contra la discriminación.

El Iadela empezó como un instituto de investigaciones. Juntamos gente para investigar distintos temas vinculados a la longevidad. Cada 15 días o un mes, hacemos ateneos para tratar algún tema: ciberseguridad, salud, et. Son ateneos como para contribuir al empoderamiento. Hicimos un libro sobre contratos de negocios y saldrá ahora otro sobre protección legal de los mayores, que suelen ser víctimas de violencia intrafamiliar, violencia económica. Ahora estamos trabajando en hacer una plataforma de talento senior empresarial para los que quieran seguir trabajando. También un registro de consultores que va a permitir a cada persona mayor a la que se le viole algún derecho llamar y obtener una orientación. Y estamos dictando un curso del Colegio de Abogados para capacitar en estos temas de protección legal. Se pueden registrar en nuestra página.
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