Superabuelas gallegas: un pintor homenajea a quienes son labradoras, marineras, ganaderas, costureras, madres y contables a la vez

Durante décadas, estas mujeres sostuvieron el peso de una economía doméstica invisible, multiplicando sus brazos para cumplir múltiples tareas productivas y hogareñas, todo al mismo tiempo y sin que nadie llamara a aquello heroicidad

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Superabuelas gallegas
Superabuelas gallegas: agricultoras, ganaderas y marisqueras retratadas como heroínas de superacción

El delantal a cuadros es azul, o tal vez lila, pero sobre el cemento gris de una fachada de varios pisos tiene la textura de una capa invencible. Quien lleva este “mandilón”, como lo llaman los gallegos, no vuela para salvar una metrópolis de ciencia ficción, sino que sostiene una carretilla cargada de tierra, levanta una azada con precisión milimétrica o camina a paso firme por la orilla de una carretera comarcal, siempre con la urgencia del que va a cumplir con una tarea que no puede esperar. En la Galicia interior y costera, los días no se miden por horas, sino por las necesidades del ganado, el punto exacto de maduración de la papa o los caprichos de una marea que rompe contra las rocas de la Costa da Morte. Durante décadas, estas mujeres sostuvieron el peso de una economía doméstica invisible, multiplicando sus brazos para ser labradoras, marineras, ganaderas, costureras, madres y contables, todo al mismo tiempo y sin que nadie llamara a aquello heroicidad.

Ha tenido que ser el arte urbano, a través de la mirada del pintor Joseba Muruzábal, nacido en Cambre en 1984, el que sacara esa devoción cotidiana de los huertos y las cocinas para proyectarla en dimensiones colosales sobre los edificios de las villas gallegas. Bajo el alias de Yoseba MP, este licenciado en Bellas Artes ha creado Fenómenos do rural, una serie de murales y lienzos que transforman a las abuelas gallegas en auténticas figuras de cómic y ciencia ficción, dotadas de superpoderes que mezclan el imaginario pop de los mutantes, los jedis y el manga con la cruda y hermosa realidad del campo gallego.

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Homenaje del pintor Joseba Muruzábal a las abuelas de la Galicia rural y costera
Homenaje del pintor Joseba Muruzábal a las abuelas de la Galicia rural y costera

El origen de una mitología propia: de Star Wars al campo de Lalín

Para entender cómo una vecina de noventa años termina flotando sobre una pandereta gigante como si fuera el Duende Verde o invocando criaturas mitológicas hechas de bivalvos, hay que rastrear el sentido del humor y el afecto con el que Joseba Muruzábal concibe su obra. El universo de Fenómenos do rural nació de una carambola creativa. El artista venía de realizar un encargo comercial bastante peculiar: pintar una hamburguesería móvil ambientada en La Guerra de las Galaxias, donde el maestro Yoda usaba la Fuerza para hacer levitar unas patatas fritas. Poco después, recibió una invitación para participar en una exposición colectiva dedicada al “cocido” (puchero) en la localidad de Lalín.

Fue en ese momento cuando las dos realidades hicieron clic en su cabeza. En lugar de recurrir a los tópicos habituales, Muruzábal pintó a una anciana del lugar pelando una papa que flotaba en el aire gracias a “La Fuerza”. El pintor transformó lo que tradicionalmente la cultura gallega podría catalogar como una meiga (una bruja del folclore local) en un caballero jedi de George Lucas.

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Abuelas superpoderosas que sostenían la economía familiar
Abuelas superpoderosas que sostenían la economía familiar

A partir de ese cuadro, la percepción del artista cambió por completo. Al recorrer las carreteras secundarias de Galicia, empezó a fijarse con fascinación en la cantidad de mujeres mayores que se cruzaban en su camino, incansables, cargando bultos pesados, desbrozando fincas o fumigando cultivos. Todas compartían una estética idéntica: el mandilón a cuadros. Muruzábal comprendió de inmediato que esa prenda era el “supertraje”, el uniforme indispensable que todo superhéroe necesita para salir a combatir la dureza del mundo. Así comenzó un proyecto que ya no solo buscaba la estética del impacto visual, sino rescatar la memoria histórica de una generación irrepetible que conoció la escasez, sacó adelante el país y, en plena vejez, se resiste a dejar de trabajar.

Las heroínas de la tierra y el mar: un catálogo de poderes domésticos

Cada mural que Yoseba MP plasma en la geografía gallega responde a una historia real. El artista no inventa los personajes: se sienta con las mujeres, conversa con ellas, escucha sus testimonios de emigración, las cartografías de sus pérdidas y las alegrías sencillas de su día a día antes de tomar la cámara de fotos y diseñar la composición. Su proceso creativo une la antropología local con la fantasía.

Superabuelas gallegas
Alimentando gallinas gigantes

El debut de esta serie en el espacio público ocurrió en el año 2016 durante el festival DesOrdes Creativas en la localidad coruñesa de Ordes. El pueblo está atravesado por la carretera N-550, una de las principales arterias de comunicación de la comunidad. El tramo previo a la villa es conocido popularmente como la “ruta do grelo (nabiza)”, debido a que las mujeres de la zona suelen apostarse en la orilla de la ruta para vender los excedentes de sus cosechas a los conductores que pasan. Tomando como referencia a Lola, la abuela de una amiga, y homenajeando con ironía la clásica película de serie B de los años cincuenta El ataque de la mujer de 50 pies, Muruzábal pintó A greleira de 50 pés, una gigante que domina el paisaje con sus hortalizas y que inauguró oficialmente el santoral de las superabuelas.

A greleira de 50 pés
A greleira de 50 pés

A este primer hito le siguió Balbina, a muller macroondas, situada en las paredes de un colegio del barrio compostelano de Fontiñas. La protagonista real, conocida en su entorno como “A carabela”, pasó la vida entera criando, sacrificando y desplumando pollos para la venta. En el código humorístico del mural, esa experiencia se tradujo en una habilidad asombrosa: Balbina es capaz de hacer levitar las aves y aplicarles un asado instantáneo mediante rayos calóricos que brotan directamente de sus ojos, imitando los poderes del mismísimo Superman.

Balbina, a muller macroondas
Balbina, a muller macroondas

En Carballo, capital de la comarca de Bergantiños y tierra célebre por la calidad excepcional de sus tubérculos, el artista se propuso hacer un homenaje a la agricultura local. Buscando una modelo, conoció a Elisa. Durante sus conversaciones, la anciana le habló con total naturalidad del “nitromón”, un fertilizante químico clásico que en su momento transformó la productividad del campo gallego. Fascinado por el relato y buscando una referencia visual potente, el pintor decidió reinterpretar el mito de Obélix. En el mural, rebautizado como Fina de Carballo, a muller nitromón, la anciana (llamada cariñosamente “Obelisa” por el autor) carga sobre su espalda una papa gigantesca con la misma facilidad con la que el personaje galo transportaba sus menhires.

Fina de Carballo, a muller nitromón, bautizada Obelisa, en alusión a Obélix
Fina de Carballo, a muller nitromón, bautizada Obelisa, en alusión a Obélix

El regreso a la tierra natal también tiene su espacio en esta pinacoteca a cielo abierto. En Cambre, el pueblo del propio pintor, se encuentra A cortesa de Cambre, a muller acróbata. La retratada en este caso fue una vecina que, junto a su marido, pasó años trabajando en Inglaterra. Al retornar a Galicia con los ahorros de toda una vida de emigración, la pareja montó un negocio local, el bar O Novo. Décadas después, en la terraza de su vivienda, la mujer todavía acumulaba las viejas garrafas de gas que utilizaba en el establecimiento. Muruzábal desechó la idea inicial que tenía para el mural al ver la estampa y decidió pintarla bajando la rampa de su casa haciendo equilibrismo sobre una de esas pesadas garrafas de butano y sosteniendo otra en vilo con una sola mano.

A cortesa de Cambre, a muller acróbata
A cortesa de Cambre, a muller acróbata

La diversidad del esfuerzo

El proyecto de Fenómenos do rural se despliega por toda la variedad paisajística y laboral del territorio. En la Costa da Morte, un litoral marcado por la bravura del Atlántico y el peligro constante, el artista pintó en la propia lonja de Muxía el mural dedicado a Claudina, a ninja das olas. Claudina encarna la dureza del marisqueo: trabajó recogiendo percebes entre las rocas desde los 15 hasta los 65 años, esquivando los golpes de mar. El mural la retrata saltando entre los acantilados con la agilidad atlética de Naruto, el famoso ninja de la animación japonesa. Como detalle significativo, la raspa —el instrumento de hierro utilizado para arrancar el marisco de la piedra— fue pintada originalmente en un tono dorado. Cuando un compañero de trabajo bromeó con ella diciéndole que el pintor le había puesto una herramienta de oro, Claudina sentenció con el pragmatismo que da la experiencia: “De ouro era, que moitos cartos me deu” (De oro era, que mucho dinero me dio).

Claudina, a ninja das olas
Claudina, a ninja das olas

La música tradicional, pilar fundamental de la identidad comunitaria gallega, tiene su reflejo en la obra ubicada en el instituto de Baio, en el municipio de Zas. A petición de la dirección del centro, que deseaba una pieza que rindiera homenaje a los ritmos propios de la comarca, Muruzábal contactó con las Pandereteiras de Muíño, un grupo de mujeres mayores custodias de cantos y bailes tradicionales que antiguamente animaban las “ruadas” (las reuniones dominicales donde el vecindario se juntaba para cantar tras las jornadas de cosecha). El mural resultante, titulado Regreso a foliada II, muestra a dos de sus integrantes en una persecución aérea de ciencia ficción. Lelucha surca los cielos subida a una pandereta que imita el aeropatín de Marty McFly en Regreso al futuro II, mientras que su compañera María planea a su lado controlando dos panderetas como si fuera el Duende Verde de los cómics de Spider-Man.

Regreso a foliada II
Regreso a foliada II

El feminismo del “fouciño” y la resistencia contra el fuego

Las historias que nutren Fenómenos do rural van más allá de la anécdota laboral, hablan de una forma de resistencia social y de una soberanía personal que se ejercía sin necesidad de discursos teóricos. Un ejemplo paradigmático es el de Soledad, cuya peripecia vital quedó registrada en Santiago de Compostela bajo el título Soledad, a Poppins do Sar. Fue la propia nieta de Soledad quien relató al artista el “feminismo de fouciño” (feminismo de hoz) que practicaba su abuela. Cuando era joven, durante las duras jornadas de la siega, un hombre intentó abusar de ella en el campo. Soledad no se amedrentó: empuñó la hoz que tenía en la mano para defenderse y paralizó al agresor.

Esa misma determinación la llevó, tras casarse, a transportar sobre su cabeza las ventanas de su nuevo hogar caminando durante trece kilómetros desde Ordes hasta Cabaleiros. El superpoder definitivo que inspiró el mural, no obstante, pertenecía a su vejez en Santiago. Soledad poseía un manejo tan preciso, casi coreográfico, del paraguas que era capaz de regresar de la compra completamente seca en medio de los temporales e intensas lluvias de la capital gallega, una destreza ante la cual, en palabras de los cronistas locales, palidecen las habilidades de los héroes de Marvel.

 Soledad, a Poppins do Sar
Soledad, a Poppins do Sar

Por otra parte, la serie también asume funciones de denuncia y concienciación medioambiental ante una de las mayores lacras que sufre el monte gallego: los incendios forestales. En O Couto (Ponteceso), el mural As cazalumes, brigada do machado funciona como una advertencia comunitaria. La composición visibiliza el incumplimiento habitual de las normativas de seguridad, que prohíben la plantación de eucaliptos a menos de cincuenta metros de las viviendas para evitar la propagación del fuego. En la ficción creada por Muruzábal, si un vecino detecta un árbol infractor, basta con que lo marque con una cruz roja en la corteza para que aparezca la brigada compuesta por Nieves, Paqui y Flora, tres abuelas armadas con hachas dispuestas a talarlo y proteger sus hogares.

As cazalumes, brigada do machado
As cazalumes, brigada do machado

Intimidad, marisqueo y el paso del tiempo

La relación que Joseba Muruzábal establece con sus modelos es uno de los aspectos más singulares del proyecto. Aunque muchas veces la sesión de fotos es rápida debido a las dinámicas del trabajo de campo, en otras ocasiones el proceso constructivo del mural impone una convivencia estrecha. Sucedió con Carmen, apodada Lady Falcón o Carmen da depuradora en As Pontes. Debido a complicaciones técnicas, el artista tuvo que cambiar la estructura de la obra y realizar varias sesiones fotográficas, lo que le permitió intimar con ella.

Al finalizar la obra, el pintor acabó almorzando en la casa de esta anciana de 95 años que vivía sola y aún conservaba la agilidad necesaria para dar la vuelta a la tortilla en el aire y una memoria lúcida que la convertía en una crónica viviente de la Galicia de principios del siglo XX. En el mural, Carmen aparece entronizada sobre un enorme depósito bicolor de agua —un elemento típico del paisaje constructivo gallego— sosteniendo una cesta llena de amanitas muscarias, haciendo alusión a la riqueza micológica de As Pontes.

Carmen da depuradora
Carmen da depuradora

El marisqueo a pie se reivindica en Arcade con la figura de Carmen a Zoca, a muller bivalvo. Carmen empezó a bajar a la playa a recoger almejas con apenas once años para ayudar a su madre. Aunque nunca pudo ir a la escuela, poseía un talento innato para el cálculo mental, lo que la llevó en 1958 a convertirse en intermediaria, comprando el marisco a sus compañeras para vendérselo a los distribuidores mayoristas. Su pasión por el mar era tal que continuó bajando a la arena bien pasada su jubilación. Una sanción administrativa menor por mariscar sin licencia a los 70 años truncó aquella rutina que era su vida. El homenaje de Yoseba MP fue elevarla a la categoría de divinidad clásica: la retrató con su cesta de almejas emergiendo de una gran concha marina, recreando de forma explícita El nacimiento de Venus de Botticelli.

Carmen a Zoca, a muller bivalvo. La marisquera retratada como la Venus de Botticelli
Carmen a Zoca, a muller bivalvo. La marisquera retratada como la Venus de Botticelli

La vejez indomable: ganchillo, bateas y tijeras de podar

En el tramo más reciente de la serie, los murales continúan rescatando soluciones creativas ante los achaques de la edad. En Quiroga, plena zona de la Denominación de Origen Ribeira Sacra, se encuentra Erundina, la protagonista de Erundina, vendimiadora sobre rodas. Erundina sufrió una rotura de cadera que limitó su movilidad, pero no su voluntad de hierro. Para poder seguir atendiendo sus tareas, adaptó varios carritos de la compra como andadores domésticos. Tiene toda una flota especializada: el carro grande para recoger leña, uno mediano para transportar hortalizas y el pequeño para pasear o ir a por agua. El pintor la retrató en su viñedo con su andador-carrito, destacando que la lesión no le impide continuar elaborando embutidos caseros o tejiendo ganchillo a diario.

Erundina, vendimiadora sobre rodas
Erundina, vendimiadora sobre rodas

Por su parte, Eugenia representa el trabajo en las estructuras flotantes de las rías: Eugenia e o dragón de batea. Al igual que su madre, Eugenia pasó su juventud trabajando sobre las bateas de la ría de Vigo, cultivando mejillones. En aquellos tiempos, antes de la generalización de las grúas mecánicas, las mujeres debían izar las pesadas cuerdas de mejillón a pulso, basándose en la pura fuerza de sus brazos. Su batea tenía la singularidad de ser la única de la ría que contaba con una pequeña caseta de madera para guarecerse del mal tiempo. En el mural, con el emblemático puente de Rande recortado al fondo, Eugenia aparece invocando a un colosal dragón oriental hecho enteramente de mejillones, un guiño directo al dragón Shenlong de la serie Dragon Ball.

Eugenia e o dragón de batea
Eugenia e o dragón de batea

Finalmente, en Verín, capital de la comarca de Monterrei, el lienzo urbano recuerda a Isabel en Isabel man de tixeira. Huérfana desde los quince años, Isabel tuvo que hacerse cargo del cuidado de su padre y de sus cinco hermanos menores. Casada muy joven, practicó la agricultura de subsistencia e intercambio antes de la modernización tecnológica de los años sesenta, que permitió la comercialización de excedentes. Su resistencia la llevó a seguir participando en las vendimias con más de ochenta años, plantándole cara al párkinson hasta que la enfermedad le impidió sostener las tijeras.

Isabel man de tixeira
Isabel man de tixeira

El impacto de un homenaje sin filtros artificiales

La recepción de Fenómenos do rural por parte de las comunidades locales confirma el acierto de la propuesta. El realismo técnico de las pinturas facilita una conexión inmediata con los vecinos, alejando la obra del hermetismo que a veces rodea al arte contemporáneo. La gente de la calle comprende perfectamente el código que propone Muruzábal. Al ver a estas ancianas gigantescas presidiendo las fachadas, los transeúntes no piensan en abstracciones, sino que identifican en ellas a sus propias madres o abuelas, activando un fuerte componente afectivo y de orgullo local. El éxito ha sido tal que el fenómeno ha traspasado las fronteras de Galicia, llamando la atención de medios de comunicación estatales y extranjeros, e incitando a que algunos vecinos se disfracen de las superabuelas durante las fiestas de Carnaval, tratándolas como las nuevas heroínas de una mitología popular y auténtica.

Frente a las representaciones tópicas y pintorescas que a menudo se han exportado del mundo rural, el proyecto de Joseba Muruzábal funciona como un espejo de justicia histórica. No busca la compasión ni la idealización bucólica, sino constatar una realidad incuestionable: que el bienestar actual de Galicia se cimentó en el sobreesfuerzo, el ingenio y las manos curtidas de una generación de mujeres vestidas con mandilón a cuadros que, sin saberlo, resultaron ser inmortales.

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