
El tobillo es una articulación clave para caminar: absorbe impactos, regula el equilibrio y genera la fuerza que impulsa el cuerpo hacia adelante.
Con el paso de los años, los músculos y tendones cambian, y el sistema nervioso coordina los movimientos de forma diferente.
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Investigadores de Australia revelaron que el envejecimiento altera de manera específica el control muscular del tobillo en cada fase del ciclo de la marcha y eso reduce la eficiencia al caminar y eleva el riesgo de caídas.

Esos cambios, según detallaron en la revista Gait & Posture, también explican por qué muchos adultos mayores caminan más despacio y se fatigan con mayor facilidad.
La investigación fue realizada por Cody Lindsay, Ceridwen Radcliffe y Maarten Immink, del Instituto de Futuros del Cuidado de la Universidad Flinders y del Instituto de Investigación en Deporte y Ejercicio de la Universidad de Canberra en Australia.
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Qué pasa en el tobillo

La mayoría de los estudios anteriores sobre la marcha en adultos mayores medían solo valores máximos puntuales, como el ángulo máximo del tobillo, y no analizaban qué ocurre a lo largo de todo el ciclo de la marcha. Eso dejaba sin respuesta cómo cambia el control muscular en cada momento del paso.
Además, muchos trabajos dividían a los participantes en grupos de edad fijos, lo que podía ocultar cambios graduales que ocurren de forma continua durante la vida adulta.
Tampoco integraban la actividad muscular con la mecánica de la articulación y las fuerzas del suelo al mismo tiempo.

Los investigadores de Australia buscaron llenar ese vacío al analizar cómo la edad afecta la actividad de dos músculos del tobillo —el tibial anterior, que levanta el pie, y el gastrocnemio, que lo impulsa hacia abajo— a lo largo de todo el ciclo de la marcha.
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Quisieron entender cómo esos cambios musculares se traducen en movimiento real y en la fuerza que el pie ejerce sobre el suelo.
Qué descubrieron al analizar los pasos

Los investigadores analizaron datos de 107 adultos sanos de entre 26 y 86 años que caminaron descalzos en un laboratorio a su velocidad natural.
Se registraron la actividad eléctrica de los músculos, los ángulos del tobillo, los momentos de fuerza —la fuerza que rota la articulación— y las fuerzas de reacción del suelo mediante cámaras de movimiento y plataformas especializadas.
Los datos fueron procesados con un método estadístico que analiza series de tiempo continuas, lo que permitió identificar en qué momento exacto del paso ocurren los cambios asociados a la edad. Este enfoque es más preciso que los métodos tradicionales basados en valores puntuales.
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Los resultados mostraron que, con la edad, ambos músculos se activan más al mismo tiempo durante las primeras fases del apoyo del pie en el suelo.
Esta co-contracción —activación simultánea de músculos opuestos— rigidiza el tobillo para mejorar la estabilidad cuando el sistema nervioso ya no procesa las señales sensoriales con la misma precisión.
Al mismo tiempo, la fuerza de impulso hacia adelante disminuye con la edad, y el tobillo no logra flexionarse hacia abajo con la misma potencia al final del paso.
Mayor actividad muscular no se traduce en mayor fuerza generada, lo que evidencia una pérdida de eficiencia en la conversión del esfuerzo nervioso en movimiento real.
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Los científicos recomiendan que las intervenciones para adultos mayores vayan más allá del entrenamiento de fuerza tradicional e incluyan ejercicios de coordinación neuromuscular y trabajo específico sobre los tendones.
También sugieren estudios futuros que midan la rigidez articular directamente y analicen el movimiento del tobillo en los tres planos del espacio, no solo en el plano sagital —el que separa el lado izquierdo del derecho del cuerpo—.
Por otra parte, advierten que la velocidad de marcha no se controló como variable independiente, lo que podría influir en los resultados del estudio. Señalan además que la señal eléctrica muscular registrada no permite comparar la magnitud absoluta de la activación entre músculos ni entre personas.
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Concluyeron que el envejecimiento produce cambios específicos en la mecánica del tobillo que reflejan tanto el deterioro estructural como estrategias de adaptación del sistema nervioso para mantener el equilibrio, a costa de una marcha menos eficiente y más fatigante.
Cómo prevenir caídas

En diálogo con Infobae, la médica Fabiana Giber, miembro de la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Geriatría y Gerontología (SAGG), explicó que la prevención de caídas en personas mayores requiere adaptar el hogar, incorporar ejercicio físico para fortalecer el equilibrio y revisar la medicación con un profesional.
También recomienda mantener los pasillos despejados, usar calzado antideslizante, instalar barandas en los baños y levantarse de la cama de forma pausada.
Aumentar la iluminación en pasillos, escaleras y baños, y usar luces nocturnas son las primeras medidas que señala la especialista. A eso se suma retirar alfombras, cables y muebles bajos que obstruyan el paso.
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En el baño, recomienda instalar barras de sujeción en la ducha y junto al inodoro, y colocar alfombras antideslizantes. Disponer los objetos de uso diario al alcance de la mano evita recurrir a taburetes o escaleras.
Giber sugiere practicar actividades que mejoren el equilibrio y la fuerza muscular, como tai chi, yoga o pilates. Recomienda “consultar al médico sobre medicamentos que puedan provocar mareos o somnolencia, y revisar la vista y la audición anualmente”.
Al despertar, “se aconseja sentarse en el borde de la cama unos minutos antes de ponerse de pie y usar zapatos cerrados con suela antideslizante”, dijo.
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Para las salidas, sugiere calzado con buen agarre, precaución en superficies irregulares o mojadas, y optar por mochilas o bolsos cruzados para mantener las manos libres.
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