
La muestra La ruta de los azulejos en el Museo de la Ciudad de Rosario propone un recorrido en el que los objetos de cerámica se presentan como accesos a la historia urbana y a la memoria de generaciones de rosarinos.
Según Ricardo Valquinta, director del museo, la exposición invita a los visitantes a reconstruir, a partir de fachadas, patios y zaguanes, la red social y arquitectónica que definió la vida cotidiana en la ciudad a lo largo del siglo XX.
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Entre el sábado y el domingo posteriores a la inauguración, más de 1.500 visitantes participaron de la muestra, cifra que revela la capacidad de estos objetos para activar un relato colectivo donde lo personal se entrelaza con la memoria pública.
La propuesta se desarrolla en cuatro salas con piezas traídas de Europa y otras fabricadas en Rosario, muchas de ellas producidas por familias y fábricas vinculadas desde finales del siglo XIX al desarrollo urbano.
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Entre los oficios representados se encuentran los maestros, artistas y artesanos migrantes, cuya experiencia y técnicas influyeron en la forma de las viviendas y espacios públicos entre 1880 y 1970. “Cuando uno recorre el centro de la ciudad de Rosario, se encuentra con fachadas que decís: ‘Esto lo vi en una fotografía en Francia o cuando estuve en Italia.’ Esa arquitectura es el resultado del trabajo y el conocimiento que estos maestros, artistas y artesanos aportaron aquí”, señaló Valquinta.
La muestra explora la historia urbana de Rosario y subraya cómo la memoria personal sostiene el reconocimiento del patrimonio arquitectónico. De acuerdo con Valquinta, “los objetos que exhibimos en nuestras salas son ese detonador del pensamiento, ese detonador del viaje en el tiempo”.
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Los azulejos como puente entre generaciones
El relato museístico se apoya en el diálogo con adultos mayores, principales portadores de recuerdos relacionados con espacios de la infancia como el zaguán, el patio y la galería. Durante los recorridos guiados, muchos visitantes reconocen en las baldosas y cerámicas fragmentos de su propia historia familiar. “Dicen: ‘Yo tengo el piso de la casa donde jugaba con mi abuela. Me acuerdo de la galería y del patio’”, contó el director.
Esta dinámica participativa constituye uno de los pilares del enfoque del Museo de la Ciudad de Rosario, permitiendo al público sumar sus experiencias al relato expositivo. Para Valquinta, la memoria oral resulta esencial para resignificar el acervo académico. “Cuando abrimos las puertas del museo no es pararnos en primera persona para contar, sino abrir las puertas para invitar a que la gente integre en el relato sus experiencias personales”, afirma.
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La perspectiva comunitaria se amplifica a través de iniciativas que conectan a los adultos mayores y a las nuevas generaciones. Entre ellas sobresale el programa Guías por un Día, que involucra a seniors como guías y el espacio dominical Bailamos y Recordamos, realizado junto a la Escuela de Adultos Mayores de la Municipalidad, donde el movimiento y la palabra facilitan el recuerdo y la transmisión oral. Valquinta resume el objetivo de estas propuestas: “Son los que establecen este diálogo intergeneracional con los visitantes”.
Saberes migrantes y transformaciones urbanas
La exposición documenta cómo los primeros materiales y técnicas llegaron de Europa a través del puerto de Rosario, generando una fusión de identidades reflejada tanto en la ornamentación residencial como en el nacimiento de factorías locales. El homenaje a familias productoras de baldosas y cerámicos —como Callaci y Winkler— pone en evidencia la continuidad entre la migración, el desarrollo fabril y el carácter arquitectónico de la ciudad.
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“Pasamos de factorías pequeñas como la familia Winkler a los Callaci, de Austria a Italia y de Italia a Alemania y a Francia, que se instalan aquí en Rosario para producir estos objetos que forman parte de la arquitectura de la ciudad”, puntualizó Valquinta.
En este marco, la muestra también destaca la importancia de conservar las huellas propias ante los procesos de homogenización urbana. Para el director, el museo opera como un espacio cuyos contenidos permiten a los rosarinos identificarse en los detalles inadvertidos de su entorno cotidiano.
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Información práctica de la muestra
La exposición está abierta al público en el Museo de la Ciudad de Rosario, ubicado en Oroño 2361, dentro del Parque de la Independencia, con entrada libre y gratuita. El horario de visita es de martes a viernes de 14:00 a 18:00, y sábados, domingos y feriados de 10:00 a 18:00.

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