
La obesidad está directamente relacionada con el riesgo de demencia de una persona. Incluso, según un estudio reciente, las probabilidades de desarrollar esa enfermedad pueden duplicarse si se tiene un índice de masa corporal (IMC) alto.
La novedad es que una nueva investigación reveló que que el impacto de la obesidad en el cerebro podría depender no solo de la grasa corporal total, sino también de dónde se almacena.
Un grupo de investigadores del Hospital Afiliado de la Universidad Médica de Xuzhou identificó dos nuevos patrones de distribución de grasa corporal que podrían acelerar el envejecimiento cerebral y aumentar el riesgo de deterioro cognitivo, según el estudio publicado en la revista Radiology. Este hallazgo desplaza la atención desde la cantidad total de grasa hacia la ubicación y el tipo de depósito, aspectos que emergen como determinantes clave para la salud cerebral, informaron los científicos.
El estudio, que analizó imágenes de resonancia magnética y otros datos de cerca de 26.000 personas del Biobanco del Reino Unido, detectó dos perfiles de acumulación grasa: “grasa pancreática elevada” y el perfil conocido como “delgado-gordo” o “grasa delgada”, que describe a personas que tienen una gran cantidad de grasa a pesar de no parecer obesas severas.

Ambos fueron los más fuertemente asociados con la pérdida de materia gris, un envejecimiento cerebral más rápido, el deterioro cognitivo y un mayor riesgo de enfermedades neurológicas. El equipo dirigido por el doctor Kai Liu, profesor asociado del Departamento de Radiología del Hospital Afiliado, señaló que estos patrones, identificados mediante resonancia magnética, podrían convertirse en indicadores tempranos de riesgo cerebral.
“Nuestro trabajo aprovechó la capacidad de la resonancia magnética para cuantificar la grasa en diversos compartimentos corporales, especialmente en los órganos internos, para crear un sistema de clasificación basado en datos, en lugar de subjetivo”, afirmó el doctor Liu. “La clasificación basada en datos descubrió inesperadamente dos tipos de distribución de grasa previamente indefinidos que merecen mayor atención”.
Los científicos analizaron datos de 25.997 participantes del Biobanco del Reino Unido, una gran base de datos que les permitió comparar los patrones de grasa corporal con medidas de salud cerebral.
El perfil de grasa pancreática elevada<b> </b>

Se caracteriza por una fracción grasa en el páncreas cercana al 30%, un valor dos o tres veces mayor al de otras categorías. “Este nivel es especialmente llamativo y tiende a acompañarse de un índice de masa corporal (IMC) más alto y mayor carga total de grasa corporal”, precisó el doctor Liu. Sin embargo, estos individuos no evidenciaron valores inusuales de grasa en el hígado, un patrón que a menudo pasa desapercibido en las evaluaciones clínicas convencionales.
“En nuestra práctica radiológica diaria, a menudo diagnosticamos hígado graso”, dijo el doctor Liu. “Pero desde la perspectiva de la estructura cerebral, el deterioro cognitivo y el riesgo de enfermedades neurológicas, el aumento de grasa pancreática debería reconocerse como un fenotipo de imagen potencialmente de mayor riesgo que el hígado graso”, advirtió.
El patrón “delgado-gordo”

Describe a personas que, pese a mantener parámetros tradicionales sin obesidad, cuentan con altos porcentajes de grasa corporal principalmente en el abdomen, pero con niveles bajos en el hígado y el páncreas. “Este grupo no corresponde a la imagen convencional de una persona muy obesa, ya que su IMC promedio solo ocupa el cuarto lugar entre todos los perfiles estudiados”, explicó el doctor Liu. Destacó además que una relación peso-músculo elevada, especialmente en hombres, caracteriza este patrón.
El doctor Liu señaló que se necesita más investigación para determinar cómo estos patrones pueden relacionarse con otros problemas de salud, como las enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
Los autores subrayan la importancia de identificar no solo la cantidad, sino el patrón de distribución de la grasa, para anticipar o detener la evolución de problemas cerebrales. Este reconocimiento temprano permitiría avanzar hacia intervenciones personalizadas para la salud cerebral y métodos de detección más eficaces.
Como explicó el doctor Liu: “La salud cerebral no se trata solo de cuánta grasa se tiene, sino también de dónde se acumula”.
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