
Una vivienda en el barrio Outer Sunset de San Francisco se anuncia por USD 990.000 y termina vendida por más del doble. La escena se repite cada semana en la ciudad, impulsada por una nueva clase de compradores: trabajadores de empresas de inteligencia artificial con opciones sobre acciones —el derecho a comprar participaciones de la empresa a un precio fijo, que se vuelve muy valioso si la compañía crece— que han convertido el mercado inmobiliario local en el más competitivo del país.
Al otro lado de la bahía, en Oakland, el alquiler promedio de un departamento de un cuarto ronda los USD 2.000 mensuales: exactamente la mitad de lo que cuesta en San Francisco. La brecha entre ambas ciudades es la más pronunciada que el mercado del Bay Area ha visto en años, y los expertos advierten que podría ampliarse aún más antes de que el ciclo alcista toque techo.
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Cifras que no tienen precedente
El precio mediano de USD 1,7 millones en San Francisco cuadruplica el promedio nacional de USD 440.600 registrado en junio por la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios. Entre abril y junio, 1 de cada 3 ventas en el Bay Area se cerró en efectivo, según Redfin, la plataforma inmobiliaria en línea más consultada de Estados Unidos. La oferta disponible cayó un 30% respecto del año anterior.
Los alquileres siguen la misma tendencia. Los departamentos de un cuarto subieron un 23% y los de dos cuartos, un 26% en el último año, de acuerdo con el informe de julio de Zumper. El alquiler promedio de un dos cuartos en San Francisco ya superó al de Nueva York.
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El comprador que dicta los precios
El agente inmobiliario John DiDomenico describió a CNN el perfil que domina el mercado: trabajadores de empresas de IA que compiten con empleados de Google, Apple y Meta por las mismas propiedades. En los últimos meses, las ofertas por encima del precio de lista superaron USD 1 millón en propiedades de alta demanda. DiDomenico puso una vivienda a la venta en USD 6,5 millones; se vendió por más de USD 8 millones.
Daryl Fairweather, economista jefe de Redfin, explicó a CNN por qué este ciclo es distinto al de los booms tecnológicos anteriores: estos trabajadores acumulan riqueza en empresas que aún no cotizan en bolsa, pero que están valuadas en cientos de miles de millones de dólares. Cuando ese dinero —en efectivo y en acciones— entra al mercado inmobiliario, compite por una oferta de viviendas que no crece al mismo ritmo. “En cierto sentido, es más extremo, porque es un grupo más pequeño el que sacude el mercado”, afirmó Fairweather. Cuando más dinero persigue menos casas, los precios suben.
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El agente Kevin O’Connor lo resumió ante ABC7/KGO: “El precio de lista es el precio de admisión. El precio real es el que está dispuesto a pagar el comprador más rico de la sala”.
Paul Belmonte, de 34 años, llegó desde Seattle para un empleo en biotecnología y encontró un departamento con control de alquiler por USD 3.250 mensuales. Su caso refleja el de miles de residentes que no trabajan en IA y quedan atrapados entre alquileres que suben y propiedades inalcanzables. Cuando intentó comprar, descubrió que las propiedades en su rango de precio se vendían muy por encima del valor anunciado. “Si pienso en el largo plazo, me estreso. ¿Cómo voy a poder hacer eso aquí?”, dijo a CNN.
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Oakland: la otra orilla
Eric Lozano lleva entre seis y siete años en la administración de propiedades del East Bay y afirma que nunca había visto una brecha de esta magnitud entre Oakland y San Francisco. El efecto de derrame de la bonanza tecnológica comienza a sentirse en Oakland, pero varios factores frenan su velocidad.
Uno de ellos es la disparidad interna entre los propios barrios de la ciudad. Las zonas residenciales de las colinas tienen precios muy distintos a los del centro urbano. “En las áreas más urbanas del centro todavía se pueden conseguir buenos precios en apartamentos, porque hay muchos edificios que en este momento están entrando en ejecución hipotecaria”, señaló Lozano a ABC7/KGO.
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Esa combinación de ejecuciones hipotecarias activas y menor presión de compradores de alto poder adquisitivo mantiene a Oakland en una categoría diferente, al menos por ahora.
La ola de salidas a bolsa que aún no llegó
Lo que viene podría ampliar la brecha de forma drástica. OpenAI y Anthropic tienen previsto realizar sus ofertas públicas iniciales —el proceso por el cual una empresa privada vende acciones al público general por primera vez— en los próximos meses. Cuando eso ocurra, miles de empleados de ambas compañías podrían convertirse en millonarios de un día para el otro y volcar ese dinero en el mercado inmobiliario.
El poder de compra potencial es enorme: según Redfin, esos trabajadores podrían reunir sus ganancias y adquirir teóricamente casi el 29% de todas las viviendas del área metropolitana de San Francisco. Al menos dos propiedades puestas a la venta esta primavera ya ofrecieron a los vendedores la posibilidad de aceptar acciones de ambas empresas como forma de pago.
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DiDomenico lo sintetizó ante CNN: “Esa expectativa ya lleva a algunos compradores a apresurarse y a algunos vendedores a postergar sus listados”, a la espera de precios más altos. O’Connor fue más directo aún ante ABC7/KGO: “No creo que haya un final a la vista, porque los verdaderos eventos de liquidez de la IA —las salidas a bolsa— todavía no han ocurrido”.
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