
La temporada de huracanes en el Atlántico de este año presenta un panorama inusual: se anticipa una actividad considerablemente inferior a la habitual en Florida, según el más reciente informe de la Universidad Estatal de Colorado (CSU). Los expertos mantienen su pronóstico de solo nueve tormentas con nombre, cuatro huracanes y apenas un huracán de gran intensidad, es decir, de categoría 3 o superior, en el periodo que culmina oficialmente el 30 de noviembre.
Estos datos incluyen las tormentas Arthur y Bertha, las únicas que han alcanzado nombre hasta la fecha. En contraste, una temporada promedio registra cerca de 14 tormentas, siete huracanes y tres de gran potencia, lo que subraya la diferencia respecto a años anteriores.
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El ajuste en las expectativas responde a un análisis actualizado de las condiciones oceánicas y atmosféricas predominantes. Mientras que en otras ocasiones el Atlántico ha visto cifras notablemente más elevadas, en 2026 la predicción apunta a una temporada marcadamente más tranquila. La cifra de cuatro huracanes y solo uno de gran intensidad representa poco más de la mitad del promedio histórico, lo que genera cierto alivio entre los residentes de las zonas habitualmente más expuestas, como Florida.
A pesar de este pronóstico favorable, el calendario marca la llegada de la etapa más crítica del año en materia de ciclones tropicales. El inicio de agosto supone un punto de inflexión: comienza el periodo de mayor riesgo para Florida y el resto de la región, de acuerdo con los registros históricos recopilados por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). Entre agosto y octubre se concentra el 78% de los días con tormentas tropicales, el 87% de los días con huracanes y el 96% de los días con huracanes de gran intensidad, lo que significa que, aunque la actividad prevista sea menor, el peligro tiende a intensificarse en los próximos dos meses.
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El primer huracán del año, en una temporada promedio, suele formarse alrededor del 11 de agosto, mientras que el primer ciclón de categoría 3 o superior suele aparecer hacia finales de agosto o principios de septiembre. La actividad ciclónica alcanza su punto máximo cerca del 10 de septiembre, lo que coloca a Florida al inicio de la fase más peligrosa del calendario, justo cuando las condiciones suelen favorecer la formación y fortalecimiento de estos sistemas.
Por tanto, el riesgo para el estado no desaparece, sino que se intensifica a corto plazo, a pesar de la menor cantidad total de ciclones prevista.
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La probabilidad de impacto directo sobre la costa continental de Estados Unidos también ha disminuido de manera significativa. Los científicos de la CSU han reducido la posibilidad de que al menos un huracán de gran intensidad toque tierra en cualquier punto de la costa a un 16%, muy por debajo del promedio histórico del 43% calculado entre 1880 y 2020.
Para la costa del golfo de México, desde el Panhandle de Florida hasta Brownsville, Texas, la probabilidad se sitúa en torno al 9%, frente a un promedio de 27%. Estos valores evidencian una reducción considerable del riesgo estadístico, aunque no permiten determinar con anticipación el lugar exacto de posible impacto ni descartar la amenaza para áreas específicas como Florida.
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Es importante subrayar que estos porcentajes no constituyen predicciones específicas sobre Florida, ni identifican dónde podría producirse un impacto. Los pronósticos estacionales se refieren a la actividad general en la cuenca del Atlántico y no pueden anticipar con varios meses de antelación la trayectoria de una tormenta determinada.
Florida, por su ubicación entre el océano Atlántico y el golfo de México, mantiene siempre una exposición particular. Una formación cerca del Caribe, las Bahamas o las aguas del golfo podría alcanzar el estado incluso en una temporada con baja actividad.
El principal factor detrás de la reducción en el pronóstico es el fortalecimiento de El Niño, un fenómeno caracterizado por temperaturas superiores al promedio en el océano Pacífico ecuatorial. Este fenómeno altera la circulación atmosférica global y favorece la presencia de vientos fuertes en diferentes niveles sobre el Atlántico.
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Ese contraste, conocido como cizalladura vertical del viento, tiende a desorganizar las tormentas, impidiendo que se conviertan en huracanes o que alcancen gran intensidad. Los investigadores han manifestado una elevada confianza en que El Niño continuará fortaleciéndose durante el periodo de mayor actividad ciclónica, que abarca desde mediados de agosto hasta mediados de octubre.
No obstante, una temporada menos activa no elimina el riesgo de emergencias graves. La cantidad total de tormentas no determina cuántas tocarán tierra ni la magnitud de sus daños.
Por ello, las autoridades insisten en que los residentes de Florida deben mantener sus preparativos habituales: revisar planes familiares de emergencia, verificar pólizas de seguro y conservar suministros básicos. El pronóstico estadístico ofrece cierto alivio, pero no garantiza una temporada exenta de peligros. Una sola tormenta puede transformar un año tranquilo en una emergencia de gran magnitud para el estado.
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