La fecha límite para retirar el nombre de Donald Trump del Kennedy Center ya está fijada: el 12 de junio. La instrucción fue emitida por la asesoría jurídica del propio centro mediante un memorando interno, en cumplimiento del fallo del juez federal Christopher Cooper, quien determinó que la junta no tenía facultades para modificar la denominación original de la institución.
El personal debe reemplazar toda documentación, señalización y soportes físicos y digitales antes de ese plazo, y devolver la identidad oficial a “The John F. Kennedy Center for the Performing Arts”.
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El fallo judicial estableció que la junta directiva excedió los límites de su autoridad al modificar el nombre y dejó en claro que el recinto solo puede ser rebautizado mediante una decisión del Congreso, lo que descartó homenajes unilaterales.
La determinación también obligó a revisar el plan de cierre del edificio, inicialmente previsto para iniciar el 5 de julio, con una remodelación valuada en USD 257 millones.
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El mandato incluyó la retirada del nombre presidencial de toda señalización interna y externa, además de papelería institucional, cuentas oficiales y firmas electrónicas.
Según la instrucción interna divulgada por CBS News, la sustitución debe quedar completada antes del próximo viernes, fecha en la que ningún elemento oficial podrá conservar la denominación impugnada.
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El fallo judicial y las consecuencias para el futuro del Kennedy Center
La decisión del juez Cooper respondió a una demanda presentada por la congresista Joyce Beatty, quien forma parte de la junta de fideicomisarios.
El magistrado dictaminó que la ley fundacional del centro prohíbe explícitamente cualquier añadido al nombre de John F. Kennedy sin intervención del Congreso, por lo que la junta violó ese precepto al aprobar la modificación en diciembre.
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En cuanto al cierre temporal del centro, la resolución no descartó una clausura futura para realizar obras, pero exigió que la junta analice de manera independiente sus obligaciones legales y la continuidad de la programación cultural.
El tribunal no impuso un plan concreto y aclaró que su función es garantizar el cumplimiento estricto de la ley, dejando en manos de la institución las decisiones administrativas posteriores.
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La reacción institucional y el impacto en la vida cultural del centro
Tras la orden judicial, la dirección del centro no emitió declaraciones inmediatas. Un memorando interno informó que las autoridades todavía evaluaban sus alternativas y que en breve comunicarán cómo se organizarán las actividades después del 5 de julio, fecha prevista para el inicio de las obras de remodelación.
El episodio tuvo repercusiones en la vida cultural del Kennedy Center. Después de aprobarse el nuevo nombre en diciembre, varios artistas suspendieron sus actuaciones previstas y el director ejecutivo de la National Symphony Orchestra renunció para buscar nuevas oportunidades profesionales.
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En paralelo, expertos en derecho y legisladores advirtieron que cualquier cambio de denominación requería la intervención del Congreso, no de la junta.
El contexto reciente, ampliado por la cobertura de CNN en Español, indicó que la decisión de la junta de añadir el nombre de Trump derivó en tensiones internas y caída en la venta de entradas.
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Los próximos pasos del centro, tanto en cuanto a la continuidad de su programación como al desarrollo de las obras, dependerán de la evaluación legal y administrativa que realicen sus autoridades, en un entorno marcado por la supervisión judicial y la presión pública para preservar el legado institucional de Kennedy.
Un memorial que nació del duelo nacional y marcó a Washington
Durante más de medio siglo, el Kennedy Center fue el principal recinto de Washington para la música, la danza, el teatro y la ópera, y acogió actuaciones de Aretha Franklin, Leonard Bernstein y otros artistas, según datos de The New York Times.
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Fue concebido como un gran centro de artes escénicas en la capital y el Congreso lo designó como el Centro Cultural Nacional en 1958, aunque la construcción se retrasó durante años por resistencias a financiarla.
En 1962, el presidente John F. Kennedy y la primera dama Jacqueline Kennedy encabezaron una campaña de recaudación de fondos.
Al año siguiente, Kennedy firmó una ley que extendió el plazo para esa recaudación. Tras su asesinato en noviembre de 1963, el Congreso votó convertir el centro en un monumento conmemorativo y, en diciembre de 1964, comenzaron las obras del complejo, que pasó a llamarse Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas.
El centro abrió sus puertas en 1971 con una representación de Misa de Bernstein, una obra que la viuda de Kennedy encargó para la ocasión.
Diseñado por el arquitecto Edward Durell Stone y situado a orillas del río Potomac, el edificio se consolidó como uno de los espacios más concurridos de Washington, según The New York Times.
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