El futuro de casi 350.000 haitianos en Estados Unidos dependerá de la decisión que tome la Corte Suprema este 29 de abril, cuando el gobierno de Donald Trump justifique públicamente la finalización del Estatus de Protección Temporal (TPS), mientras persisten la violencia y la crisis humanitaria en Haití, según el USA Today.
Esta situación no es nueva: la historia de la diáspora haitiana está marcada por siglos de exclusión, estigmatización y controles migratorios dirigidos desde Washington.
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La causa judicial, en la que se debate el futuro legal de aproximadamente 1,3 millones de personas de más de 12 países protegidas por el TPS, se nutre de antecedentes que distinguen al grupo haitiano en el contexto migratorio estadounidense. Según el Migration Policy Institute, centro de análisis migratorio estadounidense, en 2022 residían menos de 1 millón de inmigrantes haitianos en Estados Unidos.
Sin embargo, tanto administraciones republicanas como demócratas los convirtieron durante medio siglo en objetivo frecuente de deportaciones y campañas políticas. Esta frecuencia, subraya el medio, es relevante frente a otros colectivos migrantes de mayor número.
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En términos concretos, la cancelación del TPS privaría a cerca de 350.000 haitianos del permiso para vivir y trabajar legalmente en el país, una cifra respaldada por los documentos judiciales citados por USA Today.
Qué implica el fin del TPS para la comunidad haitiana
El asunto cobra una dimensión mayor cuando se contrasta con la postura oficial de la administración Trump. La portavoz de la Casa Blanca, Abigail Jackson, declaró al medio que el TPS “nunca fue concebido como un camino hacia la residencia permanente”.
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Esta visión oficial omite, denuncian activistas, la persistente gravitación de la violencia, el hambre y la inestabilidad institucional en Haití, constatadas en informes de Human Rights Watch, organización internacional de derechos humanos, y del Departamento de Estado.
El discurso desde la Casa Blanca incluye expresiones públicas de Donald Trump que, según líderes comunitarios y organizaciones de derechos humanos, reforzaron imágenes negativas sobre la población llegada desde Haití.
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El presidente, en reiteradas ocasiones, identificó a ese país y a otros africanos como shithole countries (países de mierda) y difundió afirmaciones infundadas al señalar que los haitianos “probablemente tienen SIDA”.
En una publicación de Truth Social, red social fundada por Donald Trump, del 9 de abril, Trump compartió un video en el que señala a un inmigrante haitiano como presunto responsable de un homicidio, lo que, según declaraciones oficiales, justificaba una amenaza para la seguridad nacional.
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En el contexto específico de la política migratoria reciente, USA Today documenta que, en enero pasado, entró en vigor una prohibición de viaje impulsada inicialmente por Kristi Noem en su etapa como secretaria de Seguridad Nacional bajo Trump.
Este veto afectó a más de 12 países protegidas por el TPS de mayoría negra, incluidos Haití, bajo el argumento de impedir la llegada de “asesinos, sanguijuelas y adictos a los subsidios”, términos usados públicamente por Noem en diciembre.
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Historia de la política migratoria hacia Haití
Para la comunidad haitiana, la asimilación de este discurso oficial se suma a una larga historia de rechazo y persecución institucionalizada. Guerline Jozef, directora de la Haitian Bridge Alliance, recordó a USA Today que la relación conflictiva se remonta dos siglos atrás.
Jozef aseguró que el gobierno de Estados Unidos, en el siglo XIX, tardó décadas en reconocer oficialmente a Haití, nación fundada tras la sublevación de esclavos contra el dominio francés.
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Además, agregó que el diseño de sistemas de detención migratoria masiva tuvo a los haitianos como protagonistas, especialmente durante la presidencia de Ronald Reagan, cuando quienes huían de la dictadura apoyada por Washington eran interceptados en el mar y enviados a centros de detención en Florida o Guantánamo.
Según USA Today, en la era contemporánea, gobiernos de distinto signo perpetuaron la tendencia a dificultar el ingreso de solicitantes haitianos de asilo. Bajo Barack Obama se implementó la política de “metering” en la frontera con México, límite también reforzado bajo el gobierno de Joe Biden, que permitió la permanencia de familias haitianas en campamentos precarios dentro del territorio texano.
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Reacciones y voces de la diáspora haitiana
La batalla judicial emprendida por cinco beneficiarios haitianos del TPS —una aspirante a neurocientífica, un ingeniero de software y una enfermera registrada, entre otros— argumenta que la decisión de la administración Trump privilegia a inmigrantes blancos y discrimina a quienes provienen de países de mayoría negra.
Ellos aseguran que la actual situación en Haití, según los informes del Departamento de Estado, no ampara una deportación masiva: Estados Unidos mantiene un nivel cuatro de alerta máxima y, desde el 16 de abril, recomienda a sus ciudadanos no viajar allí bajo ningún motivo.
Vuelos comerciales a Puerto Príncipe permanecen suspendidos, y solo continúan vuelos mensuales de deportación, según la información oficial revisada por USA Today.

Para líderes de la comunidad haitiana como Renold Julien, director del centro Konbit Neg Lakay en Rockland County, Nueva York, la valoración colectiva de la diáspora suele estar afectada por prejuicios y no por los logros observados en generaciones recientes. “Somos personas honestas, trabajadoras y creemos en la educación. Por eso nuestros hijos se convierten en parte fundamental de la sociedad. Son médicos, abogados, jueces, profesores, enfermeros”, expresó Julien a USA Today.
El efecto de estas decisiones normativas produce un impacto sobre miles de familias. Evan Auguste, profesor adjunto de psicología en la City University of New York, coordina un grupo de apoyo para haitianos que enfrentan lo que define como un “efecto yo-yo” propio de la inestabilidad de las políticas migratorias.
“La gente describe cómo echa de menos su tierra, el aire, el océano y el contacto con los suyos. Si pudieran, construirían una Haití hermosa. Estas políticas dificultan profundamente esa posibilidad”, detalló.
Travesía y desplazamientos actuales
El mes pasado, el exjuez de inmigración Jeremiah Johnson, cesado durante la administración Trump, documentó en Tapachula el paso masivo de migrantes haitianos que intentaban reunirse en Ciudad de México o salir rumbo a Canadá.
Según relató a USA Today, cerca de 2.000 haitianos se reunieron en un parque y partieron bajo la lluvia para iniciar el trayecto de aproximadamente 1.100 km hacia la capital mexicana. El video que compartió muestra cómo los migrantes usaban ponchos de plástico y llevaban sus pertenencias en bolsas.
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