
Vivir en Nueva York se ha convertido en un desafío económico creciente para miles de familias, sobre todo inmigrantes y latinas, que enfrentan el aumento sostenido de costos en vivienda, cuidado infantil y otros servicios esenciales.
De acuerdo con un reciente informe elaborado por el think tank estadounidense Manhattan Institute, la presión sobre los hogares se intensificó tras la pandemia, impulsando a muchos residentes a buscar alternativas en otras ciudades del país, donde el costo de vida es más accesible y existen redes comunitarias más robustas.
Entre 2020 y 2023, la ciudad experimentó una reducción del 18 % en la población menor de cinco años, según el análisis desarrollado por Connor O’Brien y Liena Zagare, investigadores principales de Manhattan Institute.
Esta caída preocupa a los expertos porque la población infantil es clave en la renovación demográfica y la proyección a futuro de la ciudad: implica menos personas que sostendrán la economía, menos alumnos para las escuelas y una base fiscal debilitada.
El documento destaca que las familias inmigrantes, tradicionalmente el soporte demográfico de Nueva York, ahora optan por mudarse a estados del sur o ciudades intermedias, motivadas por precios de vivienda y servicios mucho menores.
El informe “Construyendo ciudades amigables para las familias: Principios para revertir el éxodo familiar urbano”, elaborado bajo la coordinación de O’Brien y Zagare, expone que este éxodo impacta directamente en el equilibrio urbano: la fuga de familias jóvenes debilita la base tributaria e instituciones comunitarias, dificultando la reposición de capital social para el futuro.
El costo de la vivienda es identificado como uno de los principales factores detrás de estas salidas. Manhattan Institute documenta que, en los últimos 25 años, los precios de apartamentos de tres habitaciones aumentaron un 60 %, crecimiento que ha superado ampliamente el ritmo de construcción de nuevas unidades.
Entre 2009 y 2018, de acuerdo con los datos del informe obtenidos a partir de estadísticas municipales y censales, por cada 3,6 empleos generados, solo se construyó una nueva vivienda. Esto ha dejado a las familias de ingresos medios en una posición difícil: no acceden a subsidios, pero tampoco les alcanza para cubrir plenamente vivienda y cuidado infantil.

A las dificultades habitacionales se suma el elevado costo del cuidado de los niños. El estudio de O’Brien y Zagare calcula que el gasto anual por niño en servicios de guardería asciende a USD 15.000, un monto que en muchos casos supera incluso la renta mensual.
Los programas públicos de apoyo presentan cupos limitados y estrictos requisitos de ingreso, por lo que numerosas familias quedan fuera de la cobertura oficial.
El informe advierte también que la pérdida de familias con hijos no solo afecta números demográficos: significa la salida de futuros contribuyentes y líderes vecinales.
Destaca el documento: “Las familias son esenciales para la estabilidad urbana: invierten en las escuelas, apoyan a las instituciones del vecindario y constituyen el pilar de la vida cívica. Su partida es un indicador temprano de declive”, sintetizan O’Brien y Zagare en Manhattan Institute.
Las autoridades de Nueva York intentaron revertir el fenómeno mediante reformas de zonificación y la ampliación de programas de educación preescolar.
Sin embargo, los autores y analistas coinciden en que muchas medidas no responden a las necesidades más urgentes de las familias, ya que persisten carencias en la oferta habitacional, servicios de cuidado adecuados y confianza en la red escolar y de seguridad.
Familias inmigrantes y de clase trabajadora viven el dilema de permanecer en una ciudad con oportunidades laborales, pero con gastos que superan con creces los ingresos, o mudarse a otras regiones en busca de un entorno más viable.
Alejandro Zamora, inmigrante colombiano y ayudante de cocina, detalla que aunque percibe USD 17 la hora, tras los descuentos fiscales solo recibe cerca de USD 2.400 al mes. Esta cifra, destaca, no cubre una renta que puede alcanzar fácilmente los USD 2.500.
“La matemática no cuadra. Si no tuviera a mi esposa, no podríamos mantenernos a flote”, señala Zamora, quien contempla mudarse a Carolina del Norte como alternativa.
El relato de Edilma González, quien se trasladó a Chattanooga, Tennessee, refleja el alivio común entre quienes dejan la ciudad. Aunque admite que extraña Nueva York, relata que la presión constante por sobrevivir económicamente desapareció tras mudarse. “Me duele todavía saber que en la ciudad más rica del mundo, la gente del común, como mi familia y yo, batallamos demasiado para poder sobrevivir. Tristemente allá no se vive”, remarca en diálogo con Manhattan Institute.
Motivos del éxodo y desafíos urbanos

El trabajo del Manhattan Institute identifica cuatro factores principales en este proceso: insuficiencia de viviendas adecuadas, carencia de servicios de cuidado infantil accesibles, calidad desigual en las escuelas y dificultades persistentes de seguridad.
El informe recomienda a las autoridades centrar las políticas urbanas en el desarrollo de viviendas funcionales y asequibles, ampliar la oferta de cuidado infantil y garantizar entornos educativos y comunitarios confiables.
La dimensión del problema es aún mayor si se considera que la reducción de población infantil afecta la planificación urbana, la financiación de la educación pública y la viabilidad futura de los servicios municipales: menos estudiantes implican menos recursos, pero también debilita la base fiscal y el atractivo para nuevos habitantes.
Estrategias y recomendaciones de política pública

O’Brien y Zagare plantean la urgencia de una intervención conjunta entre los gobiernos local y estatal para revisar políticas de zonificación y subsidios, incentivar la construcción de viviendas familiares y mejorar la infraestructura social.
Entre las propuestas, el informe sugiere crear incentivos fiscales para desarrolladores que apuesten por proyectos habitacionales familiares y simplificar los trámites para acceder a ayudas en cuidado infantil.
Ambos especialistas advierten que, sin una transformación estructural que aborde estos ejes, grandes ciudades como Nueva York continuarán perdiendo los hogares que sostienen su futuro económico y social. La prioridad, insisten, es implementar acciones públicas que permitan a las familias asentarse y progresar, reforzando el entramado social que define el carácter de la ciudad.
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