
Las cifras que definen el ingreso anual para pertenecer a la clase media-alta en Estados Unidos han cambiado, aunque este aumento no siempre implica mayor prosperidad. Según el American Enterprise Institute, una familia de tres entra en este grupo si gana entre USD 133.000 y USD 400.000 al año, excluyendo propiedades o inversiones.
En 1979, solo el 10 % de los hogares estadounidenses pertenecía a este segmento, mientras que en 2024 la proporción alcanzó 31 %, de acuerdo con el estudio de Stephen Rose y Scott Winship para el American Enterprise Institute.
Este avance refleja cambios en los patrones de ingreso familiar en el país. Actualmente, para ser parte de este estrato, una familia de tres personas necesita al menos USD 133.000 al año; superar los USD 400.000 sitúa a los hogares en la categoría de altos ingresos.
Sin embargo, la percepción de bienestar económico no siempre acompaña estos niveles, debido al impacto de la inflación y el costo de vida.
A pesar del aumento de este grupo, la sensación de prosperidad se ha visto limitada por el encarecimiento de vivienda y educación. Una encuesta del diario financiero estadounidense Wall Street Journal en 2025 mostró que apenas el 25 % de los estadounidenses cree que podrá mejorar su nivel de vida, el valor más bajo en casi 40 años, lo que revela preocupación financiera incluso en quienes han ascendido en la pirámide de ingresos.
El umbral de la clase media-alta y la percepción de bienestar

Para ingresar a esta franja, una familia promedio de tres integrantes debe ganar al menos USD 133.000 al año; quienes superan los USD 400.000 son considerados de altos ingresos, según la metodología de Rose y Winship para el American Enterprise Institute. No obstante, estos salarios elevados no aseguran una sensación de riqueza.
Randy Shilling, ingeniero petrolero de 58 años y residente en Houston, relató a Wall Street Journal que, aunque ha acumulado más de USD 3 millones en ahorros para el retiro, no se siente diferente al estadounidense promedio: “No necesito un auto lujoso ni la mejor televisión”. Shilling se define como clase media, pese a haber superado sus expectativas iniciales.
Gabriel Martínez, empleado del sector tecnológico, percibe USD 180.000 al año, cifra muy superior a los menos de USD 40.000 que ganaba su padre en Texas. Martínez y su esposa debieron afrontar más de USD 100.000 en préstamos estudiantiles para acceder a mejores empleos y estabilidad. La movilidad social, según Martínez, también implica asumir nuevas presiones económicas.
Cambios en la estructura de ingresos y nuevos retos económicos

El crecimiento de la clase media-alta ha reducido la proporción en los tramos de menor ingreso y aumentado la cantidad de familias de ingresos altos. El centro de estudios demográficos Pew Research Center define como hogares de ingresos altos a los que superan USD 200.000 anuales para familias de tres personas, más del doble del ingreso medio nacional.
El investigador de Pew, Richard Fry, explicó a Wall Street Journal: “Todos están mejor, pero los hogares de mayores ingresos están especialmente mejor”. Esta mejora se asocia al alza en el valor de viviendas y al buen desempeño del mercado bursátil, que ha favorecido a quienes ya contaban con ventajas económicas previas.
En términos agregados, la proporción de estadounidenses en situación de pobreza o cerca de ella cayó del 30 % en 1979 al 19 % en 2024, según el American Enterprise Institute. No obstante, el ingreso real ha sido afectado por la inflación: desde 2017, el ingreso promedio subió un 43 %, pero la vivienda aumentó un 81 % y los alquileres un 54 %, lo que ha erosionado el poder adquisitivo.
Un informe del centro de investigación en políticas públicas Urban Institute señala que el 49 % de los estadounidenses carece de ingresos suficientes para cubrir el costo real de vida en sus comunidades. El acceso a la educación también resulta clave: muchos estadounidenses deben endeudarse para financiar estudios superiores y acceder a mejores viviendas.
El impacto de la inflación y las deudas en la percepción de prosperidad

Tener mayores ingresos no asegura una mejora proporcional en la calidad de vida. El aumento de los costos en vivienda, salud y educación limita la sensación de progreso económico entre quienes integran la clase media-alta.
Los testimonios de Shilling y Martínez muestran que, pese a la movilidad social y los ahorros, la satisfacción económica está condicionada por gastos recurrentes y la volatilidad del entorno financiero.
Según el American Enterprise Institute, la expansión de la clase media-alta indica una mayor prosperidad relativa, pero la estabilidad y el bienestar siguen sujetos a la inflación, los altos costos de vida y la necesidad de endeudarse para acceder a oportunidades.
Las cifras y testimonios obtenidos por The Wall Street Journal evidencian que el crecimiento de los ingresos no siempre se traduce en una mayor sensación de seguridad o bienestar para quienes forman parte de este segmento de la sociedad estadounidense.
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