
Con la llegada de la primavera a Nueva York, los cerezos se transforman en uno de los principales atractivos naturales de la Gran Manzana, especialmente visibles en Central Park. Quienes desean una perspectiva más sorprendente pueden optar por el teleférico de Roosevelt Island, que ofrece una vista aérea del dosel rosa y blanco que a menudo pasa desapercibido para la mayoría.
Este medio de transporte se desliza paralelo al puente Queensboro, y la cabina alcanza los 76 metros de altura, brindando una panorámica de 360 grados del horizonte de Manhattan y de las orillas sembradas de cerezos. Aunque el trayecto únicamente dura de cuatro a cinco minutos, otorga una visión geográfica singular de la isla.
Cómo ver los cerezos desde las alturas en Nueva York
Los amantes de la primavera encuentran en el teleférico de Roosevelt Island una opción privilegiada para admirar la floración de los cerezos desde el aire. Las cabinas atraviesan el East River, permitiendo a los visitantes registrar imágenes únicas del manto floral que colma la isla y el parque.
La ubicación y altura convierten a este recorrido en un favorito para quienes buscan captar la magnitud del fenómeno natural que acontece cada año en la ciudad.
Tarifas y condiciones del Tranvía de Roosevelt Island
Desde el 4 de enero de 2026, la tarifa para el Tranvía de Roosevelt Island es de USD 3 por trayecto, igualando el costo del metro o el autobús en Nueva York. El pago se puede efectuar con la MetroCard, el sistema OMNY, tarjetas bancarias o dispositivos móviles habilitados para pago sin contacto.
Hasta tres menores de 112 centímetros (44 pulgadas) pueden viajar gratis si están acompañados por un adulto que pague la tarifa. Además, quienes posean MetroCard ilimitada o hayan alcanzado el tope semanal de OMNY pueden viajar sin costo adicional.

Historia de los cerezos en Nueva York y Washington
La llegada de la primavera en Washington, D.C. se celebra cada año con el Festival de los Cerezos en Flor (National Cherry Blossom Festival), cuando los cerezos rosados del National Mall y la Cuenca Tidal cubren de flores la ciudad.
La presencia de los cerezos en Estados Unidos está ligada a una época en la que la agricultura local experimentaba una apertura a especies internacionales. David Fairchild, investigador de alimentos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), fue responsable de introducir plantas y frutas exóticas como los mangos de la India, duraznos de China y aguacates de Chile.

En 1902, Fairchild conoció los sakura, cerezos en flor de Japón, y encargó 125 para el jardín de su casa en Chevy Chase, Maryland. El propietario de un vivero en Yokohama aceptó el pedido a un precio reducido: solo 10 centavos por árbol. En 1906, los árboles florecieron por primera vez y, ante la curiosidad que despertaron, Fairchild encargó 300 ejemplares adicionales para obsequiar a la ciudad.
Años después, el presidente Theodore Roosevelt quería decorar la capital del país. Helen Taft, la primera dama, opinaba que los cerezos en flor serían una solución estética para las orillas del Potomac, frecuentemente anegadas. El presidente William Taft compartía ese criterio y vio, además, una oportunidad diplomática para fortalecer la relación con Japón.

La colaboración se desarrolló oficialmente en 1909, cuando el alcalde de Tokio envió un primer lote de 2.000 árboles jóvenes a Washington. Sin embargo, debido a que las raíces eran demasiado cortas y los árboles presentaban plagas, los entomólogos del Departamento de Agricultura ordenaron su incineración en la Explanada Nacional para evitar la propagación de enfermedades exóticas.
No fue hasta la llegada de un segundo envío de 3.020 árboles adultos y sanos que la plantación pudo forjarse. El momento inaugural tuvo lugar el 27 de marzo de 1912. Helen Taft plantó el primer árbol en el parque West Potomac, acompañada por la esposa del embajador japonés, quien colocó el segundo. Fairchild también participó del acto, según detalla la revista científica National Geographic.

En apenas dos primaveras, los cerezos ganaron la admiración del público estadounidense y motivaron una respuesta diplomática: Estados Unidos envió a Japón ejemplares del árbol autóctono Cornus florida, conocido como cornejo florido, como gesto recíproco de buena voluntad.
La longevidad limitada de los sakura ha causado que la mayoría de los árboles actuales sean descendientes de plantaciones renovadas periódicamente. Sin embargo, la conexión simbólica entre Washington D.C. y los cerezos continúa reflejando cómo la diplomacia y la iniciativa personal transformaron el paisaje urbano, con figuras como David Fairchild, Eliza Scidmore y Helen Taft presentes en la crónica, según la revista científica National Geographic.
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