
Un número creciente de población de edad avanzada está eludiendo los destinos tradicionales de retiro como Florida para mudarse a Nueva York, una tendencia impulsada tanto por el deseo de cercanía familiar como por la oportunidad de reanudar proyectos personales y conectar con nuevas generaciones. Lejos de dejarse intimidar por los altos costos o los desafíos logísticos de la ciudad, estos recién llegados redefinen la experiencia de envejecer, contribuyendo a una transformación demográfica, según reportó el medio The New York Times.
De acuerdo con un análisis de datos censales realizado por John Mollenkopf, profesor de ciencia política y sociología en el Centro de Graduados de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, en 2023 se contabilizaron 15.705 personas de 65 años o más que se trasladaron a la ciudad. Esta cifra representa un aumento de 40% respecto a 2019, revelando una aceleración notable en el movimiento migratorio de adultos mayores.
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El perfil de los nuevos habitantes: recursos, motivaciones y cifras
Aunque los recién llegados mayores aún son superados en número por quienes abandonan la ciudad —con 22.355 adultos mayores emigrando en 2023 hacia destinos más cálidos y accesibles—, para sectores acomodados, Nueva York se muestra como una alternativa vital frente a la vida en suburbios o comunidades exclusivamente para jubilados.
La tendencia involucra principalmente a la generación baby boomer y las razones de esta migración son múltiples. Muchos eligen estar cerca de sus hijos para brindar apoyo familiar, especialmente con los nietos. Otros buscan acceso a servicios médicos de alta calidad, la comodidad de prescindir del automóvil y una mayor oferta cultural.
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Uno de los nuevos residentes neoyorquinos es Bob Krinsky, de 65 años, quien dejó San Francisco tras el fin de su matrimonio de tres décadas. Eligió mudarse a Williamsburg, Brooklyn, donde vive en un apartamento de dos habitaciones con vistas panorámicas a Manhattan y paga casi USD 11.000 mensuales de alquiler. Krinsky, director de una consultora de estrategia sanitaria, afirmó a The New York Times: “Soy un hombre de 35 años atrapado en un cuerpo de 65. Me alimento de la energía de este lugar y creo que mi energía juvenil contribuye a ello y se nutre de ella”.
Otros optan por comprar propiedades tras vender sus casas suburbanas. Suzy Curley, de 79 años, se mudó desde Texas a un departamento de USD 1,5 millones en Greenwich Village después del fallecimiento de su esposo. Ahora toma clases de ballet y arte, recorre museos y teatros, y utiliza el metro para moverse por la ciudad. “Casi todos los días, en la calle, me digo en voz alta: ‘No puedo creer que pueda vivir aquí’”, relató Curley al medio neoyorquino.
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En Brooklyn, Amy y Paul Silverman protagonizan una historia similar. Tras experimentar dificultades para acceder a servicios sanitarios de calidad y sentirse aislados en Carolina del Norte, vendieron su casa en 2024 y adquirieron un apartamento de USD 2,3 millones en Boerum Hill, a tan solo 2.200 pasos de la familia de su hijo. Paul Silverman expresó: “Muchos de nuestra edad han ahorrado. Si puedes hacerlo, en lugar de un crucero, ¿por qué no invertir en una forma de vida que te recompense a diario, cada hora, con una ciudad de clase mundial a tu alcance?”.

Aunque algunos mayores pueden permitirse mudarse a Nueva York, la mayoría enfrenta una realidad distinta. El Center for an Urban Future estima que cerca de uno de cada cinco adultos mayores en la ciudad vive en situación de pobreza. Los altos precios de la vivienda y el costo de la vida limitan el acceso a este estilo de vida: los Silverman, por ejemplo, desistieron de pedir comida a domicilio tras abonar USD 100 por una cena para dos. Este nivel de gastos vuelve inaccesible la opción neoyorquina para muchos con ingresos fijos o pensiones limitadas.
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Sociabilidad intergeneracional y nuevos estilos de vida
La llegada de estos adultos mayores genera interacciones con generaciones más jóvenes. Krinsky, apodado jocosamente “chief vibes officer” (director de la buena energía) de su club de corredores, cuyos miembros suelen tener entre 20 y 30 años, organiza actividades deportivas y sociales.
Otros adultos mayores han encontrado acogida entre sus vecinos. Cuando falleció la mascota de Curley, le llegaron cartas, invitaciones a cenar y obsequios. Por su parte, los Silverman organizan brunches dominicales con residentes de menor edad, comparten celebraciones y participan activamente en la vida comunitaria.
Las relaciones familiares también se benefician de esta proximidad. Krinsky mantiene un vínculo estrecho con sus hijos, compartiendo comidas, actividades de ocio y hasta participando en cumpleaños. “He vivido el mejor año de mi vida este último año y me siento muy renovado”, concluyó Krinsky al medio The New York Times.
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Comprar y vender: el boom inmobiliario de adultos mayores
Los nuevos residentes mayores suelen disponer de fondos obtenidos por la venta de viviendas más grandes en zonas residenciales o de ahorros acumulados tras años de trabajo, según agentes inmobiliarios y desarrolladores. Este perfil financiero les permite acceder a opciones habitacionales de mayor valor en el mercado urbano.
Actualmente, los compradores mayores representan cerca del 40% de las ventas de apartamentos gestionadas por Keller Williams NYC, una cifra que, según la agente inmobiliaria Melissa Leifer, supera ampliamente el 15 % registrado hace diez años. Por su parte, la residencia para adultos mayores RiverSpring Living, ubicada en el Bronx, informó un crecimiento notable en las consultas recibidas desde otros estados para su complejo de 13 hectáreas.
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