Altos funcionarios estadounidenses lideran conversaciones reservadas con el círculo íntimo de la dictadura cubana, mientras la administración de Donald Trump intensifica la presión sobre el régimen de la isla e impulsa posibles escenarios de cambio. La interlocución, encabezada por el secretario de Estado Marco Rubio y el nieto y custodio del dictador cubano Raúl Castro busca abrir canales directos al margen de las vías diplomáticas oficiales, en medio de un contexto marcado por crisis energética, escasez generalizada y un sistema estatal al borde del colapso.
El acercamiento entre Rubio y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “Raulito” y apodado “El Cangrejo” en círculos políticos -debido a una deformidad en la mano- ha resultado inédito por su exclusión de los canales tradicionales entre ambos gobiernos. Según informó Axios sobre la base de tres fuentes vinculadas al proceso, el gobierno norteamericano interpreta que Castro, a sus 94 años, sigue siendo el verdadero tomador de decisiones en Cuba.
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De acuerdo con un alto funcionario de la Administración Trump entrevistado off the record por Axios, las conversaciones no constituyen propiamente “negociaciones”, sino “discusiones sobre el futuro”. El funcionario subrayó: “Nuestra posición -la posición del gobierno estadounidense- es que el régimen debe irse” y reconoció que el Presidente “aún no ha decidido cómo sucederá”. Rubio continúa manteniendo diálogo directo con el nieto de Castro.
Dentro del entorno de Rubio, tanto él como su equipo consideran que Rodríguez Castro, de 41 años, junto a su círculo, representan una generación joven y orientada al empresariado que percibe el fracaso del comunismo revolucionario y contempla positivamente una normalización con los Estados Unidos.
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Impacto de la presión estadounidense y las divisiones internas
La situación en Cuba es crítica: el deterioro tras seis décadas de gestión fallida ha llevado a la isla a un umbral crítico. Se registran fallas eléctricas generalizadas, hospitales que restringen cirugías, graves faltantes de alimentos y combustibles, y un sector turístico paralizado. La crisis se agravó luego de la captura y extradición por parte de Trump del anrcodictador venezolano Nicolás Maduro, quien abastecía a Cuba con petróleo sin costo. Además, el 29 de enero, Trump amenazó con sanciones a México, principal país suplidor de petróleo tras la salida de Venezuela.
La eficacia militar estadounidense en la operación sobre Maduro impactó en la cúpula cubana. Según fuentes del gobierno de EstadosUnidos citadas por Axios, al menos 32 oficiales de inteligencia y militares cubanos que custodiaban al líder venezolano murieron, sin que las fuerzas estadounidenses sufriesen bajas. Además, la decisión de Washington de mantener en el poder a ciertos colaboradores de Maduro, como la vicepresidenta Delcy Rodríguez, fue leída en La Habana como una señal de que tanto Trump como Rubio estarían abiertos a pactos con sectores rivales dentro del establishment.
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El protagonismo de “Raulito” Castro
Para los asesores de Trump, Rodríguez Castro es la figura clave a captar. Su vínculo estrecho con su abuelo —fue jefe de seguridad personal de Raúl Castro— y su ascendencia entre quienes aún controlan el conglomerado empresarial militar GAESA, lo posicionan como un actor central. Según una fuente cercana a las conversaciones citada por Axios, el trato entre Rubio y Rodríguez Castro ha sido "sorprendentemente" cordial, con énfasis en temas de futuro y un lenguaje compartido propio de la diáspora cubana en Miami.
Otra fuente señaló: “No hay diatribas políticas relativas al pasado. Se habla del futuro” y comparó el diálogo a una charla entre “gente común en las calles de Miami”.
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El patrón seguido en Venezuela parece repetirse: los estrategas estadounidenses consideran dejar en el poder a ciertos miembros de las estructuras gobernantes, evitando una purga total, como respuesta a las consecuencias negativas que tuvo la destitución masiva en Irak en 2003. Así, Raúl Castro y otros familiares podrían negociar permanecer en Cuba, algo que potencialmente generaría rechazo entre los exiliados en Miami.
Rubio aún no se ha reunido con Miguel Díaz-Canel Bermúdez, presidente formal cubano, ni con otros altos funcionarios del gobierno, a quienes la administración estadounidense califica de “burócratas del partido comunista” sin capacidad para negociar cambios profundos.
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El silencio oficial y el pulso de La Habana
Consultado sobre estas gestiones, el gobierno cubano envió a Axios un comunicado dirigido previamente a un periodista mexicano, en el que desmintió la existencia de diálogos formales de alto nivel con Estados Unidos, incluyendo con Alejandro Castro Espín, alto funcionario de inteligencia. El mensaje oficial puntualizó: “No hay un diálogo de alto nivel entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba. Ni siquiera existe diálogo a nivel intermedio. Ha habido intercambios de mensajes”. Enfatizó que los contactos actuales se limitan a “conversaciones habituales” previas o incluso menores a las que se daban hasta hace un año.
Por su parte, el Departamento de Estado estadounidense no negó que Rubio haya conversado con “Raulito” Castro, pero un portavoz declinó hacer comentarios al respecto.
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La Casa Blanca valora que tornar a Cuba en un aliado resultaría mucho más arduo que el caso venezolano, dado el estado catastrófico de la economía cubana y la ausencia de una oposición estructurada. Además, las posturas intransigentes en La Habana y Miami mantienen enraizada la desconfianza mutua.
Congresistas republicanos de origen cubano han solicitado recientemente que se procese a Raúl Castro por el derribo en 1996 de una avioneta donde viajaban miembros de una organización humanitaria estadounidense. La administración Trump aún no ha revelado una respuesta a esa solicitud.
Rubio ha mantenido discreción respecto a los intercambios, pero en una audiencia ante el Senado el último mes, recordó que la ley estadounidense promueve el cambio de régimen en Cuba si el gobierno no excarcela a presos políticos, permite prensa libre y llama a elecciones.
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Aún sin una decisión definitiva de la Casa Blanca, Rubio sigue elaborando alternativas para Trump, quien concentra su atención en conflictos en Irán y Ucrania. "Cuba es ahora mismo una nación fallida, ni siquiera tienen combustible para que los aviones despeguen“, declaró Trump ante periodistas en el avión presidencial.
“Estamos hablando con Cuba en este momento... y deberían hacer un acuerdo sin demora”, sostuvo el presidente, en una clara señal de que las gestiones directas continúan activas.
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