El pueblo cordobés donde estuvo encarcelado Cervantes y tiene un castillo del siglo XII, iglesias mudéjares y casas señoriales

El municipio cuenta con una imprenta de tipos móviles y una recreación de una vivienda que pudo ocupar el autor de Don Quijote de la Mancha

Plaza de Castro del Río
Plaza de Castro del Río, en Córdoba (Ayuntamiento de Castro del Río)
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Un castillo almohade, una imprenta tipográfica y el recuerdo de Cervantes, así es Castro del Río. La localidad cordobesa en la que vivió el escritor de Don Quijote de la Mancha desde 1587 y fue encarcelado allí tras un conflicto por el embargo de cereal eclesiástico. Además de la parte más curiosa e histórica, cuenta con una Campiña que se puede recorrer en invierno, cuando el entorno de olivos y trigales deja atrás la sequedad estival.

La fortaleza de origen almohade de Castro del Río, construida en el siglo XII, conserva cuatro torres unidas por lienzos defensivos alrededor de un patio de armas cuadrado presidido por la Torre del Homenaje. El castillo fue usado como acuartelamiento durante la Guerra Civil y mantiene en uno de sus muros un manual pintado sobre el funcionamiento de una emisora de radio.

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La localidad se encuentra a unos 15 minutos de Baena, entre una carretera flanqueada por olivares y campos de cereal. El castillo domina el trazado urbano junto al río Guadajoz y delimita, con la antigua muralla, el barrio de la villa, núcleo histórico de origen almohade. La altura del enclave fue una de las razones que atrajeron a los musulmanes, por su capacidad para vigilar el territorio y dificultar un ataque. La tradición sostiene que la fortificación llegó a contar con 40 torreones en torno a la ciudad; los cristianos aprovecharon después la estructura almohade para consolidar una villa próspera.

Qué ver en Castro del Río: del barrio de la villa a la imprenta La Gutenberg

La Iglesia de la Asunción se levanta junto al castillo sobre la antigua mezquita, por orden de Fernando III. El templo mudéjar, declarado Bien de Interés Cultural al igual que la fortaleza, ha sido objeto de sucesivas remodelaciones a lo largo de los siglos.

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Las calles del barrio de la villa ascienden entre fachadas blancas, casas hidalgas y solares con elementos renacentistas y barrocos, incluidos blasones sobre los dinteles. El recorrido pasa por plazoletas y patios con plantas antes de llegar a dos casas señoriales: la de Mendoza, donde se dijo que la princesa de Évoli estuvo presa durante años, y la de los Valdelomar.

La calle alta conduce hacia el ayuntamiento y permite detenerse en la Iglesia Madre de Dios, construida inicialmente extramuros. Su cúpula ovalada la distingue entre los templos religiosos de la provincia de Córdoba. Antes de alcanzar la sede municipal, la calle Dolores ofrece un pasaje empedrado y estrecho cubierto de plantas. Cerca se alza el Pósito, edificio del siglo XVIII que acoge el Museo de Usos y Costumbres Agrícolas.

Junto al museo funciona La Gutenberg, una imprenta tipográfica centenaria mantenida por Miguel Morales, quien explica a los visitantes los procedimientos de este oficio. La ruta finaliza en el ayuntamiento, donde una sala recrea la que pudo ser la vivienda de Miguel de Cervantes.

El escritor se trasladó a Castro del Río en 1587 para impartir justicia. Las desavenencias con la Iglesia por el embargo de cereal propiedad del clero desembocaron en su encarcelamiento en la localidad, y se ha dicho que allí escribió las primeras páginas de El Quijote.

Yacimientos, cocina a la brasa y fiestas de febrero

La localidad ha sido escenario de hallazgos arqueológicos y el ayuntamiento informa sobre el yacimiento de El Arca, vinculado a una ruta de senderismo, y el de Torreparedones. Junto a la calle Dolores estuvo también El Rinconcito, un reñidero de gallos que los vecinos consideraban el más antiguo de Europa y del mundo.

El establecimiento permanece cerrado y tenía un ring con un aforo aproximado de 300 personas. El texto relaciona su clausura con la entrada en vigor de la nueva Ley de Bienestar Animal, que prohibiría definitivamente las peleas de gallos en Andalucía, donde hasta entonces eran legales.

A comienzos de febrero, Castro del Río celebra las fiestas de La Candelaria y San Blas. Entre sus tradiciones figuran la quema de un monigote y la bendición de cintas para la garganta, vinculada a San Blas, patrón de los otorrinolaringólogos.

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