El pueblo templario que domina el interior de Castellón: una roca, un castillo y vistas de 360 grados

Una mola centenaria y un horizonte sin obstáculos convierten a esta localidad en un destino ideal para una escapada de fin de semana en el que admirar las vistas del campo

Una elevación del terreno con casas encalladas en la ladera.
Ares del Maestrat se asienta sobre una gran elevación de terreno que en su día fue muy apreciada por su valor estratégico y visualización de las cercanías. (Wikimedia/Javier Muñoz)
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Ares del Maestrat se asienta sobre una roca coronada por un castillo templario, en pleno interior de la provincia de Castellón. El pueblo trepa en semicírculo por las faldas de la Mola d’Ares, el tótem de piedra que domina el paisaje a kilómetros a la redonda y que sostiene, en su cumbre, las ruinas de la fortaleza.

Aquella mola fue, durante siglos, un enclave disputado. Los reyes y estrategas de la Edad Media reconocían su valor por su altura y vistas. El primer castillo que hubo, de origen romano, cayó en manos musulmanas antes de que Jaime I lo conquistara en 1232, la primera plaza que tomó en su avance hacia Valencia, según recoge el Ayuntamiento de Ares del Maestrat en su web oficial. Dos años después, en 1234, la fortaleza pasó a la Orden del Temple, que la convirtió en cabeza de una de sus encomiendas en la comarca del Alt Maestrat.

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Un paisaje de elevaciones pequeñas al atardecer.
Las vistas de Ares del Maestrat se extienden en 360º al rededor del pueblo dejando estampas como esta al atardecer. (Wikimedia/Manel Zaera)

De esa roca, de ese castillo y del horizonte que se abre desde lo alto de la Mola nace la propuesta de una escapada de fin de semana por el interior de Castellón: una roca, un castillo y vistas de 360 grados que resumen la identidad de este rincón del Maestrazgo.

El castillo templario se asoma sobre la roca que sostiene al pueblo

Del antiguo recinto quedan las murallas que flanquean el ascenso y una torre vigía en lo más alto, según detalla Turismo de Castellón. La fortificación resistió, según cuentan, durante la Guerra de Sucesión, el asedio de las tropas de Felipe V, que optaron por quemar el pueblo ante la imposibilidad de tomar la fortaleza.

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Ares del Maestre desde la Muela de Ares en la que se aprecia la altitud que tiene. (Wikimedia/Julio Armelles)
Ares del Maestre desde la Muela de Ares en la que se aprecia la altitud que tiene. (Wikimedia/Julio Armelles)

Trepar por las calles empinadas del casco urbano conduce a otros vestigios de ese pasado militar. La Cova del Castell, una galería excavada en la roca viva, sirvió de refugio y hoy funciona como museo y mirador. La antigua Lonja de Ares, conocida también como Els Perxes, se alza sobre las murallas árabes y conserva la Sala Capitular donde se reunían los templarios, además de un pórtico con arcos gótico-mudéjares del siglo XII.

La altura del pueblo, que supera el millar de metros, explica otro capítulo de su historia. Durante generaciones, esta zona funcionó como despensa del frío para los pueblos de la costa. La nieve se prensaba y se comercializaba después como hielo, en un mundo sin frigorífico. La Nevera de la Font dels Regatxols, con un pozo de ocho metros de profundidad, fue uno de los puntos centrales de aquel comercio, según el consistorio. Hoy, un centro de interpretación instalado en la propia nevera recorre esa historia.

La cima de la Mola ofrece un horizonte abierto sobre el Maestrazgo

Una casa en el barranco junto a un camino estrecho
Mas Remígia y acantilado de la cueva Remígia, en el barranco de la Gassulla

La ruta hasta la cumbre de la Mola d’Ares, de 1.321 metros, parte del centro del pueblo por el Camí de la Mola, un recorrido circular de apenas ciento cincuenta metros de desnivel. Desde el punto más alto, junto a las antenas de repetidores, el horizonte se abre en 360 grados sobre el Maestrazgo y los Puertos de Morella. A escasa distancia se levanta una elevación casi gemela, la Mola del Vilà, con vistas de características similares.

Quien prefiera no completar la subida cuenta con alternativas igual de privilegiadas dentro del propio casco urbano, como el Mirador del Castillo, con su balconada abierta hacia poniente, o la Plaza Mayor, bajo los arcos góticos de la Llotja. La oficina de turismo de Ares del Maestrat organiza visitas guiadas al casco histórico, la Cova del Castell y la Nevera dels Regatxols, según la información publicada en su web oficial.

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