El álbum de cromos va a ser digital y lo tendremos en el móvil con más recompensas para los coleccionistas: “Cambia el soporte, no la emoción”

‘Infobae’ habla con Collectibol, una plataforma que busca unir el coleccionismo tradicional con una generación nativa digital

Lamine Yamal
Lamine Yamal. (Cedida)
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“Ojalá me toque mi jugador favorito”. Esa era la frase con la que cualquier niño o niña aficionada al fútbol español compraba un sobre de cromos en el quiosco, hacía la colección, los pegaba en el álbum e iba al recreo o al parque a intercambiar con los demás. También es la motivación con la que Nicolas Benhamou, fundador y CEO de Collectibol, resume la filosofía de una plataforma que nació en Barcelona hace dos años y hoy quiere reinventar dicho entretenimiento. ¿Pero cómo?

La respuesta es más mágica de lo que parece. Parte de un sobre digital que cualquiera puede abrir desde el móvil y termina con una carta física numerada y firmada por un futbolista de LaLiga. Así, junto a su equipo, dentro de Algoritcom Games, consiguió que el campeón del título, el FC Barcelona, se sumara al proyecto. Son más de 10 millones de cartas en su primera temporada y con la 2026/27 arrancando, el objetivo es “reinventar cómo una nueva generación colecciona fútbol”.

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Los fundadores de Collectibol. (Cedida)
Los fundadores de Collectibol

Así, en 2024 se pusieron manos a la obra. Precisamente trabajando en un proyecto relacionado con el club culé, su equipo empezó a analizar cómo evolucionaba la relación entre los aficionados, el fútbol y el coleccionismo. “Todos conocemos esa sensación de abrir un sobre sin saber qué va a salir, encontrar a tu jugador favorito, tener repetidos, intercambiarlos o perseguir durante semanas el último cromo que necesitas para completar un álbum”, explica a Infobae. “Esa emoción sigue siendo potentísima”, destaca.

Al mismo tiempo, toda una generación ha transformado su forma de entretenimiento y su manera de consumir. El móvil es el rey. Y ahí está la tensión entre la emoción clásica del coleccionismo y los hábitos de la audiencia nativa digital. Se lo plantearon al FC Barcelona y el club confió en la idea. Sin embargo, no todo fue un camino de rosas. “Nos obligó desde el primer día a construir Collectibol pensando en una compañía que algún día quería trabajar con los mejores clubs del mundo”, señala el CEO.

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Qué es Collectibol: entre el álbum de Panini y el videojuego

Collectibol no responde a la idea de álbum de cromos ni a la de videojuego de fútbol. “Ninguna de las dos explica completamente lo que estamos construyendo”. La plataforma toma el álbum como corazón, “probablemente la representación más universal del coleccionismo de fútbol”, pero construye alrededor un ecosistema más amplio: sobres, distintos niveles de rareza, colecciones especiales, estadísticas en tiempo real, rankings y funcionalidades sociales, algo muy similar al FIFA.

La comparación con Panini es inevitable, pero Benhamou marca distancias. Lo que quiso conservar fue la emoción: abrir un sobre sin saber qué va a salir, encontrar una carta difícil, buscar la que falta, completar una colección e intercambiar con otros coleccionistas. Y lo que quiso cambiar fue la dependencia absoluta del modelo físico. Es decir, “necesitas producir, imprimir, distribuir, gestionar stock y llegar a puntos de venta en cada mercado”. “Eso inevitablemente condiciona dónde, cuándo y cómo puede acceder un aficionado a una colección”, subraya.

Jugadores del Betis firmando cromos
Jugadores del Betis firmando cromos. (Cedida)

El entorno digital rompe esas barreras. Un aficionado puede estar en Barcelona, Buenos Aires, Miami o Tokio y abrir un sobre desde el móvil en ese mismo momento, las 24 horas del día. Hay además una dimensión que ningún álbum físico puede ofrecer: el álbum vivo. Si llega un fichaje en enero, puede incorporarse. Si un jugador protagoniza un momento especial durante la temporada, puede lanzarse una nueva carta. La experiencia evoluciona al mismo ritmo que el fútbol.

La otra diferencia con los videojuegos es igualmente deliberada. “No queremos copiar un videojuego. Tampoco queremos simplemente digitalizar un álbum tradicional. Queremos construir nuestra propia categoría entre esos mundos: coleccionismo deportivo diseñado desde el principio para una generación digital, pero conectado permanentemente con el mundo real”, explica Benhamou a este diario.

El nuevo coleccionismo, el digital

Para el equipo, el mundo del entretenimiento del fútbol está cambiando a la misma velocidad que lo hace la tecnología. Y para mantener viva la emoción en un niño nativo digital, se necesita algo más que simplemente mirar un partido. “Quieren participar, progresar, desbloquear cosas, compartirlas, compararse con otros usuarios y formar parte de una comunidad”, señala. Por eso, “la gamificación tiene que estar al servicio del coleccionismo y no al revés”.

FOTO DE ARCHIVO. Imagen de ilustración de un álbum de cromos de fútbol de la Eurocopa 2016 de Panini, en Viena, Austria. 25 de marzo de 2016. REUTERS/Leonhard Foeger
FOTO DE ARCHIVO. Imagen de ilustración de un álbum de cromos de fútbol de la Eurocopa 2016 de Panini, en Viena, Austria. 25 de marzo de 2016. REUTERS/Leonhard Foeger

Rankings, misiones, distintos niveles de rareza o recompensas son herramientas válidas, siempre que todo vuelva a una emoción central: querer conseguir una determinada carta, la de tu jugador favorito. Y ese logro puede ir más allá. Puede dar acceso a una recompensa, a una experiencia o, dependiendo de la colección, a una pieza física. Algo que une al club con su aficionado, en todo el mundo. “Hoy puedes ser un aficionado absolutamente apasionado de un equipo viviendo a 10.000 kilómetros de su estadio”, apunta Benhamou.

De lo físico a lo digital sin perder la emoción

Pero el CEO es consciente de que se enfrenta a un sector en el que su público suele ser paciente, acostumbrado a abrir sobres para completar un álbum, a acudir a su quiosco de confianza. “Nunca hemos pensado que el futuro del coleccionismo sea elegir entre digital o físico”, afirma. “De hecho, creemos exactamente lo contrario: lo digital puede hacer que lo físico sea todavía más especial”.

Así, Benhamou distingue entre dos perfiles: el coleccionista tradicional, acostumbrado al objeto físico y a la búsqueda durante días, y el nativo digital, que espera inmediatez, progresión, interacción y comunidad. Collectibol, según su CEO, intenta unir ambos comportamientos. “Cuando a cualquiera de los dos perfiles le aparece una carta extremadamente difícil de su jugador favorito, la reacción emocional sigue siendo prácticamente la misma”, apunta. “Cambia el soporte. No cambia la emoción”.

Pau Cubarsí con su cromo
Pau Cubarsí con su cromo. (Cedida)

Y esa emoción puede simplificarse precisamente gracias a las recompensas que ofrecen Collectibol y los clubes: cartas físicas limitadas y numeradas, algunas firmadas personalmente por los jugadores; camisetas oficiales, firmadas o no firmadas; y otras piezas especiales vinculadas a los equipos. “Empiezas con un sobre en tu móvil y puedes terminar con una pieza de tu club en tus manos”, resume Benhamou.

El modelo de negocio que apunta a 4 millones de euros en su segundo año

Collectibol proyecta facturar alrededor de 4 millones de euros en su segundo año. Benhamou identifica tres palancas para ese crecimiento: más clubes, mayor recurrencia y expansión geográfica. La primera etapa de la compañía tuvo un objetivo concreto: demostrar que existía demanda, entender cómo se comportaban los usuarios, aprender a trabajar con instituciones deportivas de primer nivel y validar que había un modelo de negocio detrás. Ahora, según su CEO, empieza una etapa diferente, “con nuevas incorporaciones y una presencia internacional mucho mayor, especialmente en Europa y Latinoamérica”.

En cuanto a los acuerdos con los clubes, Benhamou descarta hablar de cifras. “No existe una cifra estándar. Cada acuerdo es diferente y los términos económicos son confidenciales”, dice. Pero va más allá de la cuestión económica: “Cuando eres una compañía joven y te sientas delante de una institución deportiva de primer nivel, estás pidiendo algo mucho más importante que una licencia: confianza”, afirma. El club cede el uso de su escudo, sus jugadores y su historia. A cambio, participa del negocio generado por su colección. Collectibol desarrolla la tecnología, el producto, la operación y la comunidad. Y nada se publica sin aprobación del club.

Collectibol, en definitiva, busca ser “ese puente” que una el mundo físico del fútbol con el digital, a los aficionados con sus clubes, a la generación de los padres con los hijos. El móvil es el punto de partida, pero no necesariamente el destino. “El mundo digital permite construir el recorrido y el mundo físico puede convertir ese recorrido en un recuerdo”, resume Benhamou. “Cambia el soporte, pero no la emoción”, concluye.

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