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El pueblo al sur de Mallorca situado en una cala que tiene las casas más isleñas y el plan perfecto para desconectar en un solo día

Cala Figuera combina puerto en forma de Y, paseos costeros y restaurantes con pescado fresco para una escapada sin prisas en el sur de Mallorca

Puerto natural con casas blancas, persianas verdes y balcones. Varias embarcaciones atracadas en el agua turquesa. Vegetación y cielo azul
Casas blancas con persianas verdes se alinean en el puerto de Cala Figuera, Mallorca, con embarcaciones atracadas en sus aguas turquesas y tranquilas.
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En el sur de Mallorca, un pequeño puerto pesquero ofrece el paisaje y el ambiente necesarios para desconectar en un solo día. Cala Figuera, alejada del bullicio y de la explotación turística, se presenta como el refugio ideal para quienes buscan tranquilidad frente al mar. El núcleo del pueblo, con su costa en forma de “Y” y sus tradicionales casas blancas, invita a pasear sin prisas y a dejarse llevar por la esencia más auténtica de la isla.

El viaje hasta Cala Figuera ya es parte de la experiencia. A unos 62 kilómetros del aeropuerto, el trayecto por la carretera Ma-19 permite observar la transición entre los campos del interior y la costa abrupta del sureste mallorquín. Aunque el transporte público no es sencillo, la recompensa es llegar a un lugar donde el tiempo parece avanzar despacio, y donde las vistas al mar y el olor a salitre acompañan cada paso.

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Un día completo en la cala más isleña de Mallorca

El primer contacto con Cala Figuera suele ser el puerto, donde los barcos tradicionales, conocidos como llaüts, se mecen en aguas turquesas. Las casas de pescadores con embarcaderos privados y persianas verdes forman un conjunto único, que se ha mantenido casi intacto gracias a la ausencia de playa de arena. Este detalle, lejos de ser una desventaja, ha protegido al pueblo de la masificación y de la pérdida de su carácter original.

Cuerdas marrones y blancas en el muelle en primer plano. Barcos amarrados en un puerto natural con edificios y densa vegetación en la costa rocosa
Numerosas embarcaciones amarradas a lo largo de la costa arbolada de Calla Figuera en Mallorca, donde se observan edificios entre la vegetación.

Recorrer la orilla y los senderos que bordean la cala permite descubrir rincones con vistas al mar, terrazas de piedra y acantilados cubiertos por pinares. El paseo por el antiguo camino de ronda lleva hasta la Torre d’en Beu, una construcción defensiva del siglo XVI que vigilaba posibles incursiones piratas. Desde allí se obtiene una panorámica completa de la costa y del juego de luces sobre el agua.

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A pesar de su tamaño, el pueblo invita a detenerse en cualquier esquina. En temporada alta, la llegada de excursionistas anima las terrazas, pero la atmósfera sigue siendo la de un lugar donde la vida gira alrededor del mar y la pesca. Entre mayo y septiembre, las excursiones en barco ofrecen la posibilidad de descubrir otras calas cercanas, como Cala Santanyí, Es Pontàs o las aguas cristalinas de Es Caló des Moro.

Planes para una desconexión total

Para quienes buscan planes diferentes, las opciones van más allá del simple paseo. El senderismo por la costa, el alquiler de paddle surf o kayak, e incluso una clase de buceo en la cercana Cala Santanyí, forman parte de las alternativas para quienes desean explorar la naturaleza mallorquina. La proximidad al Parque Natural de Mondragó, a menos de 10 kilómetros, permite disfrutar de playas vírgenes y rutas señalizadas en cualquier época del año.

Uno de los mayores placeres de Cala Figuera es sentarse en una terraza frente al puerto y probar pescado fresco recién capturado. Los restaurantes, como Es Port o Bon Bar, combinan cocina mediterránea y vistas al mar en un entorno relajado. Para quienes buscan una experiencia distinta, el restaurante La Petite Iglésia ocupa el espacio de la antigua iglesia del pueblo y ofrece gastronomía francesa en un ambiente singular.

Bahía rocosa con árboles frondosos, varias embarcaciones ancladas, casas costeras en la ladera y una persona en tabla de paddle surf
La cala de Cala Figuera en Mallorca muestra una bahía con embarcaciones amarradas y viviendas costeras entre vegetación

El alojamiento en Cala Figuera mantiene la sencillez y el trato cercano. Hoteles y hostales familiares como Villa Sirena o Rocamar ofrecen habitaciones con vistas al mar, y algunos apartamentos permiten estancias más largas. El ambiente es siempre tranquilo, incluso en los meses de verano, cuando la población se multiplica y los eventos locales, como la Festes de la Mare de Déu del Carme, llenan el pueblo de celebraciones y actividades al aire libre.

Aquí, la vida cotidiana gira en torno a la pesca y al ritmo pausado de un núcleo pequeño, donde viven unas 500 personas. Los servicios, aunque limitados, cubren las necesidades básicas, y el mayor bullicio se concentra en Santanyí, a diez minutos en coche, con su mercado semanal y una mayor oferta comercial.

Para quienes buscan una escapada de desconexión genuina, Cala Figuera representa la Mallorca tradicional: casas blancas, acantilados espectaculares y una comunidad que sigue viviendo de cara al mar. La ausencia de playa y la dificultad de acceso contribuyen a preservar un ambiente auténtico, lejos de los focos turísticos, donde cada paseo, cada comida y cada descanso junto al puerto se convierten en el plan perfecto para olvidar la rutina y reconectar con la isla.

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