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Un Renault 5 de 1982 olvidado durante 43 años en una granja francesa alcanza un precio récord en una subasta: solo había recorrido 12 kilómetros

La propietaria lo compró nuevo en 1982 sin tener todavía el carné de conducir y, aunque acabó obteniéndolo, apenas llegó a utilizar el vehículo, que permaneció guardado durante décadas con la batería desconectada

El Renault 5 TL de 1982 cubierto de polvo (Aguttes)
El Renault 5 TL de 1982 cubierto de polvo (Aguttes)
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Un Renault 5 TL de 1982 ha pasado de estar olvidado durante más de cuatro décadas en una granja francesa a venderse por 53.711 euros en una subasta. El coche llevaba 43 años sin moverse y conservaba únicamente 12 kilómetros en el cuentakilómetros, los que había recorrido desde el concesionario hasta la casa de su primera propietaria. Cuando fue descubierto, seguía acompañado de parte de la documentación original, las matrículas que nunca llegó a estrenar y hasta un segundo juego de llaves.

El hallazgo se produjo en enero de 2026 en Laives, una localidad del departamento francés de Saône-et-Loire. El vehículo había permanecido guardado desde poco después de su compra, en octubre de 1982, y su existencia salió a la luz en el marco de una sucesión. La casa de subastas Aguttes se encargó posteriormente de llevarlo a una venta de automóviles de colección celebrada en París el pasado 15 de marzo.

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La estimación inicial estaba muy lejos del precio que acabaría alcanzando: entre 5.000 y 10.000 euros. La puja, sin embargo, se disparó hasta los aproximadamente 47.000 euros antes de gastos y terminó en 53.711 euros para el comprador, una vez añadidos las comisiones y los impuestos.

La historia de este Renault 5 no empieza con un coleccionista ni con un modelo especialmente exclusivo. Empieza con una mujer que compró un coche nuevo sin tener todavía carné de conducir.

Comprado nuevo y guardado nada más llegar a casa

La propietaria, identificada como Madame M., compró el Renault 5 en octubre de 1982 en el concesionario Renault Sodirac de Chalon-sur-Saône. Pagó alrededor de 40.000 francos por un Renault 5 TL de cinco puertas, equipado con un motor de 1.108 centímetros cúbicos y cambio manual de cuatro velocidades. La carrocería era de color azul pizarra metalizado.

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El coche fue trasladado hasta su domicilio de Laives y acabó guardado en una de las dependencias de la propiedad. Allí permaneció mientras su dueña obtenía finalmente el carné. Pero, según la información recopilada por Aguttes, nunca llegó a sentirse cómoda conduciendo y apenas utilizó el coche. La batería quedó desconectada y el Renault 5 pasó a formar parte del paisaje de la granja. Y así siguió durante 43 años.

El cuentakilómetros se quedó detenido en 12 kilómetros. Esa cifra corresponde al corto trayecto que hizo el coche después de salir del concesionario y llegar a casa de su propietaria. Desde entonces, no volvió a circular.

Las matrículas definitivas y papeles del coche Renault 5 TL de 1982 (Aguttes)
Las matrículas definitivas y papeles del coche Renault 5 TL de 1982 (Aguttes)

Lo llamativo es que el tiempo no borró las huellas de aquel primer día. Cuando el coche fue localizado, todavía conservaba las placas provisionales con las que había salido del concesionario. También aparecieron en el maletero las matrículas definitivas que nunca llegaron a colocarse, además de documentación relacionada con la compra, los libros del vehículo y un segundo juego de llaves.

La propia matrícula provisional se convirtió en una pequeña cápsula del tiempo. El Renault 5 había salido del concesionario con la placa 9105 WWA 71, destinada entonces a tener una vigencia de apenas 15 días. Más de cuatro décadas después, seguía allí.

El coche, además, no había sido restaurado para aparentar que estaba nuevo. Simplemente había permanecido apartado del exterior durante décadas. Al retirarse el polvo acumulado, los responsables de la venta encontraron una carrocería sin corrosión. En el interior sí había algunas señales del paso del tiempo, como restos de moho en determinados elementos de plástico, pero el estado general era excepcional para un vehículo que llevaba tanto tiempo inmóvil. Los neumáticos tuvieron que ser inflados para poder sacar el coche de la granja.

De posible coche para desguace a pieza de colección

El descubrimiento se produjo después del fallecimiento de la propietaria, cuando la vivienda y sus dependencias quedaron vinculadas a una sucesión. La Renault 5 permanecía en el interior de la granja, rodeada de polvo y de objetos acumulados durante años.

Raphaël de Serres, especialista en vehículos de colección vinculado a Aguttes, recibió el aviso de que allí podía haber un coche antiguo. Lo que encontró inicialmente no parecía una pieza extraordinaria. De hecho, el vehículo llegó a estar destinado a acabar en el desguace.

La situación cambió cuando pudieron comprobar qué había detrás de aquella capa de suciedad. El coche no solo era un Renault 5 de 1982: prácticamente no había circulado, conservaba sus elementos originales y mantenía la documentación que permitía reconstruir su historia desde el momento en que fue comprado. Esa combinación terminó convirtiéndolo en un ejemplar especialmente atractivo para los coleccionistas. No por tratarse de una versión rara, sino precisamente por lo contrario.

El Renault 5 fue uno de los modelos más populares de Renault. La marca francesa llegó a fabricar más de cinco millones de unidades desde su lanzamiento en 1972, por lo que la rareza de este ejemplar no está en el número de coches producidos, sino en el estado en el que ha llegado hasta nuestros días.

Dos bordados heráldicos del siglo XV asociados al Reino de Castilla se subastarán el próximo 2 de julio en Londres por un valor estimado de entre 200.000 y 300.000 libras esterlinas (entre 230.000 y 345.000 euros al cambio de hoy).

No es un coche deportivo, ni una edición limitada, ni una unidad especialmente potente. Es un Renault 5 TL convencional de cinco puertas que, por una circunstancia casi accidental, quedó apartado de la circulación cuando apenas acababa de salir del concesionario.

Aguttes lo incluyó como uno de los lotes de su Venta de Primavera, celebrada el 15 de marzo en el Espace Champerret de París. La casa de subastas había calculado que podría venderse por entre 5.000 y 10.000 euros. La previsión se quedó corta. Más de diez compradores mostraron inicialmente interés y la puja terminó concentrándose entre dos participantes. Uno de ellos intervino por teléfono. La cantidad siguió aumentando hasta alcanzar aproximadamente los 47.000 euros antes de gastos, muy por encima de la valoración inicial. Con las comisiones y los impuestos, el precio final ascendió a 53.711 euros, más de cinco veces la estimación máxima con la que había llegado a la venta.

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