
Penagos, en Cantabria, se presenta como la puerta de entrada al ‘safari africano de España’, donde confluyen naturaleza, historia y arqueología. Ubicado a los pies de Peña Cabarga, a tan solo 24 kilómetros de Santander, este municipio alberga el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, que ha transformado un entorno marcado durante siglos por la minería del hierro en un espacio dedicado a la recuperación medioambiental y el turismo de conservación. Hoy, Penagos y sus pueblos -Arenal, Cabárceno, Sobarzo- invitan a miles de visitantes a recorrer paisajes kársticos y a contemplar más de 120 especies animales de los cinco continentes en régimen de semilibertad, y que suman cerca de 1.000 ejemplares.
El Parque de la Naturaleza de Cabárceno, situado en Penagos, es reconocido como el mayor espacio europeo de semilibertad animal y uno de los motores turísticos de Cantabria. Según datos del propio parque, supera los 670.000 visitantes anuales. Su extensión alcanza las 750 hectáreas y ocupa parte de las históricas minas de hierro. A diferencia de los zoológicos urbanos tradicionales, Cabárceno destaca por sus grandes recintos abiertos, lo que ha permitido convertirlo en referente europeo y en un atractivo fundamental para la economía local.
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De fácil acceso por carretera desde Santander —un trayecto de unos 25 minutos por la S-10— y con el aeropuerto Seve Ballesteros-Santander a poca distancia, Penagos conecta el entorno rural con el turismo nacional e internacional. El recorrido del parque puede hacerse en coche, autobús, bicicleta eléctrica o telecabina, con paradas obligadas en miradores como el del Rubí o el de Perdices, desde donde se observan la bahía de Santander y la extensión del recinto de elefantes, que ocupa 20 hectáreas.
La historia de Penagos
La identidad de Penagos, documentada desde el Paleolítico Superior y consolidada como núcleo habitado durante la Edad Media, ha estado estrechamente ligada a la historia minera del territorio. La explotación de las minas de hierro en Peña Cabarga, iniciada en época romana y extendida hasta 1989, delineó durante siglos un paisaje marcado por crestas kársticas y formaciones de gran valor arqueológico. En el siglo XIII, el municipio obtuvo privilegios reales —como el título de “Real y Leal Valle” otorgado por Alfonso VIII— y participó en la formación de la provincia de Cantabria como parte de los “Nueve Valles”, tal y como recogen registros históricos citados por el Real Valle de Penagos.
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El cambio fundamental llegó en 1989 con la reconversión de la zona minera en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Según información del propio parque, la restauración del entorno degradado permitió la creación de un ecosistema en el que conviven más de 1.000 animales de los cinco continentes. Este proceso ha implicado el abandono progresivo de la agricultura y ganadería tradicionales, reorientando la economía local hacia el turismo y los servicios vinculados a la conservación medioambiental.
El atractivo de Penagos se complementa con su patrimonio histórico y la vitalidad de sus pueblos. Entre los vestigios arquitectónicos más singulares destacan el Puente de Búmbaro del siglo XVI sobre el río Pisueña, el Palacio de Miranda y las iglesias de San Jorge, San Pedro y Santa Eulalia.
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La programación cultural incluye numerosas festividades, como la de Nuestra Señora de los Remedios, las ollas ferroviarias, partidas de bolos, concentraciones de motos clásicas en Penagos y encuentros de caballos en la comarca. La heráldica local se muestra en escudos de los Cuesta, Sainz y Terán, distribuidos por diferentes barrios y edificios históricos.
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