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Un educador canino explica la mejor forma de que dos perros con personalidades distintas convivan: la clave está en la confianza

Identificar el origen del problema es más eficaz que intentar corregir únicamente la conducta visible

La clave está en la confianza
Dos perros con su dueña. (Magnific)
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Los perros son uno de los animales de compañía más habituales en los hogares españoles. Según los datos del Ministerio de Derechos Sociales, el país tiene 7.562.893 perros, lo que representa el 50% de todos los animales de compañía registrados en 2025.

Este dato se debe, en gran parte, a que hay personas que deciden tener más de uno en casa. Sin embargo, aunque compartan el mismo hogar, no todos tienen el mismo carácter ni reaccionan igual ante las distintas situaciones del día a día.

Precisamente, esas diferencias de personalidad pueden dar lugar a conflictos o malentendidos entre ellos. En estos casos, es habitual pensar que la solución pasa por corregir el comportamiento que más llama la atención, pero lo verdaderamente importante es comprender qué está provocando esa reacción.

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Sobre ello ha hablado el educador canino Juan Manuel Liquindoli en sus redes sociales (@filosofia.animal), que ha explicado cómo actuar cuando dos perros conviven y uno de ellos muestra inseguridad ante determinadas situaciones.

La clave está en entender qué hay detrás del comportamiento

El experto analiza el caso de dos perras con personalidades muy distintas. Según explica, una de ellas es más desconfiada con las personas desconocidas y suele ladrar cuando llegan visitas a casa. La otra, en cambio, no presenta ese problema y responde intentando detener a su compañera cada vez que cree que esa reacción puede acabar generando un conflicto.

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Ese comportamiento no busca iniciar una pelea, sino evitar que la situación vaya a más. De hecho, comenta que la perra llega incluso a agarrar a su compañera por la pata o el cuello cuando interpreta que está a punto de “meterse en problemas”, una conducta que también se repite cuando ambas salen a la calle y la más insegura reacciona ante otros perros.

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Sin embargo, lejos de resolver el conflicto, esa reacción hace que ambas comiencen una discusión que va aumentando de intensidad. La perra que está ladrando no acepta que su compañera la frene de esa manera y ambas se alteran.

Para Liquindoli, quedarse únicamente con el comportamiento visible es un error. El educador insiste en que lo importante es identificar la motivación que hay detrás de esa conducta. En este caso, considera que el origen del problema no está en la reacción de la perra que intenta detener a su compañera, sino en la inseguridad que siente la otra cuando aparecen personas desconocidas.

Actuar sobre la causa y no sobre la consecuencia

A partir de esa interpretación, Liquindoli recomienda centrar el trabajo en la perra que tiene miedo y desconfía de las visitas. Su objetivo no es obligar a ambas a relacionarse de otra manera, sino conseguir que la más insegura gane confianza y se sienta tranquila cuando llegan personas nuevas al hogar.

Según explica, si disminuye esa ansiedad inicial también desaparecerá la necesidad de que la otra perra intervenga constantemente para intentar controlar la situación. De este modo, el conflicto entre ambas se reducirá de forma natural, ya que se estará actuando sobre la causa del problema y no únicamente sobre sus consecuencias.

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