
Cantabria es uno de los destinos más visitados de España gracias a sus encantos únicos. Su impresionante costa, repleta de paradisiacas y acantiladas playas, contrasta a la perfección con sus majestuosos paisajes de montaña, donde pequeños pueblos inundan cada rincón, ofreciendo una experiencia rural única. Así, muchos de ellos son conocidos mundialmente gracias a su rico patrimonio, como es el caso de Potes, Comillas o San Vicente de la Barquera, mientras que otros, permanecen escondidos guardando la tradición y la historia de aquellos que los habitan.
Estas pequeñas villas, con sus casas típicas y costumbres centenarias, se han convertido en refugios naturales que brindan una experiencia única. De este modo, las calles de Carmona descubren un pintoresco patrimonio donde se refleja la historia y cultura cántabra. De hecho, gracias a sus rincones y encantos, está considerado como uno de los pueblos más bonitos de España. Además, se ubica en el valle medio del Nansa y a pocos kilómetros de la costa, invitando a conocer su riqueza natural y patrimonial en una atmósfera donde tan solo reina la paz y la tranquilidad.
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Casas tradicionales en un Conjunto Histórico-Artístico

Carmona forma parte del municipio de Cabuérniga y guarda en sus calles y edificios el eco de siglos de historia. A pesar de su pequeño tamaño, la localidad atesora un patrimonio arquitectónico de gran valor, y su casco antiguo ha sido cuidadosamente preservado, siendo declarado Conjunto Histórico-Artístico. Así, se puede contemplar un conjunto de casas rurales que muestran la arquitectura típica de la zona, donde la piedra es la principal protagonista. Estas construcciones, que datan de entre los siglos XVII y XVIII, se caracterizan por su estructura distribuida en dos plantas y su fachada principal con arcadas en el primer piso y balconada.
A su vez, destacan monumentos como el Palacio de los Díaz Cossío y Mier. Este edificio, ahora convertido en hotel, es el más emblemático de Carmona y fue construido a principios del siglo XVIII por petición de D. Francisco Díaz de Cossío. Se trata de lo que se conoce como una casona montañesa y su imponente arquitectura destaca gracias a su fachada principal y sus torres, las cuales resguardan una planta principal con tres arcos rebajados. Igualmente, durante la visita el viajero también puede contemplar la iglesia parroquial de San Roque, construida en el siglo XVIII, y las ermitas de Nuestra Señora de Guadalupe y la de Lindes, que datan también de la misma época.
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Costumbre y tradición

Esta preciosa villa cántabra es uno de los pocos lugares donde aún se conserva el oficio tradicional del albarquero. Este oficio consiste en trabajar la madera para crear las albarcas, un tipo de zapato típico de los campesinos cántabros. Las albarcas, por su diseño, son eficaces para proteger del frío y la humedad que caracterizan el clima de Cantabria. En el centro del pueblo, también se puede encontrar el monumento a Amado Gómez, un reconocido albarquero local que ha dejado una huella significativa en la historia de la comunidad.
Pero no solo eso, pues Carmona alberga una profunda tradición ganadera que se celebra cada año en uno de los eventos más esperados de la región: la “Pasá”. Este acontecimiento tiene lugar el último sábado de septiembre y consiste en la bajada del ganado tudanco desde los puertos de montaña de Sejos, donde el ganado ha pastado durante el verano. La “Pasá” es un evento que atrae tanto por su valor cultural como por la oportunidad de disfrutar de música folklórica y gastronomía local, convirtiéndose en una excelente ocasión para conocer más sobre las tradiciones de Carmona.
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Por otro lado, a tan solo cuatro kilómetros de Carmona, los visitantes pueden disfrutar de una de las vistas más impresionantes de Cantabria desde el Mirador de la Asomada. Este punto de observación ofrece una panorámica única del valle de Cabuérniga, un paisaje de verdes praderas, montañas imponentes y pequeños pueblos dispersos que caracterizan la belleza natural de la región. El mirador se ha convertido en uno de los lugares más encantadores para contemplar la majestuosidad del entorno, especialmente al atardecer, cuando la luz suaviza los contornos de las montañas y el valle se tiñe de tonos dorados.
Cómo llegar
Desde Santander, el viaje es de alrededor de 1 hora por la carretera A-67. Por su parte, desde San Vicente de la Barquera el trayecto tiene una duración estimada de 30 minutos por la vía CA-181.
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