
Santander es una de las capitales de provincia más hermosas del norte de España. La ciudad se asoma a la bahía más grande de Cantabria con una arquitectura que mezcla el casticismo montañés con la influencia de la aristocracia que eligió esta costa como destino predilecto a finales del siglo XIX y principios del XX. Sus playas, su casco histórico y su perfil costero la convierten en uno de los destinos más completos del Cantábrico, pero es en la Península de la Magdalena donde la ciudad alcanza su expresión más singular.
En lo más alto de esa península, presidiendo la entrada de la bahía con vistas al mar abierto, se alza el edificio más representativo de Santander: el Real Palacio de la Magdalena. Residencia de verano de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia entre 1913 y 1930, sede de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo desde hace décadas y Monumento Histórico Artístico de Carácter Nacional desde 1982, el palacio concentra en sus muros de sillarejo y sus torres octogonales más de un siglo de historia política, cultural y social de España.
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Un regalo de la ciudad a sus reyes
El origen del palacio fue un gesto municipal sin precedentes. En 1904, el Ayuntamiento de Santander recuperó del Estado los terrenos de la Península de la Magdalena y decidió construir en ellos una residencia veraniega para la familia real, con el objetivo de consolidar la tradición estival que ya estaba arraigando en la ciudad. El rey Alfonso XIII aceptó el ofrecimiento el 23 de abril de 1908, y él mismo decidió que el palacio se situara en lo más alto de la península.
El proyecto elegido fue el de dos jóvenes arquitectos montañeses recién licenciados: Gonzalo Bringas Vega y Javier González de Riancho. Las obras comenzaron en marzo de 1909 con un presupuesto de 700.000 pesetas, financiado en parte por suscripción popular y en parte por el indiano Ramón Pelayo de la Torriente, futuro Marqués de Valdecilla. La construcción del palacio tuvo en la reina Victoria Eugenia a su supervisora más atenta. Aunque no visitó la Magdalena hasta septiembre de 1912, la monarca hizo indicaciones precisas sobre la distribución de las habitaciones y el mobiliario.
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Sin embargo, la proclamación de la II República en 1931 cambió el destino del palacio de forma radical. El nuevo gobierno incautó los bienes de la Casa Real, y el edificio pasó por varios usos que fueron deteriorando su estado: sede de la Universidad Internacional de Verano, hospital de sangre durante la Guerra Civil entre 1936 y 1939, y residencia temporal para los damnificados por el incendio que asoló Santander en 1941.
Igualmente, en el año 1932 se fundó la Universidad Internacional de Verano en Santander, que pasaría años más tarde a ser la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. A su vez, en el año 1977 la ciudad recuperó la península y en 1995 las obras de rehabilitación del palacio concluyeron con la visita e inauguración del rey Juan Carlos y la reina Sofía.
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Las Caballerizas Reales y el teatro de Lorca
A pocos metros del palacio, las Caballerizas Reales son el segundo edificio más importante de la península por su historia. Construidas en 1918 en un estilo inglés inspirado en los pabellones de Osborne House, la residencia de la reina Victoria en la isla de Wight, tienen una conexión con la literatura española que pocos edificios de Cantabria pueden igualar.
En los veranos de 1933, 1934 y 1935, la compañía La Barraca, dirigida por Federico García Lorca, actuó en el patio de las caballerizas ante un público que incluía a Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset. Igualmente, el palacio recibe visitas turísticas con cita previa en su zona museística, que recrea el ambiente de los veraneos regios con mobiliario de época, lámparas y obras de arte.
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Hay tres modalidades: la visita guiada, desde 7 euros por persona, que ofrece un recorrido general por el interior; la visita premium, desde 16 euros, que da acceso a estancias especiales; y la visita teatralizada, entre 16 y 18 euros, en la que actores dan vida a los habitantes habituales del palacio durante los veranos reales.
Los niños menores de seis años acceden de forma gratuita, y existe tarifa reducida para desempleados, estudiantes de 18 a 25 años, mayores de 65 y personas con discapacidad del 66% o superior. El acceso a la península se hace a pie, aunque un tren turístico externo recorre el perímetro con parada en el palacio.
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La península y el Museo El Hombre y el Mar
La Península de la Magdalena ocupa unas 25 hectáreas y es de acceso libre entre las 8 y las 22 horas, sin posibilidad de entrar en coche salvo autorización expresa. Desde sus acantilados se divisan la bahía de Santander, la Isla de Mouro con su faro de Cabo Menor, la Isla de la Torre y la Isla de la Horadada. Las playas de la Magdalena y Bikini están accesibles desde la vertiente sur.
En la zona noroeste de la península, el Museo El Hombre y el Mar rinde homenaje al navegante santanderino Vital Alsar Ramírez con los tres galeones de sus expediciones oceánicas entre 1966 y 1992, la balsa con la que cruzó el Pacífico en 1970 en el viaje más largo de la historia realizado en ese tipo de embarcación, y una sirena de bronce obra del escultor mexicano Enrique Jolly. Un conjunto al aire libre que completa la visita a uno de los enclaves más ricos en historia de toda la costa cantábrica.
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