El Mundial 2026, el ecosistema perfecto para los “ingenieros del caos”: así pueden la desinformación y la IA viralizar mentiras en minutos

El Foro Económico Mundial sitúa a la desinformación como el segundo riesgo más grave a dos años vista

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Dani Lerer, analista especializado en manipulación digital, desinformación y ecosistemas narrativos impulsados por IA
Dani Lerer, analista especializado en manipulación digital, desinformación y ecosistemas narrativos impulsados por IA. (cedida)

El 11 de junio, México y Sudáfrica abren el telón en el estadio Azteca de lo que será la primera Copa del Mundo disputada en tres países (Estados Unidos, México y Canadá), y la primera en la historia con 48 selecciones y 104 partidos. El torneo más grande de todos, y por eso, un blanco perfecto.

Mientras las selecciones ultiman sus plantillas, planifican sus vuelos, entrenamientos y estancias, los actores de la desinformación han sofisticado sus métodos mediante el uso de la inteligencia artificial. Campañas más creíbles, personalizadas y escalables que pueden afectar tanto a consumidores y marcas como al propio desarrollo del campeonato. Redes sociales, mensajes y un ecosistema digital que hoy está en el punto de mira gracias a su alcance global en minutos.

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Dani Lerer, analista argentino especializado en manipulación digital, desinformación y ecosistemas narrativos impulsados por IA, lo resume así: “El Mundial 2026 es por excelencia el laboratorio para que los ingenieros del caos terminen de mejorar este proyecto (el de la desinformación), que ya está muy avanzado”. Y es que, gracias a la inteligencia artificial, ahora es más fácil “hacer creer a la gente cosas que realmente no son”, como unas declaraciones postpartido o un vídeo de una pelea en un entrenamiento. “O al menos hacerle dejar de creer en cierta verdad”, añade el experto en conversación con Infobae.

Dani Lerer, analista especializado en manipulación digital, desinformación y ecosistemas narrativos impulsados por IA
Dani Lerer, analista especializado en manipulación digital, desinformación y ecosistemas narrativos impulsados por IA. (cedida)

El ecosistema perfecto para viralizar mentiras

Para Lerer, no es casualidad que el fútbol, y especialmente el Mundial, aparezca como el escenario ideal para las campañas de manipulación. “El mundial reúne todos los elementos que sirven para viralizar noticias falsas. Tiene la atención global de manera simultánea, los ojos del mundo sobre un mismo evento, sentimientos de nacionalismo, emociones intensas y consumo masivo en tiempo real”. A eso se suma “una enorme presión de los algoritmos en las redes sociales por rápidamente viralizar cosas sin verificar", advierte.

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En ese contexto, la desinformación encuentra un terreno especialmente fértil. Un video manipulado, una declaración falsa o una polémica arbitral fabricada pueden disparar reacciones inmediatas antes de que aparezca cualquier verificación. “El fútbol es uno de los terrenos más fértiles para la manipulación emocional. La desinformación deportiva explota identidades y emociones primitivas”, señala el analista.

Estatua agrietada de la Dama de la Justicia, vendada, con espada y balanzas. Fondo digital con mapa de Centroamérica, palabras y logos de redes sociales.
La desinformación y el uso de redes sociales erosionan la confianza. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La era de la posverdad

Lerer sitúa el fenómeno dentro de un problema más profundo: la pérdida de la relevancia de la verdad. “A la gente hoy dejó de importarle la verdad en sí misma. Le importa la verdad que se instala, la verdad que le conviene”. Es decir, el aficionado que ya desconfía de un árbitro, por ejemplo, siente que su selección puede ser perjudicada y es más vulnerable a aceptar contenidos falsos que avalen esa idea, “aunque haya cosas que te demuestren que no es así”.

Y el problema, según el experto, es que la mentira viaja mucho más rápido que cualquier rectificación. “Corre mucho más rápido una mentira, un sentimiento de enfado, que la verdad. Cuando llega la verdad, la mentira ya se viralizó y no hay manera de frenarla”.

Varios investigadores advierten que el principal objetivo de quienes difunden noticias falsas no es necesariamente convencer, sino sembrar dudas y erosionar la confianza en toda forma de información, algo que Lerer confirma: “La desinformación no solo busca convencerte de una verdad alternativa. Busca hacerte perder la confianza en qué es verdad y qué es mentira”, explica Lerer.

Infografía de un estadio de fútbol sobre un mapa de Norteamérica, con íconos de redes sociales y rostros de personas. La imagen visualiza el riesgo de desinformación.
Infografía sobre el peligro de la desinformación y la IA en el Mundial 2026. (Imagen Ilustrativa Infobae)

De la artesanía al escalado industrial

La IA generativa no inventó la desinformación, pero sí que la ha cambiado... y sofisticado. “Antes este trabajo era más artesanal. Hoy la inteligencia artificial hace escalable la fabricación de mentiras”. Eso permite crear contenidos falsos con un nivel de realismo asombroso. Y el resultado es una saturación de información imposible de verificar. “Es tanta la desinformación y tantas las imágenes que vemos, que la gente ya no sabe qué es verdad y qué es mentira”, subraya Lerer.

El Foro Económico Mundial sitúa a la desinformación como el segundo riesgo más grave a dos años vista, debido a su capacidad para desestabilizar la confianza pública y polarizar sociedades, amenazas amplificadas por la IA generativa y el uso masivo de redes sociales. “El problema de la desinformación es un problema ético. No solo de quienes crean la mentira, sino también de quienes deberían informar con la verdad y se prestan a estas jugadas”, sentencia el experto.

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“El mundo todavía no está preparado”

Ni la FIFA ni las federaciones tienen hoy herramientas suficientes para plantar cara a lo que se avecina. “El mundo todavía no está preparado”, afirma Lerer. “Quienes debieran contrarrestarlo todavía no tienen una estructura tan grande como para poder combatirlo”, razona.

Frente a este vacío, el analista sitúa la defensa en otro lugar. “La mejor defensa que hoy tenemos contra la desinformación no es tecnológica, es cultural. Requiere parar un segundo la máquina, verificar fuentes y no entrar en la vorágine emocional”, concluye.

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