
Soria es una de las provincias españolas con mayor número de castillos de toda la península, una herencia directa de los siglos en que el río Duero funcionó como frontera viva entre los reinos cristianos del norte y el poder musulmán del sur. Atalayas, fortalezas y torres de vigilancia salpican sus colinas y cerros como testigos de una época en que controlar el paso del río equivalía a controlar el destino de reinos enteros.
En ese paisaje, hay un nombre que lo resume todo: Gormaz. Una aldea de apenas una veintena de habitantes en la Ribera del Duero soriana que alberga, sobre un cerro que domina el valle, la fortaleza califal más grande de Europa. Un lugar donde la historia pesa tanto como el silencio, y donde cada piedra del muro lleva siglos contando lo mismo: que aquí pasó el Cid, que aquí se decidieron batallas y que aquí, durante los siglos X y XI, se jugó el futuro de la península ibérica.
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Una aldea pequeña con una historia desproporcionada
Gormaz se encuentra en la comarca de la Ribera del Duero soriana, muy cerca de Berlanga de Duero y El Burgo de Osma, dos de los enclaves patrimoniales más relevantes de la provincia. El pueblo actual es una pequeña aldea de mampostería y adobe que vive literalmente a la sombra de su castillo, pero su historia arranca hace 4.000 años, cuando el cerro que hoy corona la fortaleza ya estaba habitado durante la Edad del Bronce.
Las primeras noticias históricas documentadas de Gormaz se remontan al siglo X, cuando la población se asentaba a los pies del cerro y el Duero marcaba la frontera entre mundos. Su posición estratégica era evidente: desde el altozano se controlaba el paso del río y los cruces entre las calzadas que unían Uxama (la actual Osma), Ocilis (Medinaceli) y las grandes ciudades romanas de Cesaraugusta (Zaragoza) y Astúrica Augusta (Astorga).
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La fortaleza califal más grande de Europa
El castillo de Gormaz es posiblemente el mejor ejemplo de arquitectura militar del Califato de Córdoba que se conserva en el mundo. Mandado construir originalmente bajo el gobierno de Abderramán III y reconstruido por el general Ghalib en el año 965, fue ampliado hasta adaptarse a la orografía del cerro que ocupa. Su perímetro amurallado alcanza los 1.200 metros, con 446 metros de largo y 60 metros de ancho, lo que lo convierte en la construcción más grande de toda Europa de los siglos IX y X.
La arquitectura es casi en su totalidad de sillares labrados. El conjunto se divide en dos zonas separadas por un foso hoy cubierto: el alcázar y el recinto amurallado. En el alcázar destacan la torre de Almanzor del siglo X, la sala de armas y la torre del homenaje, con aparejo califal y vigas empotradas reutilizadas, que actúa como puerta de entrada. El recinto conserva además una impresionante puerta doble califal con arco de herradura situada al sur, y un aljibe con capacidad para 100.000 litros de agua, construido para permitir a sus defensores resistir asedios prolongados.
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La fortaleza tuvo su apogeo durante la época de Ghalib y Almanzor, y sufrió numerosos asedios por su posición dominante sobre el valle del Duero. En 975 resistió el ataque de una alianza de reinos cristianos, desbaratada por Ghalib tras una batalla campal. Solo en 1059 pasó a manos del rey leonés Fernando I, padre de Alfonso VI, junto con Vadorrey y Berlanga.

El Cid, Gormaz y el primer destierro
La fortaleza de Gormaz está ligada de forma directa a uno de los episodios más conocidos de la historia medieval española. El Cid Campeador fue alcaide de esta plaza por delegación del rey Alfonso VI, y desde aquí protagonizó uno de los hechos que desencadenaron su primer destierro.
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En el año 1081, la población que vivía a las faldas del castillo fue atacada por un contingente musulmán. La respuesta del Cid fue una dura represalia en forma de algara por los territorios de la taifa de Toledo, aliada estratégica del propio Alfonso VI en aquel momento.
El Cid actuó sin solicitar permiso a su rey, y la dureza del ataque contribuyó a desencadenar su primer destierro, que tuvo lugar ese mismo año. Un episodio que arrancó en este cerro soriano y que cambió para siempre el curso de la vida del héroe castellano.
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El puente romano, la ermita de San Miguel y las pinturas románicas
Pero más allá del castillo, Gormaz cuenta con otros monumentos que merecen una visita. El acceso cruza el río Duero por un puente de diez ojos de origen romano por el que, sin duda, pasó el Cid en más de una ocasión. Desde el puente ya se divisa el pueblo, pequeño y de mampostería, que puede servir de parada de reposo antes de iniciar el ascenso al castillo.
A pocos metros del caserío se encuentra la ermita románica de San Miguel, que data de finales del siglo XI, contemporánea de los tiempos del Cid. Su exterior es de una humildad que no anticipa lo que guarda dentro: murales al fresco-temple repartidos por la bóveda y los muros del ábside, con escenas religiosas y dos ejércitos de caballeros enfrentándose.
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Los estudios han establecido similitudes tan estrechas entre estas pinturas y las de San Baudelio de Berlanga que los especialistas creen que fueron realizadas entre 1125 y 1132 por un mismo taller. Junto a las de Maderuelo, en la vecina Segovia, forman una trilogía del románico castellano de excepcional valor. La antigua iglesia de Santiago, de camino a San Miguel, mantiene en pie sus muros románicos, aunque hoy alberga el cementerio de la localidad.
Cómo llegar
Desde Soria, el viaje hasta la fortaleza es de alrededor de 55 minutos por las carreteras Soria - Plasencia/Ctra. Soria Valladolid/N-122 y A-11. Por su parte, desde Sigüenza el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 10 minutos por las vías CM-110 y SO-160.
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