El pueblo cerca de Barcelona que ha enamorado a Jordi Évole: una joya modernista de Gaudí y el castillo del Infierno

La localidad cuenta con uno de los legados modernistas más increíbles de Cataluña y sorprende a todo aquel que se acerca gracias a su combinación de historia, arquitectura y naturaleza

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El pueblo de Barcelona que ha enamorado a Jordi Évole
El pueblo de Barcelona que ha enamorado a Jordi Évole (Montaje: Infobae).

Jordi Évole lleva décadas siendo uno de los periodistas más influyentes de la televisión española. Desde sus inicios en El intermedio hasta consolidar Lo de Évole como uno de los programas de entrevistas de referencia en La Sexta, su figura ha trascendido la pantalla para convertirse en un referente cultural. Sin embargo, más allá del foco mediático, hay un lugar donde el periodista encuentra el equilibrio que la vida pública no siempre permite: un municipio catalán de apenas 8.000 habitantes del que, según él mismo ha reconocido, se declara militante.

Ese lugar es Santa Coloma de Cervelló, un pueblo situado en el Baix Llobregat, a los pies de la montaña de Montpedrós y a la orilla derecha del río Llobregat. A poca distancia de Barcelona y de Cornellà de Llobregat, donde Évole nació, el municipio combina un patrimonio modernista de primer orden, un pasado medieval con leyendas incluidas y una calidad de vida que explica por qué el periodista eligió instalarse allí con su familia, en una casa amplia con jardín que le proporciona la privacidad que busca.

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La Colonia Güell y el tesoro de Gaudí

El mayor tesoro de Santa Coloma de Cervelló tiene nombre propio: la Colonia Güell. A finales del siglo XIX, el empresario y mecenas Eusebi Güell decidió trasladar su fábrica textil desde Barcelona hasta este municipio para alejarse de la conflictividad social que sacudía la ciudad. El traslado no fue solo logístico: Güell concibió un modelo de colonia industrial que aspiraba a mejorar las condiciones de vida de sus trabajadores mediante servicios integrados en el propio barrio.

El proyecto incluyó viviendas unifamiliares, un ateneo, teatro, escuela, comercios y jardines. Para su construcción se recurrió a arquitectos modernistas, entre ellos Joan Rubió i Bellver, que levantaron edificaciones con amplios espacios y formas que mezclaban la estética industrial con referencias medievales: escudos heráldicos, torres circulares y balcones almenados conviven en el conjunto con la sensibilidad propia del modernismo catalán.

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El tesoro escondido de Gaudí: una iglesia a menos de media hora de Barcelona que es Patrimonio de la Humanidad.

El encargo más ambicioso de todo el proyecto recayó sobre Antoni Gaudí, a quien se le encomendó la construcción de la iglesia de la colonia. El arquitecto diseñó un templo con dos naves, torres laterales y un cimborrio de 40 metros de altura, pero en 1914, con la nave inferior ya terminada, la familia Güell retiró la financiación. Lo que quedó en pie, conocido como la cripta, es mucho más que un edificio inacabado.

Según recoge la web de Turismo de Barcelona, la iglesia “incluye por primera vez las innovaciones arquitectónicas de Gaudí: arcos de catenaria, muros exteriores y bóvedas con forma de paraboloides hiperbólicos, trencadís ornamental e integración de los materiales con el entorno natural”. Esas soluciones estructurales servirían de base para plantear la Sagrada Familia, lo que convierte a la cripta de la Colonia Güell en un laboratorio arquitectónico de valor incalculable.

Desde el cierre de la fábrica textil en 1973, los más de veinte edificios del barrio están en proceso de recuperación. La iglesia fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2005 y Bien de Interés Cultural por la Generalitat de Cataluña.

Un castillo ‘infernal’ lleno de leyendas

El castillo del Infierno, en Santa Coloma de Cervelló
El castillo del Infierno, en Santa Coloma de Cervelló (Femturisme.cat).

Santa Coloma de Cervelló guarda también un pasado medieval que aflora en distintos rincones del municipio. El elemento más llamativo es el conocido popularmente como el castillo del Infierno, un conjunto en el que destaca la Torre Salvana. El apodo se debe a las numerosas leyendas urbanas y supuestos fenómenos paranormales que los vecinos asocian al edificio desde hace generaciones.

La historia real del castillo no es menos singular. Sus orígenes se remontan al siglo XI, cuando formaba parte de la red defensiva de la zona. En el siglo XIX sufrió una reforma profunda que integró la torre románica original con una masía del XVII y añadió elementos neogóticos como almenas, arcos apuntados y torretes. Esa combinación deliberada entre lo auténticamente medieval y lo neogótico es la que genera el aire enigmático que ha alimentado la imaginación de los habitantes del pueblo durante décadas.

El refugio de Jordi Évole

El municipio puede visitarse en un solo día, aunque su riqueza patrimonial invita a tomárselo con calma. La Colonia Güell y la cripta de Gaudí concentran la mayor parte del interés turístico, pero el recorrido por el casco urbano permite descubrir los guiños medievales que Rubió i Bellver introdujo en los edificios del barrio industrial, así como los contrastes entre distintas épocas y estilos que conviven en el pueblo.

La proximidad a Barcelona, a menos de 20 kilómetros, facilita la visita desde la ciudad. Para quienes se acercan desde fuera, el entorno natural que rodea Santa Coloma de Cervelló, con la montaña de Montpedrós como telón de fondo y el Llobregat bordeando el municipio, añade un atractivo que va más allá del patrimonio construido.

Cripta de la Colina Güell, en Barcelona (Shutterstock).
Cripta de la Colina Güell, en Barcelona (Shutterstock).

De este modo, no es de extrañar que Jordi Évole haya elegido este lugar como uno de sus favoritos. El periodista, conocido por su mirada crítica y su capacidad para ir más allá de lo evidente, ha encontrado en Santa Coloma de Cervelló una identidad que combina historia, arquitectura, naturaleza y esa imaginación particular que destilan sus leyendas. Una combinación que, al parecer, no necesita ninguna entrevista para explicarse.

Cómo llegar

Desde Barcelona, el viaje es de alrededor de 25 minutos por la carretera B-10. Por su parte, desde Tarragona el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora por la vía AP-7.

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