
La tendencia de mirar más lejos que cerca supone, inevitablemente, que haya destinos que se pierdan en la inmensidad de los trayectos. Sustituir la Selva Negra alemana por la Selva de Irati, en Navarra, o los Alpes Suizos por los Picos de Europa cántabros es posible y asequible. Lo mismo ocurre si lo que se buscan son enclaves playeros. Un ejemplo de ello sería cambiar la famosa isla de Indonesia, Bali, por una un poco más cerca: Madeira.
La isla portuguesa situada a dos horas en avión desde España ha sido reconocida en diversas ocasiones como el “Bali europeo” por su singular paisaje de volcanes, interminables arrozales, bosques de laurisilva y villas de lujo. Según ha recogido ElPeriódico, este destino atlántico combina una variada oferta natural y cultural con un coste de vida especialmente atractivo para los visitantes europeos que buscan una alternativa más cercana y asequible que la famosa isla indonesia.
La oferta turística de Madeira permite caminar en un mismo día por extensos bosques, explorar senderos y relajarse en piscinas naturales. El menú en restaurantes locales puede costar entre 5 y 10 euros si se elige Poncha Tavern o Taberna Madeira, y el precio de una semana en una villa de lujo en Porto Santo puede estar por debajo de los 160 euros. Por su parte, los vuelos desde Madrid suelen encontrarse por debajo de los 200 euros, y desde Tenerife, incluso por 50 euros hay algunas ofertas.
La isla se distingue por su accesibilidad y por la ganancia de comodidad frente al gasto y las largas horas de vuelo asociadas a destinos asiáticos. Madeira, descrita por ElPeriódico como “una joya oculta”, integra características geográficas como montañas abruptas, pueblos de identidad intacta y un tamaño compacto que facilita recorrer entornos muy diferentes en poco tiempo. Su clima suave durante todo el año, unido a la hospitalidad local, sitúa a este territorio como idóneo para cualquier tipo de viajero y en cualquier temporada.

Una isla con paisajes para todos los gustos: del lado salvaje del norte al patrimonio histórico del este de Madeira
El norte de Madeira representa el lado más salvaje y espectacular de la isla, donde domina el color verde intenso del bosque de laurisilva, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y extendido sobre numerosos barrancos y laderas. Localidades como Porto Moniz cuentan con piscinas naturales formadas por lava volcánica, mientras que São Vicente dispone de caminos entre vegetación frondosa y cuevas.
La costa sur cambia de registro ya que, según describe ElPeriódico, en Funchal se concentra buena parte de la vida cultural y gastronómica. Câmara de Lobos, por otro lado, preserva su carácter marinero con barcas tradicionales y un ambiente distinto al ritmo urbano del sur.
El este de la isla también aporta otra dimensión a la experiencia, según la información recogida por ElPeriódico. En Machico, lugar donde llegaron los primeros exploradores portugueses en el siglo XV, conviven playas, patrimonio histórico y una proximidad inmediata al Aeropuerto Internacional Cristiano Ronaldo, posicionado como punto de entrada habitual para quienes visitan Madeira. Ponta do Sol se erige como uno de los lugares más cálidos y Calheta amplía la oferta con playas artificiales y opciones culturales propias.
En materia económica, vivir o alojarse en Madeira resulta especialmente ventajoso frente a otros destinos turísticos del continente europeo. Mientras algunos restaurantes pueden alcanzar precios de 40 euros por persona, abundan alternativas asequibles en la isla. Las conexiones aéreas presentan frecuentemente tarifas reducidas y las oportunidades de alojamiento llegan a incluir villas de lujo a precios que, según el medio, pueden rivalizar con el coste de un menú en ciudades españolas.

La Sé Catedral de Funchal, construida con piedra volcánica local, permanece como símbolo de la colonización
El interior montañoso de Madeira, como resalta ElPeriódico, ofrece paisajes dominados por picos como Pico Ruivo o Pico do Areeiro, que superan los 1.800 metros. Desde estos puntos, las vistas condensan la variedad orográfica de la isla. El patrimonio monumental dispone de un edificio de referencia: la Sé Catedral de Funchal, notable por su construcción entre 1493 y 1514 íntegramente con piedra volcánica local, hecho que la convierte en un caso singular en el contexto europeo. La catedral permanece casi intacta desde los tiempos de la colonización inicial, resultado de la orden del Rey D. Manuel I para reemplazar a la primera parroquia que quedó insuficiente para la creciente población.
La arquitectura del interior de la catedral responde al gótico mendicante y planta en cruz latina. Según ha documentado ElPeriódico, destaca el techo de alfarje en madera de cedro autóctono, trabajado en estilo mudéjar e incrustado en marfil y dorados, uno de los ejemplos más representativos de Portugal. El conjunto se completa con retablos del siglo XVI, azulejos del siglo XVIII y los fondos del Museo de Arte Sacro, que atesora piezas de gran valor histórico y artístico.
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