
En el vasto mosaico de pueblos que salpican la geografía española, muchos han sabido conservar la esencia de tiempos remotos. Sus calles empedradas, sus plazas y monumentos hablan de hospitalidad, tradición y de un pasado en el que cada esquina guarda una historia. El viajero curioso, al recorrer estos lugares, descubre no solo el legado arquitectónico, sino también la memoria viva de quienes los habitan y los mitos que los acompañan.
Uno de esos enclaves que aún laten con fuerza es Castiello de Jaca, en el Pirineo aragonés. Esta localidad, junto al Camino de Santiago, no solo invita a contemplar paisajes espectaculares y a disfrutar de rutas naturales, sino que encierra un tesoro único: la leyenda de las cien reliquias, símbolo de hospitalidad y de fe que ha trascendido generaciones.
El pueblo de las cien reliquias
Castiello de Jaca es conocido entre los peregrinos como “el pueblo de las cien reliquias”, título que hunde sus raíces en la cristiandad y en la generosidad de sus gentes. Según la tradición, un peregrino valenciano llegó extenuado y fue acogido por los vecinos, quienes le ofrecieron refugio hasta su recuperación. En agradecimiento, el viajero entregó todas sus pertenencias, entre las que destacaba una arquilla repleta de reliquias de santos tan ilustres como San Vicente Ferrer, Santa Lucía, San Pedro de Arbués o Santa Cecilia.
La arqueta que hoy guarda este legado data de 1825 y está situada en el altar de la iglesia de San Miguel. Elaborada en Jaca por el artesano Cotín, destaca por sus guirnaldas, punzones y por los once relicarios de plata, latón, hierro, madera y vidrio soplado. Aunque la leyenda habla de cien piezas, el recuento real señala catorce reliquias conservadas en pequeñas cajas y envoltorios debidamente identificados, tras la restauración realizada en 2014.

Este cofre de fe y memoria permanece cerrado durante casi todo el año. Solo el primer domingo de julio se abre la arqueta y se celebra una jornada festiva que congrega a vecinos y visitantes, recordando el espíritu de hospitalidad que define a Castiello de Jaca.
Un enclave de peregrinos y rutas naturales
El paso del Camino de Santiago ha marcado la historia y el carácter de Castiello de Jaca. Cada año, numerosos peregrinos atraviesan sus calles siguiendo el tramo aragonés del Camino Francés, disfrutando del ambiente sereno y del paisaje que envuelve esta puerta natural al valle de la Garcipollera. La paz y la belleza del entorno acompañan a quienes buscan un alto en el camino antes de proseguir hacia Jaca o hacia la iglesia románica de Santa María de Iguácel, joya arquitectónica y único vestigio de un antiguo cenobio femenino.
La leyenda de las cien reliquias no solo es símbolo de devoción, sino también reflejo de la hospitalidad que ha caracterizado a la localidad durante siglos. El cuidado y la conservación de la arqueta, su traslado entre hornacinas y la restauración de su espacio original, muestran el esmero de los vecinos por mantener viva una tradición que ha pasado de generación en generación.
Por otro lado, la maravillosa ubicación de la localidad permite al visitante explorar otros tesoros del Pirineo aragonés. A menos de diez minutos se encuentra Jaca, con su catedral y su ambiente histórico, y a un cuarto de hora la imponente Estación Internacional de Canfranc, símbolo del modernismo ferroviario en la región. A media hora, el monasterio de San Juan de la Peña ofrece un recorrido por la espiritualidad y la historia medieval, mientras que la ruta de las iglesias del Serrablo invita a descubrir el arte románico en pequeñas localidades del entorno.
Cómo llegar
Desde Pamplona, el viaje es de alrededor de 1 hora y 25 minutos por la carretera A-21. Por su parte, desde Huesca el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora por la misma carretera.
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