
¿Es posible que dos islas separadas por 3,8 kilómetros de océano hagan que cada uno de los territorios tenga un desfase horario de 21 horas? Al parecer, existen dos islas de diferentes países, separadas por el estrecho de Bering, que marcan una de las fronteras más singulares del mundo. Las islas Diómedes se componen de Diómedes Mayor y Diómedes Menor, situadas entre Alaska y Siberia respectivamente.
Los dos territorios no solo tienen horarios diferentes, sino que las leyes y el idioma también lo son. Pero, además, al estar a tan poca distancia, sendas islas vivieron momentos de tensión geopolítica durante la Guerra Fría. Algo que se acentuó cuando la nadadora estadounidense Lynne Cox se propuso cruzar el estrecho a nado.
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Mientras Diómedes Mayor se rige por el huso horario ruso, Diómedes Menor utiliza la hora de Alaska, lo que genera el apodo de “Isla del Mañana” para la primera y “Isla del Ayer” para la segunda. Esta diferencia, que asciende a 21 horas durante la mayor parte del año y se reduce a 20 en verano, existe debido a la presencia de la Línea Internacional de Cambio de Fecha.

La venta que separó a las dos islas
Estas islas —también conocidas como Islas Gvozdev— recibieron su nombre tras la expedición del navegante danés-ruso Vitus Bering el 16 de agosto de 1728, fecha en la que la Iglesia Ortodoxa Rusa conmemora a San Diomedes, según Farout Magazine. El explorador Semyon Dezhnev había navegado la zona en 1648, aunque no dejó constancia de estos islotes en sus registros.
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La división actual surgió tras la venta de Alaska por parte del imperio ruso a los Estados Unidos en 1867. Desde entonces, Diómedes Mayor quedó bajo control ruso y Diómedes Menor pasó a ser territorio estadounidense. Durante la Guerra Fría, este punto se transformó en símbolo de la separación entre las dos potencias, una línea imaginaria que dividía dos sistemas políticos opuestos.
Posteriormente en 1948, las autoridades soviéticas expulsaron a los habitantes indígenas de Diómedes Mayor, reubicándolos en Siberia por temor a una posible influencia occidental. Desde ese momento, la isla rusa permaneció deshabitada, alojando solo una pequeña base militar. En contraste, Diómedes Menor aún alberga una comunidad de cerca de un centenar de inupiat, quienes sobreviven gracias a la pesca y la caza en un entorno hostil y aislado.
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Momentos de tensión durante la Guerra Fría
Rusia administra 11 husos horarios distintos, aunque la mayor parte de su población se concentra en el horario de Moscú. Las islas Diómedes representan una de las anomalías más notorias en esta división, ya que la diferencia de casi un día entre ambas no responde a la distancia geográfica, sino a convenciones políticas y cartográficas.
Durante el invierno, la superficie del estrecho se congela, permitiendo el paso a pie, en esquí o en vehículos ligeros entre ambas islas. Esta particularidad convierte a las islas Diómedes en un punto de tránsito estacional entre Estados Unidos y Rusia, aunque bajo estrictos controles y con gran simbolismo histórico.
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Uno de los episodios más tensos que involucró a las islas Diómedes ocurrió en 1987, cuando la nadadora estadounidense Lynne Cox decidió cruzar a nado los 4 kilómetros que separan ambos territorios. El intento de Cox movilizó a las fuerzas militares de ambos países en plena Guerra Fría. La Unión Soviética envió buques a la zona, mientras que Estados Unidos desplegó aviones de patrulla para vigilar los movimientos en el estrecho.
La situación generó una alarma mediática en Occidente. Ante la presión internacional y el riesgo de escalada, el entonces líder soviético Mijaíl Gorbachov autorizó el cruce de Cox, lo que permitió descomprimir la tensión. Durante el trayecto, Cox soportó temperaturas extremas, con el agua cercana al punto de congelación y el riesgo constante de hipotermia. Tras llegar a la costa rusa, dos oficiales soviéticos la ayudaron a salir del agua y una doctora local verificó su estado de salud.
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El cruce de Cox, más allá de su hazaña deportiva, tuvo impacto político. Durante la cumbre entre Gorbachov y el presidente estadounidense Ronald Reagan, ambos líderes mencionaron el acontecimiento como un ejemplo de la cercanía entre los pueblos de ambos países. Hoy, las islas Diómedes siguen siendo testigo de la influencia de las fronteras trazadas por el ser humano.
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