
Toledo, conocida por su rica historia y su legado monumental, también alberga una serie de pequeños pueblos que, lejos de la bulliciosa capital, ofrecen un escaparate de tradición, cultura y belleza natural. A tan solo unos minutos de la ciudad imperial, estos municipios se presentan como auténticos tesoros escondidos, donde la arquitectura medieval, los paisajes rurales y las costumbres ancestrales siguen vivos en su día a día. En cada uno de estos pueblos, la esencia de Castilla-La Mancha se plasma en su gastronomía, en sus fiestas populares y, sobre todo, en su gente, que mantiene viva la historia de una región llena de encanto y sorpresas.
Desde las murallas de Illescas hasta las aguas del Tajo en Talavera de la Reina, pasando por la tranquilidad de Cobisa y la majestuosidad de Consuegra, cada rincón de la provincia invita a ser descubierto. Sin embargo, de todos destaca uno en especial gracias a su tamaño. Se trata de Los Yébenes y gracias a sus 677 kilómetros cuadros es el pueblo más grande de Toledo. Esta localidad se enclava a escasos 40 kilómetros de la ciudad, en la sierra que lleva su nombre. Además, atesora un rico patrimonio histórico que se refleja en cada rincón y que se puede contemplar gracias a sus calles y monumentos.
Una historia que se remonta a la Edad de Bronce

El origen de Los Yébenes se remonta a la Edad del Bronce, periodo en el que se han identificado varios yacimientos arqueológicos como Montón de Trigo y Chorreras. A lo largo de la historia, la población continuó su desarrollo durante la época romana, visigoda y musulmana, y se consolidó como una zona de frontera durante la Reconquista cristiana. En la Edad Media, la localidad se dividió en dos municipios: Los Yébenes de Toledo y Los Yébenes de San Juan, lo que explica la existencia de dos iglesias parroquiales de los siglos XV y XVI.
Estos dos pueblos eran, respectivamente, propiedad de la ciudad de Toledo y de la Orden Militar de San Juan de Jerusalén. No fue hasta el siglo XIX que ambas entidades se unificaron, formando la actual población. Hoy en día, Los Yébenes ofrece una rica y variada propuesta turístico-cultural, que combina su patrimonio histórico con una impresionante belleza natural. Así, de todos sus monumentos, el castillo de Guadalerzas es de los más especiales. Esta fortaleza árabe fue construida en el año 1078 “para defender el paso del congosto, desfiladero que comunica los valles del Algodor y del Bracea, con la comarca de Malagón, en época almorávide”, detallan desde Turismo de Los Yébenes.
A lo largo de su historia ha estado ocupado por tres órdenes militares hasta que Felipe II se lo vendió al colegio de Doncellas Nobles de Toledo. Sin embargo, a día de hoy tan solo se conservan unos pocos restos de su estructura original, los cuales se pueden encontrar en un pequeño montículo artificial llamado el cerro de la Horca. Lo curioso de esto, es que fueron descubiertos en el siglo XIX tras un proceso de reconstrucción de la fortaleza.
Descubre Los Yébenes

El caso histórico de Los Yébenes invita a perderse gracias a sus calles empedradas y casas de arquitectura tradicional castellana, las cuales parecen trasladarnos a siglos pasados. Por ello, pasear por él es algo imprescindible para descubrir su riqueza monumental, en la que destaca la iglesia parroquial de Santa María. El templo, situado en la plaza mayor de la villa, cuenta con numerosas reconstrucciones desde el siglo XV al XVIII, por lo que cuenta con una arquitectura muy variada en estilos. Igualmente, el otro gran monumento religioso es la iglesia parroquial de San Juan, que se ubica en la plaza del mismo nombre.
El edificio data de finales del siglo XVI y principios del XVII y fue mandado construir por la orden de Sanjuanista. A estos templos hay que añadir otras cuatro ermitas: la de la Concepción, Cristo de la Veracruz, San Blas, y la Soledad. Por su parte, el Palacio de la Encomienda es otro de sus grandes atractivos. La construcción, de grandes dimensiones, fue el hogar de nobles y caballeros y residencia de los Borbones y Carlos III. También se merece una visita el museo de Ciencias Naturales, el de la Caza y Naturaleza, y la Hoploteca, que es el museo de las Armas Antiguas.
Molinos de viento y un refugio para los senderistas

La sierra Los Yébenes cuenta con uno de los emblemas de la localidad: sus molinos de viento. En lo alto de la montaña se enclavan tres majestuosos molinos, dos de ellos reconstruidos con su maquinaria original, para el oficio de la molienda. La crestería molinera se puede alcanzar a través de una senda restaurada de origen romano, que serpentea hasta la cima. En este recorrido, destaca El Molino del Tío Zacarías, uno de los más emblemáticos del conjunto, que conserva elementos originales que permiten revivir el proceso de molienda tradicional, al igual que el molino El Torrecilla.
Además, se ha restaurado la antigua casa del molinero, ahora convertida en centro de visitas y museo etnológico, ofreciendo una visión profunda de la historia y las tradiciones locales. Más allá de su patrimonio histórico, Los Yébenes es un destino ideal para los amantes de la naturaleza. El municipio está rodeado por un paraje de gran valor ecológico, con bosques de encinas y alcornoques que componen un paisaje lleno de vida.
En este entorno, el senderismo es una de las actividades más recomendadas. Existen diversas rutas que permiten recorrer la Sierra de Madrona y disfrutar de la fauna y flora autóctona, que incluye ciervos, jabalíes y numerosas especies de aves. La cercanía al Parque Nacional de Cabañeros, uno de los espacios naturales más importantes de Castilla-La Mancha, también ofrece la oportunidad de explorar otros rincones naturales de la región. En Los Yébenes, la tranquilidad de la naturaleza se mezcla con el aire limpio y las impresionantes vistas, haciendo de este un lugar perfecto para desconectar del bullicio de la ciudad.
Cómo llegar
Desde Toledo, el viaje es de alrededor de 35 minutos por la carretera CM-42. Por su parte, desde Ciudad Real el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora por la vía N-401.
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