
A la orilla de la ría de la comarca de Ferrol se encuentra Mugardos, un pintoresco municipio entornado en un paisaje natural privilegiado. Esta pequeña localidad es conocida tanto por sus hermosos paisajes y su gastronomía, como por su extraordinaria historia militar.
Y es que, este municipio ha vivido numerosos conflictos debido a su ubicación estratégica y las tres fortificaciones defensivas. Por lo que, Mugardos se ha convertido en un importante punto militar a lo largo de los siglos, gracias al Triángulo de Fogo que no dejaba ningún milímetro acuático libre del fuego de los cañones. Así, el Castillo de La Palma, que data del siglo XVI, es uno de los principales patrimonios de la localidad, junto con los castillos de San Felipe, en Ferrol, y de San Martiño, en Ares.
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Un gran baluarte defensivo

La primera mención del castillo aparece en un plano de 1597, enviado por Martín de Padilla, quien presentaba un plan de defensa para la ría, según el informe de Forega. Su intención fue proteger la ría de Ferrol de los ataques enemigos. Así, los enfrentamientos más reseñables, fue el papel crucial que jugó contra la armada inglesa en 1596 y, más tarde, contra los ataques de las tropas francesas.
Originalmente conocido como Castillo de San Luis, la edificación situada estratégicamente en la Punta da Redonda, contaba con once cañones que simbolizaban su importancia militar a inicios del siglo XVII. Posteriormente, en su historia arquitectónica, en 1731, el castillo fue ampliado con la adición de cuatro baterías, aumentando su capacidad a un total de 30 cañones. También se incorporaron estructuras como un cuartel, un polvorín y una muralla que protegía la fortaleza del ataque terrestre.
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Sin embargo, en el siglo XIX, el castillo original fue demolido y reemplazado por el actual, con obras que comenzaron en 1860 y concluyeron en 1896. Este nuevo diseño se alejó de las construcciones abaluartadas del siglo anterior, organizándose en varias líneas defensivas: una orientada al mar con baterías acasamatadas que protegían los cañones, otra con baterías a mayor altura, armadas con cañones Krupp de mayor calibre y una tercera, conocida como la línea de gola, con un acceso exterior. Este, que tiene forma de V, está rodeado de un foso y protegido por un puente levadizo.
Con los años, durante la Guerra Civil Española, el Castillo de La Palma dio un giro para convertirse en una prisión militar. Asimismo, entre 1981 y 1983, fue el lugar de reclusión del teniente coronel Antonio Tejero, conocido por su papel en el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.
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No obstante, el castillo dejó de cumplir funciones militares y fue vendido por el Ministerio de Defensa a una sociedad inversora en 1990. El proyecto, que nunca llegó a materializarse, mantenía la intención de convertir este histórico castillo en un hotel enfocado al turismo.
La reapertura del Castillo de La Palma

A pesar de haber estado en estado de abandono durante años, desde 2018, el Castillo de La Palma reabrió sus puertas con una intención turística. De esta forma, se ha permitido tanto visitantes como residentes se conecten con su legado cultural, en un recorrido con una duración aproximada de 45 minutos.
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Las visitas a esta emblemática fortificación suelen abrir el plazo de inscripción de reservas el mes de julio, para organizar diversas visitas guiadas durante los meses de agosto y septiembre. En ellas se permite a los asistentes explorar diversos rincones del castillo, incluidos el patio interior, la capilla y la celda de Antonio Tejero.
Igualmente, cabe destacar que la entrada tiene un aforo limitado a 20 personas en diferentes turnos que se realizan todos los fines de semana. Así, las visitas de este 2024 han brindado a cerca de 2.000 personas la oportunidad de disfrutar de sus impresionantes vistas y su rica historia.
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