
Apenas a una hora y media de Madrid, en la provincia de Guadalajara, se ubica uno de los rincones más mágicos de toda la provincia. Tierra de escritores y duques, esta villa destaca por su rico patrimonio histórico y cultural, lo que la convierten en uno de los mejores destinos de la región. Además, su cercanía con la capital, la convierte en un destino rural excepcional, perfecto para desconectar del ajetreo y el estrés de la gran ciudad.
Estamos hablando de Pastrana, una localidad situada en la vega del río Arlés, entre el Tajo y el Tajuña y que no deja indiferente a nadie. Así, gracias a su imponente conjunto monumental forma parte de la prestigiosa lista de Los pueblos más bonitos de España, una distinción que la alza como uno de los lugares más singulares de la provincia.
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La villa ducal de Pastrana
Aunque se dice que el origen de Pastrana puede ser romano, lo cierto es que la localidad se funda durante la Edad Media, concretamente en el siglo XIII bajo la Orden de Calatrava, bajo el contexto de la repoblación cristiana de la comarca de la Alcarria. Sin embargo, no obtendría el título de villa hasta el año 1369, un siglo después, cuando el rey Enrique II de Castilla se lo otorgó, para que en el año 1541 fuera cedida y vendida por el rey Carlos I Ana de la Cerda, condesa de Mélito y abuela de la Princesa de Éboli.
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Durante este periodo y de la mano del primer Duque de Pastrana, Ruy Gómez de Silva, y de la Princesa de Éboli, su esposa, la villa vivió su periodo de máximo esplendor. Esta figura fue una pieza clave en la historia del municipio, pues la Princesa es recordada tanto por su influencia en la época como por sus intrigantes y trágicas vivencias, incluyendo su enigmático apresamiento en el Palacio Ducal de Pastrana. Con el paso de los años, Fray Pedro González de Mendoza, hijo de los duques, siguió la estela de sus antecesores, reedificando la colegiata y convirtiéndola en el templo funerario de la familia que es hoy en día.
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Un paseo por Pastrana
Así, el viajero puede descubrir a día de hoy uno de los conjuntos históricos más especiales de España. Tal es su belleza, que ha servido de inspiración y de hogar para poetas y artistas de la talla de Moratín o Camilo José Cela, el cual retrató a la villa en su obra Viaje a la Alcarria. Las calles de la villa conforman un trazado que ha sido catalogado como Conjunto Histórico Artístico y a través del cual se descubren monumentos como el impresionante Palacio Ducal.
Este es uno de los principales edificios del pueblo y se ubica en la Plaza de la Hora. Construido en 1542, es un claro ejemplo de la arquitectura renacentista. En su interior, se pueden apreciar detalles que reflejan el lujo y la opulencia de la nobleza de la época. Además, el palacio alberga diversas exposiciones temporales y actividades culturales, lo que lo convierte en un punto de interés constante para los visitantes.
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Otro lugar emblemático de Pastrana es la colegiata de Nuestra Señora de la Asunción, una iglesia gótica iniciada en el siglo XIV y terminada en el siglo XVII. Dentro del templo, se encuentra el Museo Parroquial, que conserva importantes obras de arte sacro, desde esculturas y pinturas hasta piezas de orfebrería. Entre sus tesoros destaca el famoso “Códice de la Colegiata”, un manuscrito medieval que es una de las joyas más valiosas del museo. Tampoco hay que olvidarse del convento de San José, fundado por Santa Teresa de Jesús en 1569; el convento de San Francisco; el convento del Carmen; o los restos de las murallas del siglo XIV y el arco de San Francisco.
Cultura y gastronomía
La relevancia histórica de Pastrana no solo se centra en sus monumentos, sino también en su contribución al desarrollo cultural de la región. La localidad celebra anualmente festividades que rememoran eventos históricos, como las Jornadas Ducales, que recrean la época dorada de los duques y la Princesa de Éboli. Estas jornadas incluyen representaciones teatrales, desfiles y ferias medievales que atraen a numerosos visitantes y contribuyen a la conservación y difusión de la historia local.
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La gastronomía de Pastrana también es un reflejo de su rica historia y de su entorno rural. Productos típicos como el cordero asado, las migas y los embutidos artesanales son algunos de los platos que deleitan a quienes visitan los restaurantes y tabernas locales. La miel de la Alcarria, reconocida con denominación de origen, es otro producto destacado que se puede degustar y adquirir en la localidad.
Cómo llegar
Desde Guadalajara, el viaje es de alrededor de 45 minutos por la carretera de Guadalajara, la N-320 y CM-2006. Por su parte, desde Madrid el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 30 minutos por la vía A-2.
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