El Atlético de Madrid ya tiene su 9 para cerrar el mercado. Se trata de Jonathan David, quien llega cedido de la Juventus con una opción de compra de 25 millones de euros. Pero antes de eso, tendrá que demostrar en un equipo donde la sorpresa de Arnau Ortiz, la retención de Julián Álvarez y la recuperación de la mejor versión de Sorloth no lo pondrán nada fácil.
Eso sí, no llega como refuerzo de última hora. El delantero canadiense viene buscando lo mismo que el noruego. Jonathan David aterriza en Madrid tras una temporada para olvidar en Turín, pero con un currículo que en Francia lo situó entre los mejores delanteros de Europa. Es decir, llega como una apuesta, la de recuperar la versión de un futbolista que fue decisivo durante cinco temporadas en el Lille y no acabó de encontrarse en Italia.
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De Brooklyn a Ottawa, con Haití de por medio
Jonathan Christian David nació el 14 de enero de 2000 en Brooklyn, mientras sus padres, Jean y Rose, estaban de visita en Estados Unidos. La familia, de origen haitiano, regresó enseguida a Puerto Príncipe, donde Jonathan pasó sus primeros seis años rodeado de fútbol callejero. En 2006 emigraron a Canadá y se instalaron en el este de Ottawa, dentro de una comunidad franco-ontariana que les facilitó la adaptación.
Allí empezó a jugar en clubes locales como el Gloucester Dragons o los Ottawa Internationals, y perfeccionó su técnica en la École secondaire publique Louis-Riel, un centro francófono con programa deportivo. A diferencia de la mayoría de jóvenes canadienses, nunca miró hacia la MLS. Su referencia era el Barça de Ronaldinho, y su objetivo, cruzar el Atlántico sin pasar por el fútbol norteamericano. Antes de conseguirlo, probó suerte en el Salzburgo y el Stuttgart, donde fue descartado.
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El salto a Europa y la explosión en Lille
La oportunidad llegó en 2018 con el KAA Gante belga. Allí no necesitó mucho tiempo para destacar: en su segunda temporada firmó 23 goles y 7 asistencias en 40 partidos y se convirtió en el máximo goleador de la liga belga. El Lille pagó cerca de 27 millones de euros por él en 2020, el traspaso más caro en la historia del fútbol canadiense.
En Francia llegó su consagración. Campeón de la Ligue 1 en su primera temporada, David encadenó cinco años como uno de los delanteros más regulares del campeonato: 109 goles y 30 asistencias en 232 partidos, lo que le convirtió en el máximo goleador del Lille en el siglo XXI y en el segundo de la historia del club. Fue además, en ese periodo, el segundo máximo anotador de la Ligue 1 solo por detrás de Kylian Mbappé.
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Fue también en la selección canadiense donde nació su apodo, “Iceman”. El seleccionador John Herdman lo acuñó fijándose en su calma bajo presión y en una gesticulación que apenas cambia, gane, pierda o falle.

El duelo que marcó su carácter
Esa frialdad tiene un origen concreto. En 2019, cuando su nombre empezaba a sonar con fuerza en Europa, su madre, Rose, murió de cáncer. Tenía 19 años. Desde entonces, varios goles importantes los ha dedicado a su memoria, y quienes le conocen coinciden en que aquella pérdida aceleró su madurez y reforzó una manera de gestionar la presión que parte, más que de la indiferencia, del control emocional. Esa misma serenidad que en Francia y en la selección se leyó como virtud, en Turín se convertiría más tarde en motivo de crítica cuando los resultados no acompañaron.
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Máximo goleador histórico de Canadá
Con la camiseta de su país, David pudo elegir representar a Estados Unidos por nacimiento o a Haití por ascendencia. Escogió Canadá, en gesto de gratitud hacia el país que dio estabilidad a su familia. La decisión ha salido rentable: es el máximo goleador histórico de la selección canadiense, con más de 40 tantos, fue Bota de Oro de la Copa Oro en 2019 y ha sido pieza clave en los Mundiales de 2022 y 2026, donde firmó un triplete ante Catar.
El Atlético como redención
Es esa misma templanza y visión lo que buscará el Cholo de él. El perfil de David encaja con lo que suele pedir Simeone a sus delanteros: movilidad, capacidad de atacar espacios, buen primer toque para aguantar de espaldas y descargar, y disposición para presionar en el primer tramo del campo. No es un nueve estático. Puede caer a los costados, moverse entre centrales y aprovechar su rapidez para atacar la espalda de la defensa rival. Pero, lo primero, será recuperar esa sensación de peligro que tenía en Francia.
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