El tenis podría estar de vuelta en el Vaticano. La elección de León XIV como nuevo Papa no solo marca el inicio de una etapa para la Iglesia Católica, sino que también pone bajo la lupa aspectos menos conocidos de su trayectoria y personalidad. Robert Francis Prevost, nacido en Chicago y asentado durante décadas en Perú, representa una figura extraordinaria que combina un profundo compromiso religioso con intereses personales. Es ahí donde entra en escena el tenis, un deporte que podría recuperar protagonismo dentro del Vaticano bajo su papado.
Más allá de su labor pastoral, Prevost encontró momentos para cultivar sus aficiones personales. El ahora León XIV es un gran aficionado al tenis, deporte que practicaba regularmente en el monasterio de Santo Toribio de Mogrovejo, en Chiclayo. Aquellos que lo conocieron destacan su habilidad para desconectarse de las responsabilidades diarias cuando empuñaba una raqueta, lo que le proporcionaba una oportunidad para recibir equilibrio mental y físico. A esto se sumaba su gusto por la música criolla peruana, una muestra de la cercanía cultural que desarrolló durante su misión.
En una entrevista concedida tiempo atrás, Robert Prevost se autodefinió como “un verdadero amante del tenis”. Reconoció que durante los años vividos en Perú no tuvo tantas oportunidades de practicar dicho deporte como le habría gustado, pero expresó su ilusión por volver a jugar en algún momento. Incluso estuvo a punto de confesarse seguir de Carlos Alcaraz, aunque nunca fue confirmado para tranquilidad de sus nuevos vecinos. Con su nuevo rol como Papa, sus declaraciones han despertado interés, dado que existe un espacio poco conocido del Vaticano que podría conectarse directamente con esta pasión.

La pista de tenis oculta del Vaticano
Lejos de la vista de los millones de turistas que visitan la Santa Sede, detrás de los altos muros del Vaticano se encuentra una pista de tenis. Este espacio, relativamente desconocido, fue diseñado como un rincón dedicado al entretenimiento de cardenales y miembros del Vaticano. Situada cerca del Museo Vaticano, la pista de tierra batida está protegida por una red que asoma sobre las murallas y ha permanecido como un detalle casi secreto en el interior del Estado más pequeño del mundo.
Históricamente, esta pista vivió su apogeo en las décadas de 1960 y 1970, cuando se organizaban torneos en los que participaban figuras relevantes del clero que luego ascenderían a importantes posiciones dentro de la Iglesia. Sin embargo, la popularidad del deporte dentro del Vaticano comenzó a decaer cuando empleados laicos y sus hijos, más jóvenes y hábiles, tuvieron acceso a la pista, lo que desalentó la participación de los prelados. Aunque en 2008 hubo un intento por revivir el tenis dentro del Vaticano, la tradición no ha recuperado plenamente la fuerza de sus años dorados. Sin embargo, con León XIV, abierto seguidor de este deporte, la pista podría desempeñar un rol más destacado y quizás reabrir una actividad competitiva en el corazón de la Santa Sede.
El redescubrimiento de la pista de tenis vaticana, todavía un rincón reservado del Estado Pontificio, acompaña este nuevo capítulo de la historia de la Iglesia. Si el Papa decide retomar la práctica activa de este deporte, no solo se proyectaría como un símbolo de modernidad y proximidad, sino que podría revitalizar una antigua costumbre del Vaticano, reforzando el equilibrio entre tradición y renovación que define a su pontificado.
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