
El uso de inteligencia artificial ha vuelto a ocupar el centro de la polémica en el mundo literario, después de que una investigación periodística señalara que el 99 % de la novela Donde el agua trabaja, del escritor peruano David Silva Rojas, había sido generado por un modelo de lenguaje de IA. Este libro había ganado el Premio Internacional de Novela Breve Amadía-Ventosa Arrufat, cuyas bases prohibían explícitamente las obras generadas con esta herramienta, pero aun así resultó la escogida por un jurado del que formaban parte autores del calibre de Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda.
Este caso se suma al que no hace mucho provocó un terremoto editorial en Francia, con la novela C’était ça ou mourir, del escritor de origen haitiano Thélyson Orélien, donde también un sistema detector de IA arrojó una probabilidad cercana al 100 % de que el texto hubiera sido generado por una computadora. Pero, más allá de la propia escritura, la polémica también ha rodeado a autores que han decidido utilizar la inteligencia artificial con otros fines: como desarrollar o reforzar los planteamientos de sus novelas.
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Este último caso es Olga Tokarczuk, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2018 y quizá una de las primeras autoras de prestigio señaladas por el uso de la IA. La escritora se encontraba participando en uno de los actos del Poznań Impact, uno de los congresos económicos y tecnológicos más importantes de Europa, cuando sorprendió a todo el mundo confesando que ella misma empleaba esta herramienta para escribir sus novelas: “Adquirí la versión más avanzada de un modelo de lenguaje y a menudo me sorprende profundamente cómo amplía mis horizontes y profundiza mi pensamiento creativo”.

“Cariño, ¿cómo podríamos desarrollar esto de forma magistral?”
En este mismo evento, Tokarczuk subrayó que, a pesar del miedo, “los escritores, debido a la naturaleza específica de nuestro oficio, somos los más aptos para utilizar herramientas como la IA”. “Nuestros cerebros literarios funcionan de una manera completamente diferente; su trabajo se basa en una asociación periférica y asociativa de hechos amplia y muy extensa, que difiere drásticamente de la visión estrecha y altamente enfocada de los académicos”, explicó.
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“A menudo le presento una idea a la máquina para que la analice, preguntándole: ‘Cariño, ¿cómo podríamos desarrollar esto de forma magistral?’. Aunque conozco las alucinaciones y los numerosos errores de los algoritmos fácticos en los campos de la economía rigurosa y los datos objetivos, debo admitir que en la fluidez de la ficción literaria, esta tecnología es una ventaja de proporciones increíbles. Al mismo tiempo, me duele el corazón por la desaparición de la literatura tradicional, escrita durante meses en soledad, una obra de vida forjada en la mente de un individuo plenamente consciente".
Con todo, la escritora señaló también que este uso debía realizarse con cuidado. “Estas conversaciones son absorbentes y uno puede perder de vista el propósito original de usar la IA en favor de, por ejemplo, explorar o incluso descubrir teorías extraordinarias. Sin embargo, hay que tener cuidado con las alucinaciones”.
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David de Falguera, abogado especialista en IA y Derecho Digital, analiza el desfase entre la rápida evolución de la inteligencia artificial y la lentitud de la normativa. Explica la necesidad de establecer reglas para proteger los derechos digitales de los ciudadanos sin ahogar la innovación tecnológica.
La respuesta de Tokarczuk tras la polémica
Tras estas declaraciones, las críticas hacia la escritora fueron múltiples y tuvo que pronunciarse de nuevo para matizar todo lo que había dicho. “Como cualquier otra conversación, los comentarios realizados ante un público en directo durante un evento público pueden malinterpretarse”, razonaba en un comunicado. “Utilizo la inteligencia artificial siguiendo los mismos principios que la mayoría de la gente: la considero una herramienta que permite documentar y verificar los hechos con mayor rapidez”.
Pese a este uso, Tokarczuk quiso dejar claro que ninguno de sus textos, pasados ni presentes, ha sido escrito con la ayuda de inteligencia artificial, “salvo para utilizarla como herramienta para una investigación preliminar más rápida”. Y concluía: “A veces me inspiran los sueños, pero antes de que esta frase también sea acorralada y hecha pedazos por los expertos, me apresuro a informar que son mis propios sueños”.
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