Se conoce como nuda propiedad al concepto legal que permite que una persona posea un bien sin tener derecho a utilizarlo hasta que se cumplan determinados requisitos. En el mundo de la vivienda, se ha utilizado cada vez más como una posible alternativa a los altos precios del mercado: compras una casa, pero no puedes vivir en ella hasta que se cumpla un determinado plazo o, incluso, hasta que el antiguo propietario fallezca.
Este último caso es el que se cumple en el caso de Vera (Susana Abaitua) y Lucas (Maxi Iglesias), los dos protagonistas de Nuda propiedad. Como si el cine tuviera la habilidad de predecir el futuro, esta película llega en el momento de máxima agitación social por la crisis de la vivienda para contarnos la historia de una pareja que, desesperada por la subida de los precios del alquiler, decide comprar desesperadamente una vivienda en esta modalidad sin saber que está a punto de caer en una trampa que les llevará a su propio límite.
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“Creo que hay algo de la inocencia y de la ternura que dan Lucas y Vera que hace que te preguntes: ¿cómo pueden llegar hasta donde llegan? Nadie está libre ante la desesperación, el dolor y la imposibilidad, así que nadie está libre de acabar cometiendo atrocidades", apunta Abaitua sobre una comedia negra con tintes de thriller. “El objetivo era plantar dos personajes y enseñar muy bien la ilusión que era para ellos esto, para que luego acabes preguntándote cómo han acabado así dos personas tan buenas. Pero es que esto pasa”.
Una coincidencia que “no da alegría”
El estreno de Nuda Propiedad llega cuando se cumple una semana de la acampada en la Plaza del Sol en Madrid por la crisis de la vivienda. Miles de personas llevan días protestando por el derecho a una vivienda digna, en un contexto donde los precios de alquiler y compra de vivienda siguen subiendo. “Escribimos la película hace dos años, fíjate que entonces ya estaba tenso el tema. Y claro, si durante tanto tiempo estiras el chicle, al final se rompe y la gente explota”, lamenta Alberto Utrera, director de la película.
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Lo acompaña Pepe Viyuela, quien también aparece en la película interpretando a un notario que acompaña a la pareja protagonista en todo el proceso de compra (“alguien que hace su trabajo sin preguntarse nada”, lo define el propio actor), y que define la situación como “la crónica de una muerte anunciada”. “Esta coincidencia con la explosión social no te alegra. No piensas en qué bien que haya coincidido desde el punto del marketing, porque de lo que se está hablando es algo muy trágico y muy sangrante. Constata, por lo menos, que no nos equivocamos al elegir hablar de este tema”.
“Sientes más responsabilidad”, opina por su parte Susana Abaitua. “No estamos ciegos, vivimos en este mundo y esto demuestra que llevamos mucho tiempo con una crisis de la vivienda que era insostenible”. Cuando ella y Maxi Iglesias leyeron por primera vez el guion, se preguntaron si, para cuando se estrenara la película, todo estaría mejor, algo que claramente no ha sucedido. “En la película se conoce a esta pareja y se ponen sobre la mesa unas cuestiones necesarias para su desarrollo, para mirar al futuro si quieren seguir juntos, algo que también es muy importante que la sociedad revise”, añade él.
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Del “somos padres” al “somos propietarios”
Las palabras de Maxi Iglesias señalan el pilar central de Nuda propiedad: la relación de Vera y Lucas, una funcionaria de Correos y un profesor de matemáticas, que lo único que hace es esperar a tener un poco de suerte. Y, como si la suerte fuera el mismísimo Godot, esto los tiene paralizados a nivel vital y acaba por comprometer el propio bienestar de la pareja cuando ni siquiera tienen un lugar al que llamar “casa”. Por eso, uno de los momentos favoritos del actor es cuando, tras firmar la compra del piso, la pareja se abraza al borde de las lágrimas y exclama: “¡Somos propietarios!“.
“Se alegran tanto como si acabaran de saber que han conseguido ser padres”, comenta Iglesias. “El ‘vamos a ser propietarios’ para mí se justificaba como que habían conseguido un objetivo vital para la pareja. A lo mejor antes estaba ya el lugar y, como consecuencia, había una tranquilidad para tener hijos. Si no contamos con esa tranquilidad, ¿cómo se celebra conseguirla? Es la celebración de personas que pensaban que no iban a tener ninguna opción y de pronto llega una ilusión. Por eso me sale una frase que no estaba en el guion: ‘¿Cómo no hemos sido propietarios antes?’”.
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Repensarnos como sociedad
La nuda propiedad utiliza la vida y la muerte de una persona como un valor de mercado. Para Utrera, además, es algo perverso “porque el que compra, que ya va ahogado, tiene que pagar además un alquiler inevitablemente, esperando a que una persona muera”. “Para esa persona también tiene que ser una historia esto, que haya gente esperando a que te mueras para entrar en tu casa”, reflexiona. “En fin, es una salida a un momento en el que lo que se hace es intentar sobrevivir y buscar salidas a una situación muy complicada”.
En este contexto, es donde proliferan (y triunfan económicamente) personajes como el de Pepe Viyuela, personas que hacen su trabajo y nada más, sin cuestionarse las consecuencias ni pedir disculpas por nada. “No estamos hablando de los notarios, sino de un tipo de ser humano que va por el mundo mirándose solo a sí mismo y preocupándose solo por su propio bienestar”, afirma el actor. “La falta de empatía, la falta de solidaridad, la deshumanización... tampoco hace falta irse muy lejos para encontrarte a alguien así”.
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Estas personas son testigos y agentes de las desgracias de una pareja cada vez más desesperada que solo cuenta con el apoyo del otro. “Es una historia de amor, de darte cuenta de que en los pequeños detalles es donde está todo. En el caso de Vera, necesita encontrarse con ese desequilibrio al que le han llevado las decisiones que han ido tomando sobre algo para volver a encontrarse”, concluye Susana Abaitua. Por su parte, Iglesias termina subrayando que “la piedra angular” de todas nuestras relaciones, y por lo tanto de la sociedad, es cómo nos vinculamos a los demás. “Hay que pararse y preguntarse qué nos ha pasado: cuáles son ahora las prioridades, lo importante, qué se aplaude, qué se señala y qué se juzga”.
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