El pueblo que murió con su último vecino y resucitó con ‘La bola negra’: Castil de Carrias, de tener un solo habitante durante 19 años a ser escenario de Los Javis

Este pueblo de la España despoblada situado en Burgos tuvo entre 1975 y 1994 un único habitante: Florentino González Sáez

Tráiler de 'La bola negra', una película dramática dirigida por Javier Ambrossi y Javier Calvo.
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Dice Javier Ambrossi (Madrid, 1984) que para rodar La bola negra necesitaron 12 semanas y darse una vuelta por diferentes enclaves de España. Y sufrir sus consecuencias, claro. “Es una peli muy artesana rodada en 35 milímetros que pretende ser clásica en todo su esplendor”, ha relatado a Onda Cero el que, junto a Javier Calvo (Madrid, 1991), firma una de las películas del año. De Granada, las cumbres de Sierra Nevada o Cantabria, es una película “muy real”, como lo es su historia.

La bola negra, que desde este viernes está en cines tras un camino que arrancó en el Festival de Cannes el pasado mayo, tiene como punto de partida el personaje de Sebastián (Guitarricadelafuente), un joven cuyo pueblo es bombardeado por las fuerzas italianas durante la Guerra Civil y acaba recalando en un batallón del bando nacional en Santander. Situada en tres líneas temporales —1932, 1937 y 2017—, la cinta sigue las vidas interconectadas de tres hombres homosexuales: al personaje de Guitarricadelafuente se suman Carlos, interpretado por el debutante Milo Quifes, y Alberto, al que da vida Carlos González.

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Imágenes de las localizaciones de 'La bola negra'. (Elástica)
Imágenes de las localizaciones de 'La bola negra'. (Elástica)

Sebastián no solo es el punto de partida de la historia: también lo es el pueblo en el que vive. Los 155 minutos de cinta arrancan en un pueblecito en plena Guerra Civil. Sus habitantes sostienen pancartas de bienvenida a las tropas fascistas italianas, sin saber que lo que les espera es una masacre de balas y sangre. Ese pueblo es Castil de Carrias, un núcleo desertizado ubicado en Burgos que conservaba el aspecto necesario para recrear una localidad castigada por la guerra, con casas hundidas y tapizadas por la hiedra y la maleza. “Decidimos que lo mejor era buscar un pueblo medio derruido en el que solo tuviéramos que construir algo más para poder luego destruirlo con las bombas”, explica Clara Salvador, jefa de localizaciones de la película, a Condé Nast Traveler. Allí comenzó oficialmente el rodaje hace poco más de un año, en agosto de 2025.

Florentino González Sáez, el solitario de Castril

Pero hasta que llegó el equipo de La bola negra, el pueblo estuvo en silencio desde 1994, cuando falleció su único habitante: Florentino González Sáez, un labrador que albergó en él la figura de alcalde de sí mismo y que se obstinó en vivir en soledad desde 1975, cuando tenía 48 años, hasta su muerte, 19 años después. El motivo por el que la despoblación fue haciendo mella fue, entre otros, por la falta de agua. “A todos los echó el agua, la ausencia de agua. Que aquí no hay manantial ni caudal cercano”, escribió El País sobre el pueblo en 1983. “Había que subirla con baldes desde las fuentes de abajo del barranco por la cuesta del Pontón que llamamos, y encima no era un agua buena, era muy dura, con mucho yeso, de mala calidad”, añade Javier, un vecino de la zona para el Diario de Burgos en 2020, recordando la historia del solitario de Castril.

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“El invierno es duro y hay que guardar mucha leña para no congelarse. De gallinas, cuatro hay, las suficientes para comer algún huevo de vez en cuando. También tengo dos pollos que, más que nada, me sirven para despertarme”, confesó al semanario especializado en sucesos El Caso en 1985, donde ya predijo el futuro del pueblo: “Esto ya no tiene arreglo ninguno. Aquí no va a volver nadie”.

Imágenes de las localizaciones de 'La bola negra'. (Elástica)
Imágenes de las localizaciones de 'La bola negra'. (Elástica)

Pero hubo un tiempo en que aquel pueblo estaba lleno de vida. Según los censos históricos del Instituto Nacional de Estadística (INE), Castil de Carrias llegó a contar con 246 habitantes en 1860. En 1950 todavía vivían allí 178 personas; una década después eran 126 y en 1970 la cifra cayó hasta 59. En el censo de 1981 quedaba ya una única persona y un solo hogar: Florentino. El antiguo municipio terminaría integrándose posteriormente en Belorado.

“No hubo manera de convencerle para que se fuera a vivir a otro pueblo, a Briviesca o a Belorado. Era muy cabezota. Recuerdo que en aquellas elecciones en las que se hizo famoso le llevé yo a Belorado a votar”, apunta este mismo vecino. El labrado y su galga Culebra permanecieron allí hasta enero de 1994. Tenía 66 años cuando un cazador encontró su cuerpo en las escaleras de la antigua taberna en la que vivía, como relató el Diario de Burgos. El resto, es historia.

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