Aitana ya sabe que es una estrella: Madrid afianza su estatus de reina del pop con un espectáculo sin espacio a la improvisación

La cantante inauguró este viernes la primera de las cuatro noches en Madrid con el ‘Cuarto Azul World Tour’: un show más conservador que el de los estadios, pero suficiente para mantener su estatus de estrella

Aitana durante una actuación en el Movistar Arena, a 11 de septiembre de 2026. (Eduardo Parra/Europa Press)
Aitana durante una actuación en el Movistar Arena, a 11 de septiembre de 2026. (Eduardo Parra/Europa Press)
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Para Aitana (Sant Climent de Llobregat, 1999) el azul representa el camino hacia la luz. Y su cuarto, su refugio. Poco más de un año después de que la cantante salida de Operación Triunfo 2017 actuara, por fin, en el Riyadh Air Metropolitano —con dos años de batalla por lograr su ansiado Bernabéu—, la catalana volvió a hacerlo este viernes en Madrid con la primera de las cuatro noches en el Movistar Arena. Esta vez con el Cuarto Azul World Tour, una extensión de la minigira de estadios —un Olímpic en Barcelona y dos en la casa del Atlético de Madrid— realizada el año pasado, pero con una versión más conservadora y adaptada al tamaño y complejidad de una arena.

Si aquellas tres fechas le sirvieron para consagrarse como la (súper)estrella que la catalana y su equipo llevan nueve años construyendo, este concierto (y esta gira) —que empezó el pasado mayo ni más ni menos que en Roquetas de Mar—, no podían decepcionar. Y más teniendo en cuenta que es su carta de presentación internacional: para los próximos meses tiene previstos 11 conciertos en Latinoamérica antes de cerrar el año en Nueva York y Miami. En 2027 llegará a Londres, Milán, Lisboa y París.

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Aitana durante una actuación en el Movistar Arena, a 11 de septiembre de 2026, en Madrid. (Eduardo Parra/Europa Press)
Aitana durante una actuación en el Movistar Arena, a 11 de septiembre de 2026, en Madrid. (Eduardo Parra/Europa Press)

Llegados a este punto, la crítica y el público le exigen unos estándares que ella misma se encarga de elevar para no deshacerse ni de su estatus de estrella ni de la metamorfosis que la consagró en los estadios. En esta ocasión, las expectativas se cumplieron pese a un sonido sobresaturado, con una puesta en escena y una actitud totalmente acordes a lo que destila: nada queda de aquella Aitana que hacía sus mejores esfuerzos por bailar la coreografía de El mismo sol en OT. Ahora no duda en mirar con intensidad a cámara mientras se coloca el pelo porque sabe lo que vale y, sobre todo, lo que es. Vaya si es guapa la tía.

Con un impresionante vestido blanco y azul de volantes de la marca Devo y una puntualidad pasmosa que escasea en la coyuntura de divas actuales, a las 21.00 horas arrancó un concierto que durante cerca de dos horas hizo un repaso de los mejores y más populares temas de sus últimos álbumes, 11 razones (2020) y Alpha (2023), pero con especial peso en Cuarto azul (2025), que da nombre a la gira y gestó como resultado de una depresión y dos rupturas —la de Miguel Bernardeu y Sebastián Yatra— con su posterior proceso de sanación concebido en la habitación de su infancia.

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Aitana estrella: año II

Así pues, el concierto no podía empezar de otra manera: con una decena de bailarines invadiendo las cuatro paredes de su infancia, ahora cambiadas por un escenario de dos pisos con una romántica cama y una colcha sacada de Pinterest —da pánico pensar cuánto podrían costar esos metros cuadrados en Madrid—. En las tres pantallas, dos laterales y una en el centro —que tiene el tamaño perfecto para grabar un TikTok—, un nuboso cielo azul que se va aclarando a lo largo de la noche, a medida que sus tormentos también se disipan. Y así, como si estuviera en una rave bailando dentro de su habitación, arranca 6 de febrero, el tema que se presentó por primera vez en la serie documental Metamorfosis (Netflix, 2025) y el mismo que su familia y equipo le repitió sin parar que “eso no iba a ser un hit”.

Aitana durante una actuación en el Movistar Arena, a 11 de septiembre de 2026, en Madrid. (Eduardo Parra/Europa Press)
Aitana durante una actuación en el Movistar Arena, a 11 de septiembre de 2026, en Madrid. (Eduardo Parra/Europa Press)

Sin apenas pausa, llegó el momento de Segundo intento y Duele un montón despedirme de ti, canción que canta en colaboración con el cantante puertorriqueño Jay Wheeler y que, por sorpresa, apareció para cantarla a dúo. Apenas ha empezado el concierto y ya hay un terremoto de 3,5 en la escala de Richter: niñas, niños, madres, padres, veinteañeros y algún que otro treintañero gritan sin pudor el nombre de su ídola. “Cuando entro al Movistar Arena y os veo a todos con los looks de azul, con las pancartas... Es realmente una locura cómo os lo curráis”, dice la cantante al comienzo del show. No falla: desde que Taylor Swift puso de moda el method dressing en los conciertos, cada artista tiene el suyo. En esta ocasión, una ola de azul klein, siguiendo la temática del disco, invade todo Goya.

Aitana desveló en el escenario aspectos desconocidos de su relación y ruptura con Sebastián Yatra durante el concierto de Rosalía en Madrid

Una vez hechas las presentaciones, el concierto es un sin parar de temazos: + (Más), tema que canta junto a Cali Y El Dandee; Trankis, con Barry B, Gran Vía, con Quevedo o Formentera, con Nicki Nicole. Aunque ninguno de ellos pudo asistir, el público se encargó de poner todos los coros. Más tarde, entre los momentos más esperados está cantar y bailar Las babys, tema incluido en el electropop alpha, y que incluye un sample de Saturday Night, donde Aitana baila su propia versión a ritmo del “dee dee na na na” que tan famoso se hizo en los 90; o berrear Mon Amour, single de Zzoilo publicado en 2020 al que más tarde Aitana contactó para hacer el remix. Nadie, ni la propia Aitana, parece haberse cansado de él ni cinco años después de repetirlo hasta la saciedad.

Pero entre canción y canción apenas queda aire. La escenografía da gusto, las coreografías y sus bailarines también, y el orden de los temas es una delicia se mire por donde se mire. Faltan, quizá, aquellos primeros singles que publicó nada más salir de OT, pero reclamar Teléfono a estas alturas solo es apto para los más nostálgicos. De esta forma, todo está donde tiene que estar y ocurre cuando tiene que ocurrir, de manera que cosas tan triviales como sacarle una botella de agua con una pajita o un cepillo para que se peine su melena parecen robotizadas, teniendo en cuenta que ya ha salido algún que otro TikTok.

La espontaneidad, con coreografía

Porque el espectáculo está tan medido que precisamente los pocos momentos en los que se descose son los que más recuerdan a la niña que comía a escondidas sanjacobos mojados en leche. “He salido tan nerviosa que le he dicho a mi equipo: ‘Chicos, agarradme bien, que estoy mareada’. Es la emoción del momento, para mí es tan fuerte no acostumbrarse a esto. Esto es una maldita locura y doy gracias todos los días”, dice en un momento del show para posteriormente bajarse al foso y comenzar a interactuar con fans, en su mayoría, niñas: “¡Holaaaa! ¡Qué pequeña!”, le dice a una por videollamada. “¡Qué guapísima! ¡Qué guays esas trenzas!“, le dice a otra. En otro momento, agradece a Madrid por haberme dado a su “familia escogida”, entre ellos, su novio, el youtuber Plex, alias de Daniel Alonso, con el que mantiene una relación desde hace más de un año y con el que espera durar “toda la vida”.

La cantante Aitana, en Madrid. (Eduardo Parra/Europa Press)
La cantante Aitana, en Madrid. (Eduardo Parra/Europa Press)

Antes de cerrar, llegó el repaso de las que son sus “canciones favoritas” y el momento del concierto donde “más disfruta”. Entre ellas, La chica perfecta, un dúo con Alaska convertido en himno contra la presión estética que terminó con un: “Dejad de opinar del cuerpo de las mujeres”, algo que Aitana lleva sufriendo en sus propias carnes desde que empezó. Para cerrar, el que puede ser su máximo éxito hasta la fecha: Superestrella. El público corea la palabra al unísono sin parar, de manera que una pierde la noción de si ya se refieren al título de la canción o a la propia Aitana.

Acostumbrados a giras que utilizan las canciones sorpresa, las apariciones de famosos y sus respectivos momentos virales para el público pendiente noche tras noche, Aitana apuesta por un show milimétricamente calculado que no deja apenas espacio a la improvisación. Tal vez ese haya sido siempre el gran fantasma de Aitana: la delgada línea entre el control absoluto de su carrera y quienes insisten en ver detrás de ella una marioneta. Sea como sea, el trono, por ahora, sigue siendo suyo, y su cuarto azul, de todos.

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