Crítica de ‘Toy Story 5′: los juguetes se enfrentan a la tecnología en una película que repite la fórmula de siempre y a la que le falta emoción

La última entrega de la saga plantea cuestiones interesantes sobre el uso de los dispositivos digitales en los niños, pero la ausencia de momentos memorables y su esquema prefabricado es un problema

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Toy Story 5 llegará a los cines el próximo 19 de junio

Ya hace más de 30 años que se estrenó Toy Story, la película que no solo revolucionó el cine de animación a través de técnicas digitales que hasta el momento no se habían utilizado, sino que, además, entraría a formar parte del imaginario popular casi de manera instantánea, convirtiéndose en una película clave dentro de la historia del cine.

Sus sucesivas continuaciones se fueron amoldando a los tiempos, de manera que las aventuras del vaquero Woody, el piloto espacial Buzz Lightyear y todos los demás muñecos se expandieron de manera orgánica hasta alcanzar su cumbre en la que, para muchos, es la mejor película de la saga, Toy Story 3, que contiene uno de esos finales en los que es imposible no soltar una lagrimita, por la emoción genuina que contiene.

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A lo largo de toda la saga se han abordado temas íntimamente relacionados con el aprendizaje que nos lleva de la infancia a la edad adulta: de la amistad al sentimiento de soledad, de la búsqueda de la identidad a la aceptación de las diferentes etapas. Al fin y al cabo, los juguetes siempre han sido una especie de espejo de nuestros miedos atávicos, entre ellos, el abandono.

Toy Story 5 (Captura de tráiler oficial)
Lilipad en 'Toy Story 5' (Disney Pixar)

Los juguetes frente a una tablet

Después de la poco memorable cuarta entrega, Toy Story 5 regresa con energías renovadas y un mensaje muy acorde a nuestra actualidad: la introducción de la tecnología y las pantallas en nuestra cotidianeidad y de cómo impactan en la infancia.

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Ahora la niña Bonnie ha cumplido nueve años y sigue jugando con sus juguetes favoritos, entre ellos, Jessie, que se ha convertido en la líder del equipo después de que Woody se marchara a vivir su propia vida. Sin embargo, la pequeña tiene problemas para socializar y sus progenitores decidirán regalarle un dispositivo para ver si, al menos virtualmente, consigue hacer amigas. La ‘tablet’ en cuestión se llamará Lilypad y pondrá a la defensiva al resto de los juguetes, que se sentirán totalmente relegados ante la llegada del nuevo dispositivo.

Toy Story 5
Jessie luchará para que Bonnie conecte con una niña 'real' (Disney Pixar)

Así que Jessie pedirá refuerzos a Woody y ahí comenzará toda una serie de aventuras paralelas que siguen el mismo esquema que las anteriores propuestas: los juguetes sufrirán peripecias que los separarán y tendrán que luchar contra las adversidades no solo para reunirse, sino también para conseguir sus objetivos, en este caso que Bonnie conecte con una niña en la realidad, no a través de internet.

De nuevo, se aborda el paso del tiempo a través de esos juguetes que se sienten obsoletos y se deben enfrentar a una nueva era en la que parecen ya no tener sentido. Sin embargo, a pesar de que el tema de fondo pueda ser de lo más oportuno, se echa en falta que los personajes adquieran una mayor entidad, que tengan un peso más rotundo y, sobre todo, no deja de resultar cansino que la fórmula narrativa se vuelva a repetir de manera milimétrica, aunque en esta ocasión, desprovista de las dosis necesarias de emoción y melancolía.

Toy Story 5
Woody y Buzz, una amistad y rivalidad que se mantiene (Disney/Pixar)

Una fórmula agotada que se repite

Toy Story 5 es una película demasiado ‘formulaica’ y prefabricada, que parece renegar, precisamente, de esa imaginación, los sueños y la fantasía que pretende reivindicar a través de su historia.

Hay pocas escenas memorables en esta entrega y, las más significativas corresponden a la horda de Buzz Lightyears que aparecerán para ayudar a los protagonistas y cuyas escenas están repletas de imaginación visual, algo de lo que carece la mayor parte de la película, a la que le falta alma y poesía.

Quizás sea el momento de decir adiós a una franquicia que no da más de sí, que se ha exprimido hasta la última gota y que ya solo vive de la nostalgia y de las rentas del pasado.

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