Un año después de su estreno oficial en el resto del mundo, Espejos n.º 3, la nueva propuesta de Christian Petzold, llega por fin a los cines españoles. La película, protagonizada por Paula Beer, explora la relación entre dos mujeres marcadas por el trauma y la pérdida, en una historia que retoma el pulso emocional del mejor cine europeo reciente. La cinta, distribuida por Filmin, se podrá ver precisamente en la plataforma tras su paso por cines, tras un recorrido festivalero que la consolidó como uno de los títulos más esperados del año.
La llegada de Espejos n.º 3 supone el regreso a la cartelera de uno de los cineastas más influyentes del panorama contemporáneo alemán. Después de su estreno mundial en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes —primera incursión de Petzold en este certamen tras una trayectoria muy vinculada a Berlín, donde ganó el Oso de Plata por El cielo rojo— la película ha pasado por la Sección Oficial de la Seminci y cuenta con una retrospectiva dedicada al director en el D’A Film Festival Barcelona. Este recorrido internacional, marcado por el aplauso de la crítica, precede su desembarco en España, donde la figura de Petzold ha ido adquiriendo cada vez mayor presencia gracias a su colaboración con Filmin y el interés de los festivales nacionales.
La espera para el público español ha sido prolongada: Espejos n.º 3 aterriza en salas un año después de su primera proyección oficial. La película debutó en la Quincena de Realizadores de Cannes, un espacio donde Petzold mostró por primera vez su trabajo fuera del circuito habitual del Festival de Berlín. Su paso por la Seminci y la inclusión en la retrospectiva del D’A Film Festival Barcelona han consolidado el prestigio del filme antes de su estreno general. La distribución a cargo de Filmin refuerza la apuesta por el cine de autor europeo y da continuidad a la presencia de Petzold en el catálogo de la plataforma, donde títulos como En tránsito, Ondina y El cielo rojo han logrado conectar con audiencias que buscan propuestas de gran carga emocional y formal. El debut de Espejos n.º 3 en el circuito español se presenta como uno de los acontecimientos del mes, aunque llegue más tarde de lo previsto.

El fantasma de ‘Vértigo’ habla alemán
La trama de Espejos n.º 3 se construye a partir de un acontecimiento traumático: Laura, interpretada por Paula Beer, es una joven estudiante de piano en Berlín que sobrevive a un accidente de coche en el que pierde la vida su novio. Aunque sale ilesa físicamente, el golpe emocional la sume en un estado de shock y vacío existencial. El relato arranca en ese punto de ruptura, cuando Laura se encuentra desprovista de referencias y anclajes afectivos. Una mujer que presencia el accidente decide acoger a Laura en su casa y cuidarla durante unos días, introduciéndola en la dinámica cotidiana de su familia. Este núcleo familiar está compuesto por la mujer, su marido y su hijo adulto, y en ese espacio doméstico se va tejiendo una extraña intimidad entre los personajes. Bajo la calma aparente del hogar, comienzan a aflorar heridas antiguas y secretos que ponen en cuestión el equilibrio del grupo.
En la convivencia, la figura de Laura va ocupando progresivamente un lugar central, como si la familia intentara, de forma sutil, sustituir a su propia hija ausente a través de ella. Esta dinámica remite al universo de Vértigo de Alfred Hitchcock, donde la obsesión por la sustitución y la proyección emocional sobre otra persona se convierte en el motor del drama. Petzold toma esta referencia no solo como guiño cinéfilo, sino como un elemento estructural: la presencia de Laura en la casa activa mecanismos de duelo, deseo y reparación que arrastran a todos los miembros de la familia.
El desarrollo de la relación entre Laura y la mujer que la acoge está marcado por la ambigüedad y la tensión contenida. Ambas comparten la experiencia de la pérdida y el anhelo de reconstrucción, pero lo hacen desde posiciones muy diferentes: una, como víctima reciente del trauma; la otra, como sobreviviente de un duelo anterior no resuelto. El filme se adentra en ese territorio incierto donde la convivencia se convierte en una forma de exploración emocional y los vínculos se redefinen a partir de la fragilidad común. La historia se despliega en un entorno rural alemán, alejado del bullicio urbano, lo que permite que los personajes se enfrenten a sus propios fantasmas en un espacio suspendido, casi fuera del tiempo. La calma del paisaje contrasta con el tumulto interior de los protagonistas, subrayando la tensión entre lo visible y lo oculto, entre la apariencia de normalidad y la inestabilidad emocional que los atraviesa.

La trilogía del “reencantamiento”
Espejos n.º 3 marca un nuevo capítulo en la larga y fructífera colaboración entre Petzold y Paula Beer. La actriz se ha convertido en la intérprete emblemática del cineasta, tras su participación en títulos como En tránsito, Ondina y El cielo rojo. En cada uno de estos proyectos, Beer ha dado vida a personajes complejos, atravesados por el desarraigo, la pasión y la búsqueda de sentido. La presencia de Beer en el cine de Petzold no es solo una cuestión de continuidad actoral, sino que responde a una afinidad creativa profunda. El director ha destacado en varias ocasiones la capacidad de la actriz para encarnar estados de vulnerabilidad y resistencia, cualidades que resultan decisivas en el universo emocional de Espejos n.º 3. La intensidad contenida de su interpretación sostiene el relato y lo dota de una autenticidad poco frecuente en el cine contemporáneo.
La película dialoga con las anteriores colaboraciones entre ambos, pero introduce nuevos matices: aquí, el foco está en la interacción entre mujeres y en la posibilidad de reconstrucción afectiva a partir del dolor compartido. La química entre Beer y el resto del elenco contribuye a la creación de una atmósfera cargada de tensión y ternura, donde cada gesto y cada silencio adquieren un peso específico. En declaraciones recientes, Christian Petzold ha explicado que Espejos n.º 3 forma parte de un ciclo temático dedicado al “reencantamiento”, junto a sus anteriores filmes Ondina y El cielo rojo. El cineasta se propuso explorar en estas obras la capacidad del cine para devolver el asombro y la emoción a contextos aparentemente anodinos, como la vida en una ciudad alemana en noviembre.
Petzold sostiene que “no es difícil hacer una historia de amor situada en París, pero sí lo es hacerla en Alemania, en las afueras, en un clima gris y cotidiano”. Su apuesta consiste en reencantar ese mundo con la ayuda de cuentos, canciones de cuna y recursos propios de la historia del cine. El objetivo, según sus palabras, es “volver a abrir las ventanas” de los sentidos para quienes han quedado atrapados en el duelo y la tristeza. El director reconoce que la película nace de la observación de personas traumatizadas, que sienten que sus sentidos han dejado de funcionar. La historia de Laura se presenta así como un viaje hacia la reapertura sensorial y emocional, en busca de una forma de convivencia que permita reparar las heridas del pasado. El filme propone que, incluso en situaciones límite, es posible encontrar nuevas formas de comunidad y afecto.

De Hitchcock a Ravel
El título original de la película, Miroirs No. 3, remite a una pieza para piano de Maurice Ravel que Petzold escuchaba mientras escribía el guion. La música, especialmente el subtítulo Une barque sur l’océan, influyó en la atmósfera y en la construcción de ciertas escenas clave. La relación entre música y narración es fundamental en el filme: las piezas musicales no funcionan como simple acompañamiento, sino que se integran en la lógica interna de la historia, vinculadas a gestos y espacios concretos.
Durante el proceso creativo, Petzold compartió textos del filósofo Werner Hamacher sobre el escritor romántico alemán Heinrich von Kleist con el reparto, para reflexionar sobre la fragilidad de los vínculos humanos. La idea de que “la literatura es como vivir bajo una bóveda frágil que podría derrumbarse en cualquier momento” atraviesa la película, mostrando a los personajes como miembros de una comunidad precaria, donde todo puede romperse, pero donde aún persiste una posibilidad de sostén mutuo. De esta forma, Espejos n.º 3 llega a las salas españolas como una de las propuestas más esperadas y singulares del año pasado, ofreciendo una mirada profunda sobre el duelo, la memoria y los vínculos inesperados que surgen en circunstancias extremas.
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