Se ha convertido en una de las sorpresas inesperadas de la plataforma Netflix. Una película surcoreana dirigida por un autor de culto que se ha instalado en el número uno a nivel mundial desde su estreno el pasado día 31 de marzo. Se trata de Humint y detrás de este proyecto encontramos a Ryoo Seung-wan, uno de los mejores directores de cine de acción asiáticos desde hace décadas.
El relato presenta a un agente surcoreano, Zo (Zo In-sung), cuya misión consiste en desmantelar una red de trata y narcotráfico en Vladivostok, región estratégica limítrofe entre Rusia, China y Corea del Norte. La película destaca por incorporar la figura de los “humint”, término derivado de “Human Intelligence” que designa a aquellas personas que proporcionan información clave a agencias de seguridad, habitualmente desde posiciones de alto riesgo.
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En el desarrollo de la historia, la conexión previa entre Park Geon (Park Jeong-min), agente norcoreano, y la informante Chae Seon-hwa (Shin Sae-Kyeong), representará un punto determinante en la evolución del conflicto.
Un doble juego de agentes secretos
La trama arranca con el fallido intento de Zo por salvar a una informante en Corea, que termina con la muerte de la mujer. Este fracaso personal impulsa al protagonista a viajar a Vladivostok, donde recurre a la colaboración de Chae Seon-hwa, una mujer atrapada en el circuito de explotación, para infiltrarse en la mafia local. Paralelamente, las sospechas de corrupción y tráfico de mujeres llevan a la inteligencia norcoreana a desplegar a Park Geon, quien comparte un pasado con Chae. Ambos agentes persiguen el mismo objetivo, aunque desde posturas enfrentadas.
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La primera mitad de Humint se estructura alrededor de un esquema clásico del cine de espionaje, con los protagonistas orbitando en torno a Chae mientras desconocen la implicación del otro. Simultáneamente, las organizaciones criminales rusas mantienen acuerdos con el consulado norcoreano, cuyo representante, Hwang Chi-sung, permite las actividades ilícitas a cambio de compensaciones económicas, lo que crea un tablero de alianzas cruzadas y traiciones, en el que Chae actúa como agente doble de todos los implicados.
La segunda parte de la película incrementa la intensidad: tras una sucesión de interrogatorios y persecuciones, el film se convierte en una larga secuencia de acción en la que los personajes principales y las fuerzas mafiosas rusas confluyen en un mismo escenario para un desenlace violento. La dirección de Ryoo Seung-wan logra un manejo preciso de la acción y la coreografía visual, como siempre ha demostrado desde sus inicios.
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Las dos Coreas en un intenso thriller
La caracterización de Zo, marcada por el deseo de redención tras su fracaso inicial, introduce en la trama elementos de sacrificio personal y una ‘subtrama’ romántica que atraviesa el metraje. La película aborda así no solo las tensiones diplomáticas y criminales entre las dos Coreas, sino también las alianzas forzadas que surgen frente a adversarios y estructuras corruptas.

El título Humint (abreviación en inglés para “inteligencia humana”) no tiene una traducción directa en coreano, pero en la película se utiliza para designar a espías y colaboradores infiltrados. Esta producción se considera la tercera parte de una trilogía no oficial de Ryoo Seung-wan, ambientada fuera de Corea, que incluye The Berlin File y Escape from Mogadishu.
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Humint premia a los espectadores pacientes con algunas de las mejores secuencias de acción “heroic bloodshed” de los últimos años. Y es que el director lleva años demostrando su valía, aunque sus películas no se han distribuido (en su mayoría), en nuestro país.
Ryoo Song-wan comenzó su carrera siendo uno de los protegidos ni más ni menos que de Park Chan-wook. Su debut en la dirección, Die Bad (2000), se convirtió en una obra de culto inmediata y redefinió el género criminal en su país de origen. Le seguirían las no menos icónicas No Blood No Tears (2002) y se hizo un hueco en el género de las artes marciales con Arahan (2004). Con el drama de boxeo Crying Fist, ganó el premio Fipresci el Festival de Cannes y con The City of Violence, Por encima de la ley (se vendieron más de 13,4 millones de entradas) y su secuela El ejecutor, terminaría coronándose convirtiéndose en el director más taquillero de Corea del Sur.
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