
El 13 de noviembre de 1992, un grupo de cuatro hombres neonazis entró a un edificio abandonado del barrio de Aravaca (Madrid) y disparó varias veces contra un grupo de dominicanos que se encontraban cenando allí. Entre ellos, se encontraba Lucrecia Pérez Matos, quien recibió dos disparos y falleció antes de llegar al hospital.
El asesinato de Lucrecia, una mujer que se ganaba la vida como trabajadora doméstica, conmocionó a la sociedad. Al mismo tiempo que se trataba de vincular su muerte con un asunto de drogas, se descubría que uno de los miembros del grupo que acabó con su vida era guardia civil. Así, el caso desató una ola de indignación, movilizó protestas y abrió un debate nacional sobre la violencia racial, la seguridad y la justicia, lo que resultó en el primer crimen reconocido judicialmente en España como motivado por racismo y xenofobia.
Que el primer episodio de la segunda temporada de Crímenes de odio, el pódcast del periodista e investigador Miquel Ramos, sea sobre la muerte de Lucrecia, no es casualidad. “Por aquel entonces”, recuerda, “España empezaba a ser víctima también de los discursos de odio racistas y de los bulos racistas. Y esto se explica muy bien en el episodio, de cómo lo que estamos viendo hoy todos los días ya sucedió en 1992 y terminó con el asesinato de Lucrecia”. De este modo, aunque su muerte ocurriera en el pasado, su historia apela, de la forma más directa posible, a nuestro presente.

La necesidad de continuar hablando sobre odio
Misoginia, racismo, homofobia, intolerancias religiosas... En Crímenes de odio, donde tienen cabida todas estas motivaciones detrás de los sucesos que se narran, el sentimiento que las genera es “un odio motivado, enseñado con unos objetivos y que va más allá de un sentimiento”. Miquel Ramos señala, así, que el odio es en realidad una estrategia política y cultural, para imponernos frente a un otro que nos asusta y que no entendemos del todo, la cual llevamos aprendiendo “desde hace siglos”.
Por eso, afirma el periodista que “no bastaba” con una primera temporada. “Esos diez primeros episodios me supieron a poco, en el sentido de que hay demasiadas historias por contar que explican muy bien la necesidad de combatir los discursos de odio”. No es para menos, si tenemos en cuenta el proyecto paralelo de Ramos de Crímenesdeodio.info, donde se encarga de documentar, junto al periodista David Bou, todos los homicidios y asesinatos ocurridos en España desde los años noventa con motivación de odio.
En este sentido, si la intención de él y de Bou con este proyecto es “registrar y mapear” el odio, el pódcast no se queda en el true crime al uso, sino que pretende servirse de las narraciones para “alertar sobre un fenómeno que en la actualidad sigue vigente y produce mucho daño”. “Hay un capítulo que dedico a todo el tema del terrorismo incel y hablo también de la violencia machista, que es uno de los problemas más graves, que lamentablemente no solo España, sino la sociedad en general”, afirma Ramos.

Sacudir la memoria contra la normalización de los discursos
En 2023, España alcanzó la máxima cifra nunca registrada de delitos de odio. Hablamos de agresiones, amenazas o discriminación; crímenes que en 2024 descendieron en comparación con el récord anterior, pero que siguen formando parte de la sociedad, como una consecuencia, para Ramos, de los discursos de odio en el espacio público. “Hay organizaciones, hay medios de comunicación, hay influencers que hacen del odio su modus vivendi. El odio es hoy en día una herramienta política muy rentable”.
Ramos advierte sobre la relación directa entre la proliferación de mensajes de extrema derecha y el aumento de agresiones y asesinatos con motivación racista, machista o LGBTfóbica. “Si tú normalizas esos discursos, es normal que haya gente que crea que odiar es una opción más... y que está bien”. En este sentido, Ramos considera que la sociedad debería “hacer mucha pedagogía sobre qué es el odio, qué son los discursos de odio”, al mismo tiempo que procurar una mayor justicia social de cara a reducirlo.
Además, Miquel Ramos destaca la importancia de dar visibilidad a “los nombres propios”: víctimas históricamente ignoradas y de utilizar el pódcast como herramienta para “sacudir un poco la memoria”. Por eso, con cada caso, Crímenes de odio busca abrir el foco y mostrar hasta qué punto el desprecio por la identidad de las personas, y los discursos que legitiman ese desprecio, pueden atravesar diferentes realidades y colectivos.
“Queremos mostrar las consecuencias de todo esto”, insiste. “No es solo que pasó esto y ya está, y qué pena, sino que pasó esto, la sociedad reaccionó así, los políticos reaccionaron así, los medios de comunicación reaccionaron así. ¿Qué hemos aprendido en todo esto?”
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